Bayly reflexiona sobre rupturas: exesposa y exnovio lo rechazan tras revelaciones literarias
Bayly: exesposa y exnovio lo rechazan tras revelaciones

Un escritor enfrenta el rechazo de sus exparejas tras revelaciones íntimas

El reconocido escritor y periodista peruano Jaime Bayly ha abierto su corazón para compartir una experiencia personal profundamente dolorosa. Esta semana, tanto su exesposa como su exnovio celebraron sus cumpleaños el mismo día, un quince de abril, ella cumpliendo cincuenta y ocho años y él cuarenta y ocho. Atravesado por las dudas, que es como suele sobrevivir, Bayly les escribió breves y sentidos correos electrónicos para saludarlos por sus aniversarios. Sin embargo, como era de suponer, no recibió respuesta alguna.

El peso de las palabras publicadas

Ambas figuras eligieron rencorosamente no agradecerle porque no lo consideran un exesposo o un exnovio convertido en buen amigo. La verdad es que me ven como un enemigo, confiesa Bayly. Me he ganado a pulso esa hostilidad. Reconoce haberse portado mal con ella y con él, aunque ahora mismo no recuerda todos los detalles. Ha escrito cosas sobre ellos, o contra ellos, que no debió publicar, refiriéndose no solo a novelas, sino también a columnas periodísticas que, en su caso, son novelas por entregas, novelas que nadie le paga y casi nadie lee.

A su exesposa, una empresaria hotelera, le rindió un homenaje tardío e incomprendido con la novela El huracán lleva tu nombre. No obstante, a ella le disgustó verse desdibujada literariamente y, desde entonces, lo consideró un soplón y un felón, alguien que no sabía guardar secretos, un asaltante de la intimidad, un pirata que saltaba de cama en cama. A su exnovio argentino, escritor de revistas de modas, le dedicó unas líneas melancólicas en El canalla sentimental y, tiempo después, ciertos pasajes amargos y despechados en El niño terrible y la escritora maldita.

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Las razones detrás de las rupturas

Bayly podría intentar salvar el honor afirmando que él dejó a su exesposa y, años más tarde, rompió con su exnovio. Pero mentiría. Así no ocurrieron las cosas. Su exesposa se hartó de él, lo abandonó y se marchó con sus dos hijas a la ciudad del polvo y la niebla, a cinco horas en avión desde la isla en que vivían; la misma isla donde, por pura pereza, Bayly elige seguir viviendo. El argumento que esgrimió para dejarlo fue demoledor: Eres un pésimo amante, el peor amante que he tenido.

Le espetó esa acusación porque, después de amarse, Bayly a veces rompía a llorar y le decía que, además de estar con ella, quería enredarse con un hombre incierto e imaginario, un hombre que le procurase placeres innombrables que ella no podía darle. Comprensiblemente hastiada de él, incapaz de competir con un amante fantasmagórico, se rindió, lo dejó, se alejó y se enamoró bien pronto de un francés ricachón, jugador de polo y alcohólico sin culpa, que supo amarla como ella merecía.

Por su parte, su exnovio argentino, escritor y coleccionista de revistas de modas, le fue infiel muchas veces, sin que Bayly se enterase. Él también le fue infiel, pero una sola vez, y no con otro hombre, sino con una librera y escritora argentina. Cuando se lo confesó, su exnovio soltó una carcajada, opinó que esa joven afiebrada por los libros no le parecía atractiva y sentenció: Pensé que ya no te gustaban las mujeres.

Infidelidades y revelaciones dolorosas

Entretanto, su exnovio, que viajaba a menudo como escritor de revistas de modas para entrevistar a grandes personajes del arte y el espectáculo, se acostaba discretamente con otros hombres, algunos de ellos amigos de Bayly, que él mismo le había presentado, pero no se lo decía y juraba que le era fiel. En Madrid tuvo intimidad con un famoso presentador de televisión, heraldo del cotilleo, de baja estatura y gafas coloridas, al que, no se sabe por qué, llamaba El Tomate. En Barcelona se enredó con un escritor venezolano, personaje de las televisiones, casado con español, a quien apodaba La Guacamaya, por su manera estridente de hablar.

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En Santiago de Chile encontró consuelo en un novelista talentoso que Bayly le había presentado en los cines del Abasto de Buenos Aires, a quien su exnovio aludía afectuosamente como Buena Onda, y en los bosques de Zapallar vivió un romance con un escritor refinado y huidizo al que describía como El Jardinero. Por si fuera poco, en Lima, ciudad natal de Bayly, se revolcó con uno de sus enemigos, un periodista acerbo y punzante, alias Anzuelo, y ambos, desnudos y elevados por el cannabis, hicieron escarnio de él, diciendo que era un amante desastroso.

Bayly vino a enterarse de todos esos secretos cuando su exnovio le anunció por teléfono, él desde Buenos Aires y Bayly de paso por Bogotá, que no quería verlo más, o que necesitaba dejar de verlo un tiempo largo. Se quedó helado. No sabía que le había sido infiel, tantas veces infiel. Le preguntó por qué lo dejaba. Respondió lacónicamente: Porque ya no me calentás. Le preguntó si se había enamorado de otro hombre. Respondió: No, pero me gusta coger con otros chabones.

Consecuencias y reflexiones finales

Furioso y despechado, Bayly se rebajó a escribir una diatriba contra él, que publicó en un diario español. Después de leerla, su exnovio le escribió un correo largo, desalmado y brutal, contándole, una a una y sin ahorrarse detalles, todas las infidelidades que le había escondido. En represalia, Bayly le pidió que se marchase del apartamento que compartían cuando él visitaba Buenos Aires. No puso objeciones a retirarse ni alegó que la propiedad le correspondía. Tiempo después, la vendió, convertida en museo del desamor.

Ahora Bayly piensa que su exnovio se hartó de él y lo abandonó por la misma razón que alegó, hastiada, su exesposa, es decir, porque era un pésimo amante, un amante distraído, desganado, apático, pasivo, sin bríos ni fuelle para agitarse, bobo, lento como una tortuga, que no sabía coger, prefería seguir leyendo y se revelaba indispuesto para machucar y pisar con destreza erótica a su pareja. Podría decir entonces que no lo dejaron por razones sentimentales, sino por unas de índole sexual.

Lo que no estaba en sus planes era que su exesposa se hiciera amiga de su exnovio. Ahora ambos lo detestan, no quieren verlo, y sin embargo son amigos. No se ven con demasiada frecuencia, menos mal, pero si ella pasa por Buenos Aires, salen a cenar, y si él viaja a Lima y a Cusco, pagado por sus revistas para escribir reportajes sobre los encantos de esas ciudades, ella le ofrece las mejores suites de sus hoteles a tarifas rebajadas.

Recientemente, una de sus hijas se casó en una fiesta fabulosa y fue allí donde Bayly se encontró con su exesposa, quien lucía espléndida y rejuvenecida, tanto que parecía hermana de su hija. Se alegró de verla contenta, orgullosa de sus hijas y exitosa en sus emprendimientos hoteleros. Se emocionó al besar sus mejillas al saludarse y lloró como una señora mayor cuando su hija prometió amar a su novio. Luego su exesposa le pidió que se acercase para hacerse una foto con sus hijas y el novio. Dudó. Le dijo: Voy a afear la foto. Ella sonrió y le dijo: No te preocupes, después cortamos la foto donde sales tú.

Se rio de buena gana, aunque sintió que, de nuevo, ella, con buen juicio, se alejaba de él, prescindía de él, lo borraba de la foto. Por supuesto, tuvo la delicadeza de no preguntarle por su novio francés, quien, según le contaron, se encontraba internado en rehabilitación, tratando de alejarlo de las bebidas espirituosas. Tenía miedo de que ella le dijera: Tú también deberías internarte para dejar las pastillas. Pues no. No dejará las pastillas. Morirá dopado, convenientemente dopado, y, con suerte, sin darse cuenta.

En cuanto a su exnovio, fue un alivio que no estuviera en la fiesta, invitado por su exesposa. Supo por sus hijas que él está escribiendo una novela inspirada en su agitada vida amorosa, incluyendo el tiempo que perdió con Bayly; qué miedo. Aquella noche, después de la fiesta, alojado en un hotel cómodo aunque no lujoso, pues su exesposa no le ofreció sus hoteles señoriales a precios rebajados, tuvo que duplicar su dosis habitual de pastillas, porque una idea persistente e insidiosa le impedía conciliar el sueño: su exesposa y su exnovio se arrepienten del tiempo que perdieron con él.