Catalina Duque Abréu: la reina 'nerda' que rompió maldiciones y sueña con un Óscar
Catalina Duque: la reina que rompió maldiciones y sueña con Óscar

Catalina Duque Abréu: la reina que desafió estereotipos y rompió maldiciones históricas

La trayectoria de Catalina Duque Abréu dista mucho del guion convencional de una aspirante a reinado. Su relato personal se nutre más de bibliotecas que de pasarelas, y se fundamenta más en estrategia que en vanidad. Antes de convertirse en la mujer que quebró sequías de décadas para Antioquia y Colombia en certámenes de belleza, Catalina era una ejecutiva en el sector del cemento, una apasionada de los modelos de Naciones Unidas y una estudiante dedicada al rigor académico.

De ejecutiva corporativa a Miss International

Catalina misma lo reconoce con una sonrisa desarmante: "Yo siento que 'la reina' existe 100 % gracias a Catalina, aunque en Catalina, en verdad, hay muy poco de reina". Esta confesión marca la primera gran revelación de una mujer que ha navegado entre tacones y "ñoñería" académica con sorprendente naturalidad. Aunque creció viendo reinados con su familia, nunca se proyectó en ese mundo: "Yo nunca me he sentido la mujer más linda del mundo. Siempre me he sentido la más querida, la más bacana, la más inteligente, la más capaz... pero por eso nunca lo vi como una meta ni un sueño".

Sin embargo, cuando surgió la oportunidad de representar a su departamento, una voz interna le ordenó aceptar el desafío: "Donde diga que no, me voy a arrepentir por siempre porque siempre va a quedar ese '¿qué pudo haber sido?'". Así comenzó la crónica de la reina "rompemaldiciones", conquistando el título de Señorita Colombia para Antioquia tras 28 años de sequía y el de Miss International para Colombia después de 21 años.

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La dualidad que define su esencia

Catalina es una mujer de contrastes que se complementan armoniosamente. Se autodefine como una "nerda" extrovertida, una profesional corporativa que trabajó en Cementos Argos y que, repentinamente, se encontró bajo los reflectores internacionales. Tras la banda de Miss International, habita un espíritu libre que busca silencio y conexión con la naturaleza: "Me encanta la naturaleza, soy superhippie... cuando estoy estresada inmediatamente lo que yo hago es: quiero estar en la naturaleza, quiero escuchar los pájaros, me quiero relajar".

Esta necesidad de desconexión digital para conectar con lo humano es lo que la distingue. Para Catalina, ser reina es un canal, no una identidad inamovible: "Es simplemente mostrar a Catalina, sea a quien sea y como llegue físicamente; entaconada, en tenis, arreglada o en pijama que en el segundo en el que yo abro la boca y me acerco a alguien a saludarlo, sé que ahí se desbaratan un montón de percepciones".

La corona de fomi que transformó su propósito

El verdadero significado de su reinado se materializó con una pequeña corona de fomi que guarda como tesoro. Durante una visita al Hospital Pablo Tobón Uribe en Medellín, un niño en lucha contra una enfermedad terminal la coronó con sus propias manos. "Esa corona la llevé conmigo todo este tiempo en Cartagena y me la llevé a Japón, la tenía en mi mesa de noche para acordarme: ¿yo por qué estoy acá? Por esto. Esto es una reina de verdad, una reina es de la gente, del servicio social".

Este encuentro transformó su visión sobre el impacto de su voz. No se trata solo de fotografías perfectas, sino de comprender realidades dolorosas como las de Tierrabomba, donde la falta de acueducto marca la vida de los niños que la recibieron en la Fundación Dones de Misericordia.

Empoderamiento femenino como práctica cotidiana

Para Catalina, el empoderamiento femenino no es un eslogan de redes sociales, sino una práctica de campo. Su filosofía es clara: "Cuando gano, me aseguro de que estoy ganando junto a las mejores, de que todas estemos en el pico. ¿Qué necesitas? ¿Con qué te ayudo? Porque nada más tranquilo y más bueno que una mujer que en verdad apoya a la otra".

Catalina cree en el poder de las acciones mínimas pero significativas, como un elogio sincero a una mujer desconocida. "Son bobaditas en el día a día de nuestras acciones y cómo nos comportamos con el entorno que nos rodea las que hacen la diferencia". También abraza la vulnerabilidad, reconociendo que ha enfrentado momentos difíciles, semanas grises y miedos profundos.

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Un futuro que incluye sueños dorados

¿Qué viene después de la corona? Catalina se prepara para viajar a Nigeria, Indonesia y Perú, con la curiosidad de empaparse de otras culturas. Pero en su horizonte hay un sueño que ella llama "loco": "En unos años me verán recibiendo mi Óscar. Yo sé, lo tengo decretado, lo tengo claro que eso va a pasar. La cosa es que no tengo ni idea cómo porque claramente no actúo ni he actuado, pero yo siento que desde chiquita he tenido ese llamado".

Ese posible Óscar sería solo otra plataforma para su misión de vida: ayudar a Colombia. Catalina espera que su legado sea recordado por la huella emocional que deja en los demás: "Espero que sea lo que sea que haga, que siempre tenga propósito e impacte a la gente positivamente y que lo último que la gente recuerde de Catalina no sea cómo se vio por fuera, sino más bien cómo los hizo sentir".

Al entregar su banda en noviembre en Miss International, se cerrará un ciclo que nunca buscó pero que habitó con integridad luminosa. Catalina Duque Abréu se despedirá entonces de su faceta como reina para abrazar completamente su esencia de comunicadora, ya palpable en su pódcast "The Golden Club" y en las páginas de su libro "La reina dorada". Seguirá siendo esa mujer que, con los pies en la tierra y la mirada en los sueños, comprende que la verdadera corona no es la que brilla sobre la cabeza, sino la que se entrega en cada acto de bondad cotidiana.