La felicidad en Colombia: entre la sátira política y las pequeñas alegrías cotidianas
Felicidad en Colombia: sátira política y alegrías cotidianas

La búsqueda de la felicidad en medio del caos político colombiano

Un escritor argentino, Jorge Luis Borges, alguna vez lamentó no haber sido feliz, un pecado según su visión. En Colombia, la felicidad se redefine constantemente, especialmente en un contexto donde los partidos de fútbol ya no son solo los domingos y la política nacional parece una telenovela interminable. Pero, ¿qué es realmente la felicidad para los colombianos? Para muchos, se reduce a despertar vivos y agradecer por no estar afiliados a la Nueva EPS o por no ser seguidores de ciertas figuras públicas.

Las pequeñas cosas que construyen la felicidad diaria

La felicidad, en su esencia más pura, está hecha de momentos simples y cotidianos. Cosas como llegar a casa después de un largo día y cambiarse los tacones por unas cómodas pantuflas, o subirse al TransMilenio y encontrar un asiento disponible. Son esas minucias las que forman el tejido de nuestra alegría diaria: prender la estufa para hacer café sin que hayan cortado la luz, o recibir una cita médica con el especialista en un plazo razonable, no en un futuro lejano.

En el ámbito político, falta un candidato que prometa la "felicidad total" y devuelva a Colombia su título de país más feliz del mundo, un honor que ahora ostenta Finlandia. Este país nórdico lidera en felicidad gracias a variables como un sistema electoral simplificado, con solo cuatro candidatos en primera vuelta: derecha, izquierda, centro y ausentes. Allí, no permiten que una multitud de opciones confunda a los votantes, y nunca han enfrentado la disyuntiva de elegir entre continuismos o regresos al pasado.

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Contrastes entre la felicidad finlandesa y la realidad colombiana

En Finlandia, la constitución protege a sus ciudadanos de llamadas molestas de empresas como Claro o Falabella, ofreciendo planes ilimitados o tarjetas de crédito. Mientras tanto, en Colombia, la felicidad a veces se encuentra en situaciones curiosas, como la alegría de Clarita López Obregón al anunciar su fórmula vicepresidencial, con su familia tan contenta que pospone cualquier declaración de interdicción.

O la felicidad de la esposa del general retirado Gustavo Matamoros, planchándole la camisa para que su marido dispute la presidencia contra figuras como Iván Duque y Paloma. Imaginemos el almuerzo familiar del general, donde un nieto feliz le recuerda: "Abue, no se le olvide que la embajada en Londres es para mí".

La felicidad en las figuras políticas y sus ironías

Ver la cara de felicidad del presidente Gustavo Petro participando en política, mientras el Procurador busca cita con el oftalmólogo, es otra muestra de cómo la alegría se entrelaza con la sátira. Y qué decir de la felicidad de Álvaro Uribe, disfrutando de su legado mientras su hija Paloma se acomoda en el centro político, como quien se relaja en un sofá con crispetas para ver series.

O la felicidad de Andrés Pastrana, esperando que gane su cuñada para seguir evadiendo preguntas incómodas sobre su amistad con Jeffrey Epstein. En Colombia, la felicidad no se espera, salta en cualquier instante, como le ocurrió a Cielo Rusinque con los cambios en los requisitos para ser superintendenta.

La felicidad compartida y los recuerdos de la infancia

La mayor felicidad, a menudo, es ver la alegría del prójimo, como cuando el gerente de Ecopetrol compra feliz un apartamento en Black Friday. Pero la felicidad más pura reside en la infancia, cuando la única responsabilidad era lavarse las manos antes de comer, sin saber quién era el Niño Jesús ni preocuparse por actualizar el RUT.

Cuando gane Paloma o Iván, extrañaremos al "ojibrotado" y sus arrebatos poéticos, y diremos: "Éramos felices y no lo sabíamos". Como nota adicional, tenemos dos noticias: la buena es que vamos a tener presidenta, y la ñapita sugiere que ya es hora de otra carta de Álvaro Leyva para animar el panorama político.

Mientras tanto, Gaza sigue doliendo, y en el humor, Tola y Maruja en "Reír y votar, cómo alegar de política en familia" ofrecen un respiro cómico. La felicidad en Colombia es un mosaico de ironías, pequeñas victorias y sátira política, recordándonos que, a pesar de todo, siempre hay espacio para la alegría en las cosas más simples.

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