Ximena Salanova: Dejó la publicidad en Argentina para crear emprendimiento textil en París
Dejó publicidad por emprendimiento textil en París

Ximena Salanova: De la publicidad en Buenos Aires al emprendimiento textil en París

Ximena Salanova, originaria de Buenos Aires, tomó una decisión radical que transformó completamente su vida. Después de casi una década desarrollando una exitosa carrera en el competitivo mundo de la publicidad argentina, decidió dejarlo todo para emigrar a Francia y comenzar desde cero en una nueva nación.

Una infancia marcada por la creatividad manual

Desde su niñez en la Ciudad de Buenos Aires, Ximena mostró una inclinación natural hacia la creatividad y las manualidades. Creció en una familia numerosa con ascendencia de inmigrantes, donde los veranos transcurrían en una quinta familiar cerca de Cañuelas. Allí desarrollaba juegos improvisados y creaba objetos con materiales que encontraba a su alrededor.

"Me encantaba armar cosas con lo que encontraba. Nunca fui de tener todo listo", recuerda Salanova sobre aquellos años formativos. Desde pequeña aprendió a tejer, confeccionaba ropa para sus muñecas e intervenía prendas existentes, además de seguir con interés programas televisivos sobre costura.

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La búsqueda profesional y el giro inesperado

Inicialmente, Ximena no consideró la costura como una opción profesional viable. "Ser costurera no era una posibilidad real para mí", explica sobre su perspectiva juvenil. Comenzó estudiando Derecho en la Universidad de Buenos Aires, aunque posteriormente abandonó esa carrera para formarse en marketing, campo donde finalmente encontró su lugar en el ámbito publicitario.

Durante casi diez años trabajó en una importante agencia de publicidad, desarrollando una carrera estable y satisfactoria. Sin embargo, siempre mantuvo viva su pasión por la costura. "La pasaba bien, era un buen trabajo. Pero la costura siempre estaba ahí, como un hilo que no se corta", afirma sobre ese período de su vida.

Pérdidas personales y transformación vital

La muerte de su padre en 2009 marcó un punto de inflexión crucial en su trayectoria. "Ahí aparece fuerte la idea de que no somos eternos. De que es ahora o nunca", recuerda emocionada. Este evento trágico la impulsó a retomar cursos de costura y manualidades, reencontrándose con actividades que habían sido fundamentales durante su infancia.

Fue entonces cuando comenzó a considerar seriamente la posibilidad de convertir su interés por la costura en un proyecto profesional sostenible. La idea tomó forma conceptual en una palabra que posteriormente daría nombre a su marca: Abra Caramba, inspirada en la expresión "abracadabra" y concebida como un recordatorio personal para animarse a intentar nuevos caminos.

El viaje que cambió todo

A los 36 años, Ximena decidió emprender su primer viaje sola, seleccionando París como destino vacacional. "Me dije: quizás mi destino es vivir la vida loca", comenta entre risas sobre esa decisión audaz. Solo cinco días después de su llegada a la capital francesa conoció a Cédric, quien más tarde se convertiría en el padre de su hija y su compañero de vida. "Desde ese día no nos separamos más", relata sobre ese encuentro fortuito.

Adaptación y desafíos en Francia

La relación con Cédric derivó en decisiones significativas: cerrar etapas en Argentina, vender pertenencias y mudarse definitivamente a Francia sin contar con ciudadanía europea. Instalarse en el país galo presentó numerosos desafíos administrativos y laborales. Durante cuatro años completos no pudo trabajar legalmente, enfrentando dificultades burocráticas considerables.

"Es muy duro no tener derecho a un empleo. No pasar hambre, pero sentir que te faltan derechos básicos", explica sobre ese período complejo. Aprovechó ese tiempo para aprender francés desde cero, estudiar bordado de manera formal y profundizar sus conocimientos sobre textiles y materiales diversos.

Pandemia y nacimiento de Abra Caramba

Su situación migratoria cambió radicalmente después del nacimiento de su hija, cuando obtuvo residencia legal como madre de una ciudadana francesa. En marzo de 2020, justo antes del inicio de la pandemia global, viajó a Argentina para presentar a su hija a la familia. Llegó el 11 de marzo y pocos días después comenzaron las restricciones sanitarias por el covid-19.

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Durante ese período de aislamiento obligatorio retomó el bordado con los materiales que tenía disponibles. "No vi a nadie. Estuvimos un mes encarceladas", describe sobre esa experiencia. En ese contexto particular bordó la palabra "cuarentena" y compartió la imagen en redes sociales, momento que considera fundacional para su proyecto emprendedor.

Emprendimiento textil con conciencia ecológica

De regreso en París, se registró formalmente como microemprendedora y abrió una tienda online. Uno de sus primeros pedidos comerciales fue de barbijos, lo que marcó el inicio oficial de su marca Abra Caramba. Con el tiempo orientó su trabajo hacia la elaboración de objetos textiles reutilizables fabricados exclusivamente con telas certificadas de calidad.

"No uso más descartables. Todo lo que hago tiene que reemplazar algo que se tira", explica sobre la filosofía de su negocio. Sus productos buscan sustituir artículos de uso cotidiano desechables y están inspirados tanto en el diseño japonés minimalista como en tradiciones artesanales francesas de excelencia.

Vida actual y reflexiones finales

Actualmente Ximena Salanova reside en París junto a su pareja Cédric y su hija. Organiza meticulosamente su trabajo en función del horario escolar de la niña y mantiene vínculos significativos con amistades de diferentes nacionalidades. La ciudad continúa generándole asombro cotidiano, incluso después de años de residencia.

"Aunque vivas acá, la Torre Eiffel siempre emociona", afirma con genuino entusiasmo. Su historia representa un testimonio inspirador sobre reinvención profesional, migración voluntaria y la transformación de pasiones personales en proyectos de vida sostenibles y con propósito ecológico.