De financiero a embajador del tejo: la transformación de Daniel Lozano
Financiero a embajador del tejo: historia de Daniel Lozano

Una decisión que transformó su destino

Hay decisiones que marcan un punto de inflexión en la vida. Para Daniel Lozano, conocido como "El Man del Tejo", ese momento llegó cuando decidió abandonar su exitosa carrera en el mundo financiero para dedicarse por completo a la promoción del deporte nacional colombiano. "Yo era financiero, con saco y corbata, pasaba horas trabajando en Excel", recuerda con nostalgia. Sin embargo, desde que descubrió el tejo durante sus años universitarios, sintió que había encontrado un verdadero tesoro cultural.

Del Excel a la greda: un cambio radical

Aunque su trayectoria profesional estaba sólidamente encaminada en el ámbito corporativo, el tejo siempre mantuvo un espacio especial en su vida. "En todos mis cumpleaños organizaba partidas de tejo. Cuando salía con alguien, la llevaba directamente a una cancha; necesitaba saber si también podía embarrarse de greda", comenta entre risas. Esta pasión lo llevó a tomar una decisión audaz: renunciar a las finanzas y embarcarse en el mundo del emprendimiento.

Primero incursionó en la cervecería artesanal, pero fue en 2019 cuando materializó su proyecto más ambicioso: Tejo La Embajada, una iniciativa que realmente comenzó a gestarse en 2018 junto a cuatro socios. La visión era clara y revolucionaria: crear "un tejo diferente", que combinara cerveza artesanal de calidad, gastronomía local, servicio profesional e incluso personal bilingüe para atraer al turismo internacional.

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Rompiendo paradigmas tradicionales

"Queríamos romper paradigmas establecidos", explica Lozano. Durante décadas, el tejo había sido percibido como un espacio exclusivo para hombres mayores. El gran desafío consistía en transformarlo en un lugar seguro, inclusivo y atractivo para mujeres, jóvenes y familias completas. Esta visión innovadora comenzó a dar frutos de manera extraordinaria.

El nacimiento de una marca personal

A finales de 2023, después de alcanzar la venta del primer millón de dólares en su negocio de tejo -convirtiéndolo en el más grande del país-, Daniel experimentó un profundo proceso de introspección. "Si mi motivación hubiera sido solamente el dinero, me habría quedado en el mundo financiero", admite con sinceridad. El camino del emprendimiento implicó importantes sacrificios económicos y físicos.

La verdadera respuesta la encontró en el plano personal: "Jugando tejo conocí a mi esposa. Hoy tenemos una hermosa bebé". Así nació su marca personal "El Man del Tejo", que representa una identidad auténtica. "Yo soy realmente el Man del Tejo, no es un personaje que se apaga cuando terminan las grabaciones", afirma con convicción.

Reconocimiento institucional y proyección internacional

En diciembre de 2024, el Consejo de Bogotá le otorgó una orden al mérito civil por su invaluable aporte al turismo y la cultura local. Para Daniel, este reconocimiento llegó en un momento crucial: "El tejo se estaba muriendo gradualmente, muchos sitios tradicionales cerraban porque las nuevas generaciones ya no jugaban".

A través de las redes sociales, especialmente en TikTok, comenzó una campaña masiva para invitar a los jóvenes a apropiarse de este patrimonio cultural. Los resultados han sido sorprendentes: "Uno de cada tres seguidores no vive en Colombia. Aproximadamente el 33% se encuentra fuera del país", revela con entusiasmo.

Su labor de promoción lo ha llevado a recorrer numerosos municipios como Facatativá, Soacha, Madrid, Pacho y Zipaquirá, recibiendo además invitaciones desde departamentos como Meta, Casanare, Tolima y Huila. Para Lozano, el resurgimiento del tejo no solo debe darse en espacios modernos, sino también en las tradicionales canchas de barrio.

Mecánica del juego y sueños olímpicos

El tejo posee una mecánica aparentemente sencilla pero llena de técnica: se lanza un disco metálico a una distancia que varía entre 8 y 10 metros (20 metros en competencias profesionales). Cuando se logra explotar una mecha, se obtienen tres puntos; si el disco cae dentro del aro metálico -lo que se conoce como "embocinarse"-, se suman seis puntos. "Hacer estallar la primera mecha es una experiencia que nunca se olvida", asegura con emoción.

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Orígenes ancestrales y proyección global

El tejo es una creación indígena de los muiscas, transmitida principalmente a través de la tradición oral. Existen diversas teorías que lo relacionan con la resolución pacífica de conflictos comunitarios o con rituales en honor a deidades como Xue (el Sol) y Chía (la Luna). Hoy, Daniel Lozano alberga un sueño ambicioso: convertir el tejo en deporte olímpico.

"Se requieren 75 países en cuatro continentes diferentes con asociaciones formales para poder aplicar ante el Comité Olímpico Internacional", explica detalladamente. Su estrategia consiste en consolidarlo primero como deporte verdaderamente nacional, para luego internacionalizarlo progresivamente, llevando canchas a países como México, Brasil, Argentina o incluso Turquía.

"Si sabemos que el tejo es tan especial y único, debería convertirse en uno de los regalos más valiosos que Colombia le ofrezca al mundo", concluye con determinación, mirando hacia un futuro donde el sonido característico de las mechas explotando pueda escucharse en las mayores justas deportivas internacionales.