Luisa Manuela de Carmona: la mujer española cuyo destino se entrelazó con el galeón San José
La mujer española cuyo destino se unió al galeón San José

La conexión femenina con el legendario galeón San José

Mientras cientos de hombres trabajaban como tripulantes, artilleros y soldados en el galeón San José, las mujeres estaban sistemáticamente excluidas de las labores marítimas. Sin embargo, esto no significa que la historia del famoso galeón sea exclusivamente masculina. Luisa Manuela de Carmona, una mujer española nacida a finales del siglo XVII en el Puerto de Santa María, Cádiz, tuvo su destino profundamente ligado al Caribe y al San José, aunque nunca viajó en él.

Una vida de estabilidad económica y conexiones transatlánticas

Proveniente de una familia acomodada, Luisa Manuela heredó varias propiedades que le aseguraban un futuro económicamente estable. Su madre y tías eran dueñas de múltiples inmuebles en la ciudad, dedicándose a la compra, venta y arrendamiento de casas. Su tío, Antonio de Carmona, vivía en México como exitoso comerciante, estableciendo tempranas conexiones familiares con el Nuevo Mundo.

Su matrimonio con Diego Antonio de la Rosa en 1689 consolidó esta estabilidad. Juntos compraron varias casas que pusieron en renta, obteniendo jugosos beneficios. Sin embargo, España enfrentaba una delicada situación económica durante el final del reinado de Carlos II, que desembocó en la Guerra de Sucesión Española (1701-1714). La galopante inflación amenazaba las inversiones rentistas de la familia.

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La decisión que cambiaría todo

En 1706, cuando el maestre del galeón San José reclutaba hombres para su tripulación, Luisa Manuela convenció a su esposo de enrolarse como artillero. Aunque Diego Antonio no tenía vocación marinera, este viaje representaba una oportunidad para obtener pasaje gratis a Cartagena y tender puentes con el comercio atlántico, diversificando así los negocios familiares.

La realidad económica era cruda: el salario mensual de un artillero era de apenas 6 ducados, mientras que las propiedades que la pareja poseía valían 1510 ducados. Esto significaba que Diego Antonio necesitaría ahorrar íntegramente casi 21 años de sueldo para igualar solo parte del patrimonio familiar.

Tragedia en Cartagena y consecuencias en España

La aventura marinera terminó desastrosamente. Al llegar a Cartagena, Diego Antonio enfermó gravemente, probablemente de una dolencia tropical desconocida en Europa. El 1 de noviembre de 1706, apenas seis meses después de su llegada a América, murió en una casa particular.

La tragedia se multiplicó por la falta de noticias y la poca claridad sobre las circunstancias. Luisa Manuela y sus dos hijas probablemente no se enteraron del fallecimiento hasta mucho tiempo después. En un documento de 1710, tres años después de la muerte, Luisa Manuela aún se declaraba "esposa legítima" de Diego Antonio, "ausente en los reinos de las Indias".

La lucha por la dignidad y justicia

Aceptar que Diego Antonio no volvería fue un golpe duro para la familia. En 1714, coordinándose con otros familiares de marineros fallecidos en la expedición del San José, Luisa Manuela contrató dos abogados para presionar en la corte de Madrid y reclamar los sueldos atrasados que la armada debía a su marido.

Este reclamo no era principalmente económico -el puñado de ducados no marcaría gran diferencia en sus finanzas- sino una expresión de dignidad y justicia por la muerte de su esposo.

Vida después de la tragedia

A pesar de su viudez, Luisa Manuela mantuvo su posición opulenta en el Puerto de Santa María. En la década de 1720, ya estabilizada la economía tras la guerra, registró varias compras a su nombre, incluyendo terrenos productivos y viñedos.

Su hija Rosalía de la Rosa de Carmona se casó con José Martínez, y ante la muerte del padre, la dote fue pagada por el tío Antonio de Carmona desde México, quien envió 500 ducados a la nueva pareja.

Historias conectadas por el Atlántico

La historia de Luisa Manuela de Carmona demuestra cómo las vidas de los marineros conectaban realidades a ambas orillas del Atlántico. Los mareantes tenían familias que los esperaban con escasas noticias de su paradero. Una muerte en Cartagena afectaba directamente a una familia andaluza, mientras que un tío que hacía fortuna en América podía apoyar a su sobrina con su dote.

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Estas son historias fundamentalmente conectadas por el océano Atlántico. No podemos comprender una orilla sin la otra, ni sin los barcos como el San José que hicieron posible esta comunicación oceánica.

El Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) continúa investigando la historia del galeón San José, que representa las historias entrelazadas de hombres y mujeres cuyos destinos se vincularon a esta nave. Estas trayectorias nos ayudan a comprender mejor la historia de Colombia y sus conexiones oceánicas.