La compersión: más allá de la no monogamia, una emoción que desafía el amor romántico
Compersión: emoción que va más allá de la no monogamia

La compersión: una emoción compleja en una cultura de exclusividad

En una sociedad que aún asocia el amor con exclusividad, entrega total y la expectativa de que la pareja debe llenar todos los vacíos emocionales, dinámicas como la compersión pueden resultar incómodas o incluso amenazantes. Este concepto suele emerger en conversaciones sobre poliamor, no monogamia y nuevas formas de entender los vínculos, frecuentemente envuelto en una mezcla de curiosidad, rechazo y confusión. Fundamentalmente, toca una fibra sensible: la idea de que amar también podría implicar alegrarse genuinamente por la felicidad del otro, incluso cuando esa felicidad no gira en torno a uno mismo.

¿Qué es realmente la compersión?

Alejandro Bohórquez, psicólogo y especialista en sexualidad de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, propone una definición más amplia que la comúnmente circulada. "La compersión no tiene que ver nada más con el hecho de que yo sea feliz porque mi pareja tenga otra pareja", explica. "La compersión es más un estado emocional de alegría y de felicidad cuando uno ve que alguien que me importa también es feliz", ya sea en una relación de pareja, familia o amistad. Esta perspectiva ayuda a despejar la confusión que a menudo surge al equiparar compersión con empatía. Bohórquez lo distingue claramente: "la empatía es entender y comprender, mientras que la compersión es el sentimiento real".

Esta noción se alinea con lo que el Greater Good Science Center, centro de la Universidad de California, Berkeley dedicado al estudio del bienestar, denomina "alegría simpática", "alegría empática" o "empatía positiva". En sus publicaciones, la resumen como "la bondad pura que sentimos cuando algo bueno le sucede a otra persona". Esta precisión es crucial, ya que permite expandir el concepto más allá de una lectura limitada al ámbito sexoafectivo, reconociendo que la emoción subyacente puede manifestarse en diversos contextos relacionales.

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El desafío al amor romántico y la exclusividad

La incomodidad asociada a la compersión surge cuando choca con expectativas profundamente arraigadas, como la creencia de que la pareja debería ser suficiente para todo. Bohórquez describe esta tensión: "En mi experiencia personal y también terapéutica, es demasiado incómodo y molesto, porque se piensa desde la exclusividad, desde la idea del mito del amor romántico o el mito del amor Disney". Es decir, la noción de que uno debe ser quien provea toda la emocionalidad dentro de la pareja. Aquí, el concepto trasciende lo anecdótico y plantea una pregunta incómoda: ¿qué tan preparados estamos para aceptar que una persona amada también necesita amigos, familia, otras redes de apoyo y formas de felicidad que no nos tengan en el centro?

Bohórquez añade: "A veces cuesta, desde la exclusividad, entender que uno necesita la relación con los amigos, con la familia; que uno puede ser feliz con ellos y es complejo que uno realmente entienda que la persona que uno estima, que uno valora, también merece eso". Este enfoque subraya que la compersión no es simplemente lo opuesto a los celos, como a menudo se presenta erróneamente.

No es el reverso automático de los celos

Uno de los errores más comunes es conceptualizar la compersión como el antónimo directo de los celos. En Psychology Today, el portal de divulgación sobre psicología y comportamiento humano, el doctor en psicología Robert P. Burriss cuestiona esta interpretación: "Conceptualizar la compersión como lo opuesto a los celos probablemente no sea útil". Bohórquez coincide, enfatizando que esta emoción no surge por decreto ni por un deseo de parecer más evolucionado afectivamente. Para que exista de forma genuina, es vital el estado emocional desde el que se vive la relación.

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"El apego, la autoestima, los límites, la seguridad emocional, la inteligencia emocional, la gestión, la responsabilidad emocional son vitales", afirma Bohórquez. "Ayudan a entender por qué siento lo que siento y por qué hago lo que hago". El Greater Good Science Center también baja esta idea a un terreno menos idealizado, recordando que emociones como el miedo, celos, envidia, estrés y resentimiento pueden bloquear la posibilidad de experimentar compersión.

Cuando parece compersión, pero no lo es

Una de las contribuciones más valiosas del enfoque de Bohórquez es su rechazo a romantizar el concepto. Aceptar una dinámica por miedo a perder a alguien, por temor a la soledad o para evitar conflictos no equivale a sentir compersión genuina. "Si mi autoestima no es la mejor, si no tengo claros mis límites y de alguna forma tampoco me siento seguro en la dinámica que yo tengo, pero simplemente expreso esta idea por no sentirme solo o por no perder esa dinámica, pues me estoy afectando mucho y realmente no estoy experimentando la compersión", advierte.

La diferencia radica en la tranquilidad emocional. "Si yo no me siento tranquilo, me genera simplemente una desconexión con la idea que tengo de mi emocionalidad, pues eso no es sano, y ahí no hablamos de compersión, simplemente estamos hablando de evitación". Este punto es crucial, especialmente cuando el tema se cruza con acuerdos sexuales o afectivos no exclusivos. No toda aceptación implica apertura genuina, no toda flexibilidad denota seguridad, y no toda aparente calma equivale a bienestar.

Una emoción que requiere alfabetización emocional

Bohórquez insiste en un aspecto clave que traslada la discusión del terreno de las etiquetas al de la experiencia real: "Nosotros no estamos alfabetizados emocionalmente en este tipo de emociones". Además, recuerda que, aunque el término se haya acuñado dentro de dinámicas poliamorosas o no monogámicas, "realmente se puede ver en cualquier otro tipo de dinámica". Quizás esta sea la razón por la cual la compersión genera tanta resistencia: no porque obligue a adoptar una forma específica de relacionarse, sino porque plantea una pregunta incómoda sobre cuánto de lo que aún se llama amor sigue mezclado con la necesidad de ser suficiente, imprescindible o tener el monopolio emocional y sexual del otro.

Alegrarse por la felicidad ajena puede parecer sencillo cuando esa felicidad depende de uno. Lo verdaderamente desafiante comienza cuando no es así, desafiando las normas culturales establecidas y abriendo espacio para una comprensión más amplia y saludable de los vínculos afectivos.