Bazurto es el corazón pujante que alimenta a Cartagena. Tiene problemas, claro: el caos normalizado, la insalubridad, la congestión y el abandono no pueden negarse. Pero no es una vergüenza para esconder, ni un estorbo borrable con una orden ejecutiva de traslado. Allí, entre madrugadas, calor, carga, ruido y esperanza, cientos de familias ganan el pan con trabajo honrado. Cada puesto guarda una historia de vida que permite sostener hogares.
Traslado: una medida simplista
Trasladar el mercado como estrategia para atender sus problemas suena bien para calmar ánimos. En realidad, es otra medida simplista y apresurada. Es la salida fácil y, al tiempo, la más injusta. Muchos trabajadores viven en sus alrededores. Alejarlos aumentaría gastos, rompería clientelas construidas durante años y pondría en riesgo ingresos ya frágiles.
Transformación con dignidad
Lo correcto no es arrancar a Bazurto de su sitio, sino transformarlo con dignidad. El sitio necesita puestos limpios y organizados, espacio público, baños en buen estado, manejo serio de residuos, zonas de carga, circulación ordenada, recuperación de la Avenida del Lago y alivio real para la Avenida Pedro de Heredia. Nadie merece vender alimentos entre desperdicios, malos olores y desidia. Los compradores también requieren una experiencia distinta.
Mesa de trabajo permanente
El Distrito debería articular una mesa permanente de trabajo con las fuerzas vivas de Bazurto, junto con responsables de movilidad, salud pública, ambiente, recolección de basuras, turismo, academia, comerciantes, vendedores informales y vecinos. De allí debe surgir un plan de manejo serio, gradual y cumplible, con responsabilidades, fechas y recursos. No basta anunciar grandes obras mientras el ombligo urbano continúa igual, como si aún viviéramos décadas atrás.
Inspiración en otros mercados
Una administración con visión escucha a quienes conocen el mercado desde adentro. Esa mesa también debería permitir que representantes de Bazurto conozcan mercados latinoamericanos ubicados en el corazón de sus ciudades, limpios, vivos, ordenados y con un impacto turístico envidiable. No para copiar modelos ajenos, sino para comprobar que la transformación resulta posible.
Bazurto: orgullo ciudadano
Bazurto puede convertirse en punto obligado para quienes visiten Cartagena, un lugar de alimentos y sabores, cultura, arte, economía circular y orgullo ciudadano. También podría integrarse a grandes apuestas de ciudad, como el teleférico y una estación del metro elevado; pero nada ocurrirá sin inversión, autoridad, sensibilidad social y respeto por quienes lo han mantenido latiendo con fuerza.



