Un segundo que cambió el destino: del ataque en Ucrania a la nominación al Óscar
Mientras Hollywood anunciaba las nominaciones para los Premios Óscar 2026, Juan Arredondo impartía su clase de periodismo en un aula universitaria. El cineasta y fotoperiodista colombo-estadounidense descubrió horas después que su documental "Armado solo con una cámara: La vida y muerte de Brent Renaud" competiría por la estatuilla al Mejor Cortometraje Documental.
"Sentimos un alivio inmenso", confiesa Arredondo. "En diciembre entramos en la lista de finalistas, pero solo al ver la nominación oficial nos dijimos: '¿Será que sí podemos soñar?'". Sin embargo, este sueño cinematográfico lleva el peso del duelo más profundo.
La tragedia que originó el documental
La obra no nació de la ambición artística, sino de la necesidad visceral de gestionar la ausencia. El 13 de marzo de 2022, Brent Renaud, mejor amigo y colega de Arredondo, fue abatido por fuerzas rusas en Irpin, Ucrania. Juan estaba junto a él, literalmente a su lado.
"Nunca nos imaginamos estar en esta posición. Esa no era la intención", aclara el cineasta. Codirigida junto a Craig Renaud, hermano de Brent, la cinta es el resultado de tres años de un proceso creativo que funcionó como rehabilitación emocional y física.
Mientras Arredondo aprendía a caminar nuevamente luego de múltiples cirugías por las heridas recibidas en aquel ataque, también aprendía a narrar la ausencia de su compañero. Con el respaldo de HBO, que respetó sus tiempos sin imponer los del mercado, regresó a Ucrania para cerrar el círculo del trauma.
El segundo que definió la supervivencia
En una revelación conmovedora, Arredondo reduce el destino a una decisión trivial tomada dentro de un vehículo en Irpin: "A veces lo resumo a ese segundo en que le dije: '¿Me voy atrás o me voy adelante?'. Y dije: 'No, yo me voy adelante', y él se sentó atrás".
Hace una pausa, consciente de la brutal aritmética del azar. "Si esos puestos se hubieran cambiado, yo no estaría aquí hablando contigo". Esta reflexión lo sumerge en el síndrome del sobreviviente, esa culpa sorda que cuestiona por qué la metralla elige a uno y perdona al otro.
Desmitificando al corresponsal de guerra
Quizás el mayor logro cultural del documental sea la desmitificación de la figura del corresponsal de guerra. El cliché del aventurero lleno de adrenalina queda atrás para mostrar a un Brent Renaud neurodivergente.
"A la gente le sorprendería saber que Brent era autista, diagnosticado con Asperger", revela Juan. En su vida diaria tenía ansiedad social y "luchaba mucho con eso en las fiestas", pero en el frente de guerra "podía estar tranquilo como un monje".
Esa capacidad de enfoque absoluto, esa disciplina para mirar donde otros apartan la vista, es el legado que la película preserva. Arredondo encuentra las raíces de su propia templanza en su educación colombiana.
La escuela colombiana del periodismo
Criado en la Colombia de los años 80 y 90, su educación ocurrió bajo la sombra del narcotráfico y el conflicto armado. "Yo me crié con el noticiero en la radio antes de ir al colegio. En mi casa se almorzaba viendo noticias".
Esa normalización de la violencia en su tierra natal no lo insensibilizó; al contrario, le otorgó una curiosidad urgente. "No estamos cortos de historias en Colombia", afirma. Esa escuela vital le permitió, años después, mirar a los ojos a las víctimas en África o Ucrania y reconocer en ellas el dolor de su propia gente.
La alfombra roja como plataforma política
De cara a la ceremonia de 2026, Juan Arredondo tiene claro que la alfombra roja es, ante todo, una plataforma política. "Nosotros incomodamos al poder. Hay gente que quiere borrar la memoria de los conflictos", sentencia.
Cita las cifras alarmantes de periodistas asesinados y encarcelados según el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ). Desde los colegas silenciados en México hasta los exiliados de Venezuela, Arredondo lleva consigo sus nombres como recordatorio de la lucha por la libertad de prensa.
El preocupante panorama en Colombia
Colombia atraviesa una regresión alarmante en materia de libertades informativas. Según advierte la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), la violencia contra el periodismo ha mutado: el enemigo ya no es únicamente el Estado o un gran cartel hegemónico, sino una constelación de grupos criminales atomizados que imponen su ley en los territorios.
Esta fragmentación del conflicto derivó en un aumento notable de la violencia, cerrando el 2024 con más de 530 agresiones a la prensa, una cifra que supera los 470 casos del año anterior y que evidencia la vulnerabilidad de quienes informan desde las regiones.
El costo humano de esta ofensiva sigue siendo letal. Durante 2024, tres comunicadores perdieron la vida por su labor, entre ellos Mardonio Mejía en Sucre y el veedor ciudadano Jaime Vásquez en Cúcuta, asesinado en una zona de frontera crítica.
La tendencia no se detuvo al cambiar el calendario: el 2025 inició con el homicidio de Óscar Gómez y el registro de amenazas activas contra más de 50 periodistas, manteniendo al gremio en un estado de alerta permanente.
El éxodo silencioso de los periodistas
El dato más inquietante radica en el destierro. Validando las preocupaciones de Juan Arredondo sobre el exilio, el desplazamiento forzado de periodistas en Colombia se disparó un 900% entre 2023 y 2024, pasando de dos casos aislados a veinte reportes confirmados.
Este éxodo silencioso está convirtiendo a departamentos como Arauca, Caquetá y Norte de Santander en "agujeros negros" informativos, zonas donde la autocensura es la única garantía de supervivencia.
El panorama hemisférico de la censura
La situación no es más alentadora en el resto del hemisferio. Mientras México se mantuvo en 2025 como el país más mortífero de la región con nueve periodistas asesinados y una impunidad casi absoluta, en Centroamérica y Venezuela opera otra lógica: el "silencio jurídico".
En naciones como Nicaragua, Guatemala y Venezuela, la persecución judicial y encarcelamientos emblemáticos, como el de José Rubén Zamora, han obligado a redacciones enteras a operar desde el extranjero, consolidando al exilio como la nueva sala de redacción latinoamericana.
Para Juan Arredondo, cada fotograma de su documental nominado al Óscar es un testimonio de resistencia. "Perdí un amigo, pero gané un hermano en Craig", dice sobre el proceso de edición con el hermano de Brent. Una sala oscura donde ambos diseccionaron horas de metraje para encontrar la vida entre tanta muerte, honrando así la memoria de quienes arriesgan todo para contar la verdad.
