Historiador español José Manuel Serrano: su vínculo con Cartagena
Historiador español halla en Cartagena su mayor inspiración

El acento sevillano de José Manuel Serrano Álvarez se mezcla con la cálida Cartagena de Indias mientras habla de archivos, números y silencios históricos. No es una escena común, pues se trata de un investigador extranjero que, con la paciencia de quien revisa documentos durante meses, ha encontrado en esta ciudad una parte esencial de su vida académica y personal.

Un historiador forjado en Sevilla

Su historia no comienza en Cartagena, sino en Sevilla, donde se formó en Historia en los años noventa. Entre pasillos universitarios y el imponente Archivo General de Indias, empezó a gestarse una inquietud que marcaría su carrera: entender lo que había detrás de los grandes relatos conocidos. No la epopeya militar en sí, sino lo que la hacía posible. "Si en historia no aportas nada nuevo, repites", dice con claridad, revelando convicción y autocrítica. En esa búsqueda de lo nuevo encontró la historia económica de la colonia. Mientras otros historiadores se inclinaban por lo político, lo social o lo narrativo, él decidió mirar los números: ingresos, gastos, financiación. El dinero. Ese enfoque, que muchos evitan por su complejidad, fue para él una puerta. "Los números espantan", admite, pero también revelan. Detrás de cada cañón, fortificación y soldado en la Cartagena colonial había una estructura financiera que casi nadie había estudiado con profundidad.

Primera llegada a Cartagena en 2003

Esa curiosidad lo trajo por primera vez a Cartagena en 2003. Tenía apenas 30 años y una tesis doctoral recién defendida. Llegó invitado a un evento académico tras un gesto decisivo de su mentor, quien cedió su espacio para que el joven investigador debatiera con expertos consolidados. Lo que encontró fue más que un escenario académico: encontró una comunidad. Nombres como Haroldo Calvo, Adolfo Meisel o Rodolfo Segovia —figuras clave en la historiografía local— no solo lo escucharon, sino que lo acogieron. "Con 30 años uno es un pollito", dice entre risas. En esa etapa empezó a construir una trayectoria que hoy lo posiciona como referente en la historia económica colonial de la ciudad.

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Reconocimiento en la Academia de la Historia de Cartagena

Su vínculo con Cartagena creció con los años. Publicaciones, investigaciones, clases, visitas constantes. Incluso su paso por universidades colombianas, antes de consolidarse en España, formó parte de ese camino. Por eso, el reconocimiento que hoy recibe como miembro correspondiente de la academia local no es un simple logro profesional: es, en sus palabras, "un honor completo". "En gran medida le debo mi carrera a Colombia", afirma sin titubeos. Pero más allá del reconocimiento, lo que realmente lo mueve es la historia misma, no como relato estático, sino como un rompecabezas en permanente construcción.

Cartagena: clave en el comercio atlántico

Durante dos siglos, explica, la ciudad fue clave en el comercio atlántico. Punto de llegada de galeones, epicentro de riqueza y, por lo mismo, blanco constante de ataques. Después de La Habana, fue una de las ciudades más asediadas del imperio español en América. Todo eso, insiste, se sostiene en una idea simple: sin dinero no hay historia militar.

Más allá de los números: una visión integradora

Sin embargo, su mirada no se queda en los números. Con el tiempo, ha integrado análisis sociales y culturales. Ese enfoque se reflejó en la conferencia presentada en su posesión, titulada "Nacida en tres mundos", un nombre que resume su visión de Cartagena. Para Serrano, esta ciudad es un crisol único donde confluyen tres grandes raíces: la española, la indígena y la africana. "No he visto ese nivel de integración en ningún otro lugar", asegura. Ni en México, ni en Cuba, ni en Chile. Aquí existe una "armonía racial" que, aunque imperfecta y atravesada por tensiones, es profundamente significativa. Su reflexión desafía percepciones comunes: mientras muchos señalan altos niveles de discriminación, él observa una integración que ha evolucionado con el tiempo. Una ciudad que, pese a su pasado marcado por desigualdades —incluso por lo que llama una "pigmentocracia"—, ha construido una identidad híbrida y compleja.

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Esa capacidad de mirar desde fuera le ha permitido aportar una visión distinta. Como ocurre con historiadores extranjeros que analizan España, su distancia le da perspectiva. No está atado a las narrativas tradicionales ni a las sensibilidades locales. En Cartagena, su búsqueda encontró sentido. Y ahora, con este reconocimiento, también encuentra un cierre simbólico: el lugar donde empezó a construir su camino es el mismo que hoy lo recibe como parte de su memoria intelectual.