Una mirada crítica a la religión organizada y la espiritualidad personal
En un testimonio revelador, la autora expresa su fe en un Poder Superior y en Jesús como una figura histórica transformadora, pero rechaza firmemente las religiones organizadas, a las que califica como sectas. Su postura se centra en una crítica directa a la Iglesia Católica, aunque aclara que no aborda otras religiones por falta de conocimiento, evitando así posibles controversias como las vividas por figuras como Salman Rushdie.
Cuestionamientos a los dogmas y prácticas eclesiásticas
La autora confiesa su incapacidad para identificarse con elementos fundamentales del catolicismo, como el Credo, la virginidad de María, el Espíritu Santo y los relatos bíblicos de lenguas de fuego. Su escepticismo se extiende a experiencias personales en misas, donde observa prácticas que considera hipócritas o mal dirigidas. Por ejemplo, relata una anécdota en Fort Lauderdale, donde un sacerdote irlandés le explicó que la comunión es una invitación a un banquete, no comulgar equivale a rechazarla.
Recientemente, asistió a una misa que la dejó espantada, criticando abiertamente a un cura que, según ella, confundió historias bíblicas y enfatizó repetidamente la mortalidad humana, provocándole una risa nerviosa. También recuerda un bautizo donde el sacerdote se centró en gritos sobre el pecado y el infierno, en lugar de celebrar la vida.
Críticas a estructuras y escándalos dentro de la Iglesia
La autora profundiza en temas controvertidos, como el pacto del Opus Dei para presionar la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer, a quien describe como una figura polémica vinculada al franquismo. Señala que esto llevó a Juan Pablo II a canonizarlo, generando divisiones entre los católicos. Además, cuestiona los milagros de Fátima y Lourdes, tildándolos de supernegocios, y revela que un sacerdote le admitió que las limosnas en misas son dinero de bolsillo sin contabilidad oficial.
El celibato sacerdotal es otro punto de crítica, argumentando que se decretó por motivos económicos para evitar que el dinero de la Iglesia se destinara a familias. En contraste, la autora encuentra alivio en la espiritualidad, definiéndola como todo aquello intangible: la ternura, la alegría, el amor, el perdón, la solidaridad, la tristeza y la amistad.
Figuras papales y relaciones personales con sacerdotes
De los pontífices, solo salva a Juan XXIII y Francisco, criticando a otros por su historial nazi, lujurioso (como los Borgia), inquisidor o belicista. A pesar de sus críticas, mantiene amistades con sacerdotes a quienes describe como normales, buenos interlocutores e intelectuales, con quienes comparte respeto mutuo y diálogos enriquecedores.
Reflexiones finales y excomunión
La autora revela que fue excomulgada durante la época del Concordato, aunque cree que la condena terminó con su abolición. No cree en el infierno, afirmando que ya lo vivió en la Tierra. Hoy, se declara feliz, amando la vida y considerando a Jesús su amigo, guía y personaje favorito. A María la describe como una mujer fuerte y sufrida, una campesina cuyo hijo, predicador de la igualdad, fue crucificado.
Este testimonio ofrece una perspectiva personal y crítica sobre la religión, enfatizando la búsqueda de una espiritualidad auténtica más allá de las instituciones.