El jubilado italiano que convirtió su jardín en un santuario para 400 tortugas
Jubilado italiano cuida 400 tortugas en su jardín santuario

El hombre de las 400 tortugas: un santuario en el jardín

En un jardín de 500 metros cuadrados en Treviso, Italia, el jubilado Renato Gobbetto ha transformado su espacio exterior en un refugio para 400 tortugas. Cada mañana, este exbanquero dedica horas a observar una por una a sus reptiles, controlando su estado de salud en una rutina que comenzó como un simple recuerdo de infancia y que hoy consume su vida diaria.

Un vínculo que nació de la nostalgia

Según relató Gobbetto al diario Corriere della Sera, su conexión con estos animales se remonta a 2009, cuando él y su esposa adquirieron una casa con jardín. Allí resurgió un recuerdo de su niñez, cuando acompañaba a su padre a visitar a un amigo que poseía numerosas tortugas. De esa memoria surgieron las primeras dos crías, y con el tiempo, la población creció exponencialmente hasta alcanzar las cuatrocientas.

En el espacio conviven ejemplares de todos los tamaños, desde crías diminutas que caben en una moneda hasta tortugas adultas cuyo plastrón mide hasta 35 centímetros. Gobbetto explicó que las más grandes requieren al menos veinte metros cuadrados cada una, y que durante el verano, algunas incluso se aventuran a entrar en la casa si la puerta permanece abierta.

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Hibernación y alimentación meticulosa

Durante aproximadamente cinco meses al año, entre finales de octubre y marzo, las tortugas entran en hibernación. "Se entierran unos diez centímetros y permanecen allí, inmóviles, a una temperatura interna de cinco grados, con apenas dos latidos por minuto. Apenas pierden el 2 % de su peso", detalló Gobbetto al medio italiano. Con la llegada de la primavera, emergen gradualmente y reactivan su metabolismo.

La dieta diaria es otro aspecto crucial de su cuidado. Incluye hierba, diente de león y radicchio, una hortaliza típica italiana. "Comen diez kilos al día", indicó el jubilado, precisando que las tortugas rechazan sistemáticamente la parte blanca de esta verdura.

Control diario y temporada de reproducción

El exbanquero inicia cada jornada observando individualmente a cada tortuga. "Las saludo, las miro a los ojos. Así enseguida entiendo si están bien", afirmó. Cada ejemplar está identificado con una marca de color en el caparazón, lo que le permite reconocerlas y distinguir las distintas "familias". Según sus cálculos, por cada macho hay alrededor de diez hembras.

Desde mediados de mayo comienza la puesta de huevos. Las hembras excavan durante horas y cubren el nido sin dejar rastros visibles. Para supervisar este proceso, Gobbetto instaló treinta cámaras en el jardín. "Si estoy en el mar y veo que una está poniendo, sé exactamente dónde ir a recoger los huevos", explicó. Al regresar, los coloca en incubadoras, señalando que el sexo de las crías depende de la temperatura durante este proceso.

Regulación y longevidad extraordinaria

Las tortugas están protegidas por normativas específicas. Cada ejemplar debe contar con microchip y certificado CITES. Gobbetto advirtió que poseer estos animales sin la documentación adecuada puede derivar en denuncias penales y sanciones económicas significativas.

En cuanto a su expectativa de vida, indicó que pueden alcanzar los 90 o 100 años, e incluso superar ese límite. "Por eso se heredan", comentó, revelando que parte de los ejemplares que cuida actualmente pertenecieron a otro aficionado que falleció y cuya esposa decidió entregárselos para su cuidado continuo.

La vida de Renato Gobbetto gira en torno a estas 400 tortugas, en un santuario personal que combina pasión, memoria y dedicación absoluta. Su historia demuestra cómo un simple recuerdo de infancia puede transformarse en un proyecto de vida que trasciende generaciones, literalmente, dada la longevidad de estos reptiles.

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