Manuel Vicent: El arte de mirar la vida desde la esperanza
Testigo privilegiado del siglo XX español, Manuel Vicent se prepara para celebrar sus 90 años el próximo 10 de marzo, manteniendo intacta su capacidad para observar y narrar el mundo con una mirada única. Desde su columna dominical en El País, donde reina desde 1981, este escritor valenciano ha convertido el articulismo en un género literario de altísimo nivel.
Una vida marcada por el Mediterráneo
Nacido en 1936 en La Vilavella, Castellón, justo antes del estallido de la Guerra Civil, Vicent guarda en su memoria los primeros aromas del mar Mediterráneo que lo acompañaron desde la infancia. "El mar se me adhirió a la piel para siempre", confiesa el escritor, cuya prosa sensual y rítmica bebe directamente de esas primeras sensaciones marinas.
Analógico militante y autodeclarado alérgico a las redes sociales -"son el Anticristo"-, Vicent continúa escribiendo con lapicero y libreta, aunque su amigo Juan Cruz Ruiz asegura que jamás toma notas. Su método se basa en el impacto de la primera impresión, sin documentación previa que pueda contaminar la frescura de su mirada.
El oficio del columnista profesional
Con aproximadamente 4.000 columnas escritas a lo largo de su carrera, Vicent define su oficio con precisión quirúrgica: "Lo más complicado es convencerte de que eso que vas a escribir vale la pena". Para él, la clave está en la profesionalidad, citando a Humphrey Bogart: "los individuos se diferencian entre profesionales y no profesionales".
Su fórmula para la columna perfecta es reveladora: "Sintetizar todo lo que ha pasado en la semana, narrarlo como algo cotidiano, y en el último párrafo dar un giro como quien vuelve un espejo". El objetivo final es que el lector se quede con la sensación de haber pensado, aunque Vicent se define a sí mismo como "profundamente superficial".
Filosofía de vida: lo esencial es gratuito
En su columna del 4 de enero, Vicent invitaba a agradecer las cosas cotidianas que no cuestan nada. "Lo mejor del mundo y de la vida es barato, si no, gratis", afirma con convicción. Para él, ver la vida desde el lado placentero constituye "un ejercicio ejemplar" y "la forma más moderna del proselitismo contra la violencia y la muerte".
Esta filosofía se sustenta en lo que sus conocidos describen como una "intuición para la felicidad" que parece venirle de fábrica. Valora especialmente la amistad, a la que describe con su palabra favorita: "La amistad es azul, maravillosa, siempre tiene un fondo de ayudas mutuas".
Reflexiones sobre la vejez y la muerte
A punto de cumplir nueve décadas, Vicent aborda la vejez con realismo poético: "Lo peor de la vejez es que es demasiado larga". La compara con un postre dulce en una sobremesa que se extiende más de lo deseado, ocupando ahora "un tercio de la vida".
Sobre la muerte, mantiene una postura serena: "Ahora mismo estoy entre las ganas de morir y el miedo a morir". Si pudiera elegir, preferiría una partida suave, en medio de la familia y sin dolor. Para lo que viene después, imagina simplemente "el silencio", citando a Samuel Beckett: "la vida es un caos entre dos silencios".
Legado literario y proyectos actuales
Autor de quince novelas y ocho libros de memorias y artículos, Vicent ha recibido numerosos premios, incluyendo dos veces el Premio Alfaguara y el Premio Nadal. Actualmente se encuentra trabajando en una nueva novela corta que Alfaguara publicará en el primer trimestre de 2027, aunque prefiere mantener el tema en secreto por ahora.
Su último libro de memorias, "Una historia particular", recorre su vida y la historia de España a través de recuerdos sensoriales: los aromas de la infancia, el perfume salobre del mar, la música y los pequeños detalles que conforman una existencia plena.
Mientras se acerca a los 90 años, Manuel Vicent sigue encontrando motivos para la esperanza en lo cotidiano, demostrando que, efectivamente, lo mejor de la vida suele ser aquello que no tiene precio.



