Legado teatral colombiano da paso a nueva generación de dramaturgos
En la década de 1960, el teatro colombiano experimentó un desarrollo extraordinario con la formación de dos grupos que se convertirían en referentes tanto a nivel nacional como internacional. El Teatro La Candelaria, bajo la dirección del reconocido dramaturgo Santiago García, y el Teatro Experimental de Cali (TEC), liderado por el maestro Enrique Buenaventura, marcaron un hito en la escena cultural del país.
Estas agrupaciones no solo presentaron obras emblemáticas como Guadalupe Años sin cuenta y A la diestra de Dios Padre, sino que también formaron a numerosos actores y actrices que posteriormente destacarían en cine, televisión y teatro. De esta rica tradición teatral han surgido nuevos dramaturgos que, a través de sus creaciones escritas, están contribuyendo significativamente al desarrollo de una dramaturgia nacional con identidad propia.
Patricia Ariza y Jacqueline Vidal: pioneras del movimiento
Entre las figuras más destacadas de este movimiento se encuentran Patricia Ariza y Jacqueline Vidal, quienes participaron activamente en la fundación tanto de La Candelaria como del TEC, trabajando codo a codo con los maestros García y Buenaventura. Su legado ha sentado las bases para las nuevas generaciones de creadores teatrales.
Tres actores caleños se convierten en dramaturgos
En este contexto de renovación creativa, tres actores originarios de Cali, con más de medio siglo de experiencia en las tablas, han dado un paso fundamental al presentar sus propias obras dramáticas escritas de su puño y letra. Se trata de Jorge Herrera, Carlos Bernal y Diego Vélez, cuyas creaciones han sido recopiladas en el libro Tríptico Teatral.
Jorge Herrera: de Betty la fea a la sátira clerical
Jorge Herrera, reconocido por su participación en la exitosa telenovela Yo soy Betty, la fea y por su trabajo en la obra Los papeles del infierno, presenta en este volumen su obra titulada Choros. Esta comedia satírica se inspira en los entremeses y farsas populares del siglo XVI, poniendo en escena las trapisondas de clérigos inescrupulosos que mantienen una doble moral.
Actualmente, Herrera divide su tiempo entre Bogotá y Cali, donde continúa sus compromisos con el cine y la televisión. En la capital vallecaucana dirige la sala teatral La Barca junto a la actriz Amparo Conde, manteniendo así su vínculo activo con la escena teatral.
Carlos Bernal: surrealismo y realidad migrante
Carlos Bernal, quien actuó en la obra del TEC El canto del fantoche lusitano, contribuye al Tríptico Teatral con su obra La cama de Noé. Este texto, con claras influencias surrealistas, narra la cruda realidad de las "camas calientes" en España, alquiladas por horas a inmigrantes africanos y latinoamericanos.
Bernal reside actualmente en Madrid, donde imparte talleres y dirige obras teatrales, manteniendo un puente cultural entre Colombia y Europa que enriquece su perspectiva creativa.
Diego Vélez: thriller bogotano con sabor musical
Completa la trilogía Diego Vélez con su obra Amor de muerte, un thriller ambientado en Bogotá que el autor describe como "la tenaz de Suramérica". Vélez, quien participó en A la diestra de Dios Padre y en la película María Cano de Camila Loboguerrero, ha creado una narración que incorpora la música de Jacobo Vélez, conocido como El Callegüeso, añadiendo una dimensión sonora distintiva a su propuesta dramática.
Un nuevo capítulo para la dramaturgia colombiana
La publicación del Tríptico Teatral marca un momento significativo en la evolución del teatro colombiano, demostrando cómo la experiencia acumulada durante décadas en los escenarios puede transformarse en textos dramáticos de gran valor literario y escénico. Estos tres creadores, formados en la rica tradición teatral colombiana, están abriendo nuevos caminos para las generaciones futuras.
La transición de actores a dramaturgos completa un ciclo creativo que enriquece el panorama cultural nacional, ofreciendo nuevas perspectivas y abordajes temáticos que reflejan tanto las raíces históricas del teatro colombiano como las preocupaciones contemporáneas de la sociedad. Este fenómeno representa una vitalidad cultural que promete mantener al teatro colombiano en un lugar destacado dentro del panorama artístico latinoamericano.



