El legado eterno de Beatriz González aterriza en el corazón de Londres
Tras su partida física el pasado 9 de enero, el espíritu creativo de Beatriz González encuentra un nuevo hogar en una de las capitales culturales más importantes del mundo. Este miércoles 25 de febrero, la Barbican Art Gallery de Londres inaugura con gran expectativa la que se ha convertido en la primera gran retrospectiva póstuma de la maestra colombiana, marcando un hito fundamental para la difusión del arte latinoamericano en Europa.
Una mirada que transforma el dolor en arte imperecedero
La muestra no ha pasado desapercibida para la crítica especializada del continente europeo. Alastair Sooke, director de crítica de arte de The Telegraph, ha calificado la exhibición como una experiencia que "abre los ojos de par en par", ofreciendo perspectivas frescas y profundamente conmovedoras sobre la dialéctica entre la vida y la muerte en nuestra era contemporánea. Lo que superficialmente podría confundirse con Pop Art por sus formas gráficas planas y colores eléctricos, se revela ante el espectador atento como un lamento visual por las víctimas de la violencia que ha marcado la historia colombiana.
La subversión como lenguaje artístico
La retrospectiva comienza desafiando audazmente las jerarquías establecidas del arte occidental. Entre las paredes del prestigioso Barbican, destaca especialmente esa Mona Lisa de piel naranja incrustada en un perchero común, una pieza que la crítica británica ha recibido como un golpe magistral a la mirada masculina tradicional. Pero quizás lo más irreverente para el público inglés sean sus retratos de Isabel II, donde la artista pintó a la fallecida reina con un tono rosa salmón que la asemeja a una turista sofocada en el Caribe, utilizando el color como herramienta de sátira social.
La crónica visual de un país
La obra de Beatriz González nunca tuvo contemplaciones con el poder establecido. En la muestra londinense, cuadros emblemáticos como "Señor Presidente, qué honor estar con usted en este momento histórico" (1987) presentan a figuras como Belisario Betancur y sus generales transformados en seres con ojos reptilianos y pieles verde cocodrilo, creando lo que la crítica ha denominado "la estética de la náusea política". Sin embargo, el verdadero quiebre en su trayectoria llegó en los años 90, cuando abandonó la sátira de gobernantes para enfocarse en el rostro del dolor colectivo.
El giro hacia las víctimas silenciosas
Su paleta experimentó una transformación radical, cambiando los colores ácidos por tonos crepusculares como borgoñas, mostazas y verdes botella, dedicados a retratar a las madres y esposas que buscaban a sus desaparecidos. El conmovedor "Autorretrato desnuda y llorando" (1997), con su piel teñida de un azul espectral, se erige en la sala como la síntesis perfecta de su filosofía creativa: "El arte dice cosas que la historia no puede".
Cinco obras fundamentales que definen su legado
Para comprender la profundidad de esta retrospectiva, es esencial conocer las piezas que trazan el arco narrativo y estético de Beatriz González:
- Los suicidas del Sisga (1965) - La pieza fundacional que estableció su gramática visual con figuras planas y colores que impactan directamente al espectador.
- La Mona Lisa en un perchero - Una apropiación subversiva que desafía las jerarquías del arte occidental y el concepto de "buen gusto".
- África Adiós (1968) - El retrato irónico de Isabel II que anticipa su genialidad para la sátira social mediante el uso estratégico del color.
- Señor presidente, qué honor estar con usted en este momento histórico (1987) - La representación del poder político como monstruosidad visual.
- Autorretrato desnuda llorando (1997) - La encarnación del dolor universal de las mujeres afectadas por la violencia.
Un estilo deliberadamente "torpe" que conquista Londres
Aunque en su momento algunos sectores criticaron su técnica como simplista o "torpe", la mirada especializada de Londres celebra hoy ese estilo faux-naïf (falso ingenuo) como una decisión brillante y deliberada para minar la cultura visual kitsch. Beatriz González nos legó una arquitectura completa del pensamiento artístico, desempeñándose no solo como pintora, sino también como curadora, historiadora y guardiana de esas "Auras Anónimas" que hoy cubren los columbarios de Bogotá.
Al final del recorrido en el Barbican, el papel de colgadura evoca precisamente ese cementerio metafórico que la artista ayudó a construir. Aunque físicamente ya no está entre nosotros, su capacidad única para transformar la tragedia colectiva en imágenes eternas continúa abriendo los ojos del mundo, confirmando que su legado trasciende fronteras y generaciones.