Doctora Corazón, ¡atiéndame! Un poeta deshecho por el amor que siempre persiguió
Doctora Corazón: poeta deshecho por el amor que persiguió

Doctora Corazón, ¡atiéndame! La confesión de un poeta deshecho por el amor

Desde los primeros vellos de la adolescencia, Jotamario Arbeláez creyó que sería abanderado del amor loco, aquel que imaginaba sin relación alguna con el corazón. En su época, se convenía que ser romántico era cosa de antepasados, y había que enfrentar el mundo con frialdad, especialmente ante la crueldad criminal que azotaba el país.

Para el columnista y poeta, existía una clara distinción: "una cosa es el amor que se hace de catre en catre y de carne en carne, y otra, el enamoramiento que se percibe hasta con una sola mirada". Este último, denominado platónico, contrastaba con el amor propio al que pronto se consagró con total desenvoltura.

Del compromiso social a la exploración literaria del amor

Su incursión en la poesía tuvo doble propósito: protestar contra la violencia que diezmaba los campos colombianos y, al mismo tiempo, intentar coronar aquellos "tentáculos que por las calles de Cali pasaban caminando como si danzaran". Pronto abandonó la lectura de Marx y Kropotkin para sumergirse en cuanto libro sobre sexo y amor se hubiera publicado.

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Su recorrido literario fue exhaustivo:

  • Dos noches de placer de Alfredo de Musset, donde descubrió el amor sexológico entre mujeres
  • Los dos tomos de Mi vida y mis amores de Frank Harris, a quien pretendía emular
  • El libro de la lujuria y Mi vida secreta, obras de autores anónimos que exploró minuciosamente
  • Obras de Giovanni Verga y Extraño goce de Poli Délano, encontradas en ofertas de dos por uno

La revelación que cambió su perspectiva

Fue en La Celestina donde encontró una definición que lo dejó pasmado: "El amor es un fuego escondido, una agradable llaga, un sabroso veneno, una dulce amargura, una delectable dolencia, un alegre tormento, una dulce y tierna herida, una blanda muerte". Esta lluvia de oxímorones de Fernando de Rojas, continuada siglos después por León de Greiff, no lo hizo cambiar inmediatamente, pero sembró la duda.

Arbeláez confiesa: "Fui uno de esos poetas más prendidos que prendados del amor, que en eso de las relaciones se me fue empantanando como a todos los donjuanes crucificados". Tuvo la suerte de contar con adoratrices bellísimas que lo colmaron de "caricias cornamentales", al extremo de perder su cabellera, principal elemento de seducción.

El final del latin lover

Un dermatólogo le devolvió el cabello, invisibilizando los "innúmeros cuernos", y ahora vive una relación estable donde su compañera "tampoco me los pone ni siquiera conmigo". Así describe su transformación: "Bonito final para un latin lover. Quien siempre pensó que el amor era para hacerlo terminó deshecho por él".

La vergüenza llega al concebir el acto sexual como maniobra por excelencia, cuando esa excelencia podría radicar ahora en la abstinencia. Un amigo le recomendó dejar de pensar en sexo y volver a la infancia, consejo que siguió con resultados desastrosos: "Acudieron a la memoria todas mis mañas".

Al aconsejarle también que abandonara el tema de la muerte, volvió a la lujuria, solo para recibir otra negativa: "me dicen que tampoco, porque ya no me luce".

La búsqueda final de ayuda médica

Un verso de André Breton lo hace sonreír y sonrojarse simultáneamente: "A veces he llegado incluso a destruir el pedal del órgano". Esto lo lleva a recordar la sentencia de un compañero publicitario: "Usted va a terminar como los trompos: por el herrón".

La conclusión es inevitable: "Me tocará acudir a una consulta con la Doctora Corazón, en la prepagada, disculpándome antes por haber difamado de órgano tan cordial". El poeta que creyó dominar el juego amoroso termina buscando atención médica para el mismo corazón que tanto desdeñó en su juventud.

En este recorrido desde la exuberancia juvenil hasta la resignación madura, Arbeláez ofrece una reflexión profundamente humana sobre las paradojas del amor, la literatura como exploración de la pasión, y la inevitable confrontación con nuestras propias limitaciones emocionales y físicas.

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