El amarillo: Un color que transformó el arte moderno
Una nueva exposición en el Museo Van Gogh de Ámsterdam, titulada "Amarillo. Más allá del color de Van Gogh", explora cómo este tono vibrante se convirtió en un lenguaje artístico cargado de significados durante el período 1850-1900. La muestra, que reúne aproximadamente 50 obras y objetos fechados entre 1850 y 1915, toma como punto de partida los icónicos Girasoles (1889) de Vincent van Gogh, pero amplía su enfoque para analizar la evolución simbólica del amarillo en el arte moderno.
La fascinación de Van Gogh por el amarillo
Sobre el ataúd de Vincent van Gogh, en julio de 1890, había un sencillo paño blanco cubierto de flores amarillas: dalias, girasoles, amarillo por todas partes. Su amigo Émile Bernard escribió entonces: "Era su color favorito (…) el símbolo de la luz que buscaba en los corazones y en las obras de arte". El propio Van Gogh, un neerlandés acostrado a los cielos grises del norte de Europa, plasmó su fascinación por la intensa luz que encontró en Arlés, en el sur de Francia, en una carta a su hermano: "Luz del sol, una luz que, a falta de una palabra mejor, solo puedo llamar amarilla- amarillo azufre pálido, limón pálido, oro. ¡Qué bonito es el amarillo!".
En los Girasoles, el amarillo se despliega en capas físicas y simbólicas: "En esa pintura hay muchas capas, literalmente en la pintura, pero también en los tonos, que van del amarillo limón al naranja profundo", explicó Edwin Becker, conservador del museo. Para este experto, la obra encierra modernidad y valentía: Van Gogh logró "dominar ese color tan fuerte con aparente sencillez", hasta convertirlo en una imagen hoy icónica.
Un lenguaje cargado de significados
La exposición analiza cómo el amarillo se transformó en torno a 1900 en un lenguaje artístico que expresaba:
- Modernidad: Representaba la ruptura con las tradiciones artísticas establecidas
- Rebeldía: Simbolizaba la actitud contestataria de los artistas vanguardistas
- Escándalo: Las novelas con cubiertas amarillas, que abordaban temas como el alcoholismo o la prostitución, eran vistas como provocadoras
- Espiritualidad: En la teosofía se asociaba al crecimiento interior
- Energía: Evocaba vitalidad y transformación
"¿Qué es exactamente el amarillo? ¿Qué ocurre cuando lo utilizas? ¿Qué quieres expresar como artista?", planteó la conservadora Ann Blokland. Su colega, Edwin Becker, agregó: "El color en sí mismo no tiene significado; es un fenómeno de luz. Somos nosotros quienes le damos sentido, y ese sentido cambia según la persona, la cultura o la época".
Artistas que exploraron el amarillo
La exposición reúne obras de más de quince artistas además de Van Gogh, incluyendo nombres destacados como:
- Wassily Kandinsky: Para quien el amarillo evocaba el sonido agudo de una trompeta
- Gustav Klimt: Utilizó el dorado como expresión de espiritualidad y lujo
- Édouard Manet: Exploró el amarillo en contextos sociales y urbanos
- J.M.W. Turner: Capturó la luz amarilla en paisajes atmosféricos
- Ramón Casas: Representó el modernismo catalán con paletas amarillas
"El color era un medio ideal para expresar ideas abstractas o incluso sonidos", recordó Blokland, aludiendo al interés en la época por la sinestesia, fenómeno en el que los sentidos se mezclan.
El amarillo como fenómeno cultural
A finales del siglo XIX, el amarillo se convirtió en emblema de modernidad y escándalo simultáneamente. Muchos artistas representaron novelas con cubiertas amarillas en sus cuadros como signo de una nueva sensibilidad artística y social. En paralelo, el amarillo adquirió significados espirituales profundos, particularmente en movimientos como la teosofía, donde se asociaba con el crecimiento interior y la iluminación.
El recorrido se centra específicamente en el período 1850-1900 para responder a una pregunta concreta: "¿Qué ocurrió en el periodo de 1850-1900 con el color amarillo? Esa es la cuestión central", dijo Emilie Gordenker, directora de la pinacoteca conocida por albergar la mayor colección de Van Gogh del mundo.
El amarillo es "un color que eleva, que anima", añadió Becker, aunque matizó que en los girasoles también hay melancolía: flores inclinadas, cabezas que pesan, donde al final vitalidad y decadencia conviven bajo la misma luz. Esta dualidad refleja precisamente la complejidad simbólica que adquirió el amarillo durante este período transformador del arte moderno.