Cartas del diablo a su sobrino: una joya literaria de C.S. Lewis
Cartas del diablo a su sobrino: joya de C.S. Lewis

El diablo, como león rugiente, busca a quien devorar, según la advertencia bíblica. Esta imagen cobró vida en la pasada Feria del Libro de Bogotá, donde se rindió un modesto pero legítimo homenaje a la obra de C.S. Lewis, un grande de la literatura. La editorial HarperCollins, que publica la obra del genial escritor británico también en español, trajo al nuevo ilustrador de las famosas Crónicas de Narnia, Owen Richardson. Fue esperanzador ver llegar al salón de la charla a una apreciable cantidad de niños de la mano de sus padres, sosteniendo contra su pecho un ejemplar de la memorable saga.

Una obra breve pero no menor

En esta ocasión, me referiré a una obra breve pero no menor de Lewis: 'Cartas del diablo a su sobrino', publicada en español por el Grupo Nelson con el sugestivo subtítulo 'Lo que el enemigo no quiere que sepas'. Este libro es una joya. La mejor estrategia del diablo, según Lewis, es persuadirnos de que no existe. El autor muestra que la estratagema de Escrutopo (el diablo) en sus consejos a Orugario (su sobrino) es la mentira.

En una de las treinta cartas, Escrutopo señala: 'Tu hombre se ha acostumbrado, desde que era un muchacho, a tener dentro de su cabeza, bailoteando juntas, una docena de filosofías incompatibles. Él no piensa, ante todo, si las doctrinas son ciertas o falsas, sino si son académicas o prácticas, anticuadas o contemporáneas, convencionales o implacables. La jerga, no la argumentación, es tu mejor aliado'. Y enfatiza: 'Recuerda que estás ahí para confundirlo; por cómo hablan algunos de ustedes, demonios jóvenes, cualquiera creería que nuestro trabajo consiste en enseñar'.

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Dedicado a J.R.R. Tolkien

'Cartas del diablo a su sobrino' está dedicado a J.R.R. Tolkien, colega y amigo personal de Lewis, con quien sostuvo profundas conversaciones y controversias sobre cómo mostrar la verdad de las Escrituras en sus obras literarias. Lewis no tenía inconveniente en confesar a Dios en sus libros, mientras Tolkien prefería no ser explícito.

En la FilBo, conversé con el historiador chileno Juan Tomás Widow, joven pero versado, profundo conocedor de la obra de ambos autores británicos. 'Muchos jóvenes buscamos hoy cuestiones que nos llenen el corazón y nos hagan sentir plenos', me dijo. Hablamos de la plenitud de la fe en un mundo racionalizado. 'Uno lee Narnia y parece que Dios está en el texto, casi mencionado en las hojas; con Tolkien es diferente, pero Dios también está ahí. Incluso él dice que no habría terminado El Señor de los Anillos si no fuera por Lewis. Los dos hicieron arte para creyentes y no creyentes'.

Widow aventura que si Lewis viviera, haría una secuela de 'Cartas del diablo a su sobrino', pues plantea asuntos de tremenda actualidad. 'Estamos en un combate espiritual, y aunque mucha gente no lo quiera ver por odio a lo religioso o ignorancia, estamos en un conflicto entre el bien y el mal, en un mundo lleno de monumentos a la fealdad. Es necesario recuperar una visión estética, agradecida y asombrada de la belleza. Estos autores levantaron la mirada en una Europa triste y dolida y apostaron por cosas grandes'.

La vigencia de la obra

Coincido con Widow en que hoy hace falta en la literatura volver a apostar por esta clase de libros. Martín Lutero tenía razón al sentenciar que al diablo también se le combate con tinta. En las cartas, Lewis escribe: 'El mero hecho de razonar despeja la mente del paciente, y una vez despierta su razón, ¿quién puede prever el resultado? Enséñalo a llamarle vida real y no lo dejes que se pregunte qué entiende por real'.

En tiempos electorales, hay que estar alerta para no dejarse engañar, como sucede en otra obra de Lewis, 'El gran divorcio', donde los pasajeros de un bus creen ir al cielo, pero en realidad transitan un camino de espinas que no los deja ver sus maldades y defectos.

La edición de 'Cartas del diablo a su sobrino' en español incluye un prólogo de Lewis y citas de dos grandes hombres de fe: Lutero: 'La mejor forma de expulsar al diablo, si no se rinde ante el texto de las Escrituras, es mofarse y no hacerle caso'; y Tomás Moro: 'El diablo… espíritu orgulloso… no puede aguantar que se burlen de él'.

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