El lado oscuro del K-pop: jornadas de 15 horas y control total detrás de estrellas como BTS
Lado oscuro del K-pop: jornadas de 15 horas y control total

El lado oscuro del K-pop: jornadas de 15 horas y control total detrás de estrellas como BTS

El regreso de BTS a los escenarios este sábado vuelve a poner los reflectores sobre una de las industrias culturales más rentables y controvertidas del mundo. El K-pop surcoreano combina talento, trabajo y una estructura empresarial de alta competencia, pero también carga con un lado oscuro que incluye agotamiento extremo, control sobre la vida privada de sus artistas y un modelo que, según sus propios protagonistas, trata a las personas como "productos reemplazables".

Un sistema de producción en masa

Detrás de cada grupo en tarima hay una apuesta de alto riesgo en el que las discográficas surcoreanas lanzan decenas de nuevos grupos cada año con la esperanza de encontrar al próximo BTS o Blackpink. Con cerca de 300 agrupaciones ya activas, alcanzar el éxito masivo es la excepción, no la regla.

Los pocos jóvenes que superan las audiciones iniciales entran a un sistema de entrenamiento intensivo donde las jornadas de hasta 15 horas combinan gimnasio, clases de canto, prácticas de baile y sesiones promocionales, sin garantía de debut ni de permanencia. Todo esto, mientras que las condiciones de vida dentro de ese sistema son parte del contrato no escrito y muchos trainees duermen en viviendas compartidas con literas, bajo un control que abarca su peso, su alimentación y su apariencia.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

Ryu Sera, exintegrante del grupo Nine Muses, describió esa experiencia como un "sistema de producción en masa tipo fábrica", donde los artistas son tratados como "productos reemplazables". Una comparación que incomoda a la industria, pero que pocos dentro de ella se atreven a rebatir con argumentos sólidos.

Dos caras de la moneda

Con todo lo anterior, vale agregar que los defensores del modelo tienen su propia lectura. Oh Chang-seok, mánager del grupo Blitzers, lo explicó sin rodeos al señalar que "no podemos ayudar a quienes recibieron una oportunidad de superación personal pero no pudieron seguir el ritmo de los demás".

Esa lógica de mercado ha sostenido el crecimiento de una industria que exporta cultura, mueve turismo y genera millones en licencias y productos, pero que acumula también una deuda social que hoy resulta difícil de ignorar.

Contratos esclavos y cambios legales

Uno de los cambios estructurales más importantes llegó por vía legal. Durante años, los llamados "contratos esclavos" vinculaban a los artistas con sus agencias por más de una década, con repartos de beneficios marcadamente desiguales. Una batalla judicial que involucró al grupo TVXQ llevó a que la comisión de comercio justo de Corea del Sur interviniera y en 2009 limitara los contratos iniciales a siete años, un hito que reequilibró, al menos en el papel, la relación entre las discográficas y sus artistas.

Pero el poder sigue siendo asimétrico y el comentarista cultural Kim Do-hoon señala que la estructura jerárquica entre la gestión y los cantantes no ha cambiado en su esencia. Las bandas son formadas por agencias que invierten capital y tiempo en un sistema vertical donde el control permanece arriba. BTS, el grupo más reconocido del planeta, fue construido bajo esa misma lógica. Su éxito no contradice el modelo, lo confirma.

El costo humano y la salud mental

Basta decir que el costo humano de esa estructura también está documentado. La industria ha registrado varios suicidios sospechosos, el más reciente en 2023 con la muerte de Moonbin, de 25 años, integrante del grupo ASTRO.

Aunque los especialistas en salud mental advierten que raramente hay un único factor detonante, el ciberacoso, el escrutinio permanente y la presión institucional aparecen de forma recurrente en estos casos, como variables que la industria todavía no ha logrado, ni quizás intentado en serio, desactivar.

El acoso de los fans obsesivos

A todo lo anterior hay que sumar que los fanáticos pueden volverse obsesivos, y la indignación por los rumores de que sus estrellas favoritas podrían tener relaciones sentimentales se convirtió en una característica de la industria.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar

Por ejemplo, cuando surgieron rumores de que Jung Kook de BTS salía con Winter, miembro de Aespa, los aficionados enviaron un camión con una valla publicitaria a la sede de la discográfica HYBE acusándolo de "engaño". Karina de Aespa enfrentó problemas similares cuando reconoció su relación con un actor en 2024, provocando la ira de sus seguidores que también enviaron un camión.

"¿No recibes suficiente amor de tus fans?", decía el mensaje. Karina ofreció sus "sinceras disculpas" en una carta escrita a mano, prometiendo que "no los decepcionaría" de nuevo, y poco después la pareja rompió.

Otros llevaron las cosas a extremos peligrosos. En 2024, Sunwoo fue agredido cuando un aficionado se escondió en una escalera de emergencia para enfrentarlo. La discográfica del grupo afirmó haber detectado también un dispositivo de rastreo en su vehículo. Este mes, una mujer brasileña fue acusada de acosar a Jung Kook de BTS. Supuestamente tocó el timbre de su casa y dejó -"por amor"- una carta 23 veces en un mes.

La industria del K-pop sigue generando millones y conquistando audiencias globales, pero detrás del brillo y la fama persiste un sistema que exige un precio humano cada vez más difícil de ignorar.