Manuela Nieto: la cerámica como legado familiar y terapia creativa
Manuela Nieto, una joven ceramista colombiana, ha convertido su pasión por la arcilla en un negocio próspero y una forma de enseñanza inspiradora. A través de su página de Instagram, @karmanuela_, ofrece talleres que se pueden reservar, conectando con un público ávido por aprender este arte milenario.
Un inicio marcado por la tradición familiar
Su relación con la cerámica comenzó durante sus estudios de artes visuales en la universidad, cuando se enfocó en la escultura. "Le conté a mi abuela que estaba haciendo cerámica y fue muy bonito porque ella tenía un montón de libros de mi bisabuela sobre el mismo tema", recuerda Nieto. Este descubrimiento fortaleció su interés, especialmente durante la pandemia, cuando su abuela le regaló un horno pequeño que su bisabuela usaba para hacer cerámica para muñecas. Con esa herramienta, dio sus primeros pasos en este mundo.
El proceso de aprendizaje: paciencia y conexión con los elementos
Aprender cerámica requiere mucha paciencia, pero Nieto enfatiza que es un ejercicio diario que nunca termina. "La cerámica se enfoca en los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego. Necesitas los cuatro y tienes que aprender a usarlos a tu favor", explica. Para ella, este arte enseña a lidiar con la frustración: si una pieza no sale bien, se repite el proceso, simplificando así el camino hacia la maestría.
De pasión a negocio: un salto audaz
Convertir su pasión en un negocio fue un acto de valentía. "Simplemente dije: 'me voy a lanzar'", afirma Nieto. Empezó vendiendo tazas personalizadas con rostros, luego creó piezas más divertidas relacionadas con el juego. Sus ventas iniciales fueron a amigos por Instagram, pero tras graduarse, fue invitada a dictar un taller. La demanda creció, y su abuela, quien imparte clases de dibujo, le ofreció compartir su espacio de trabajo. Hoy, Nieto ofrece clases personalizadas, grupales, en pareja y semanales, trabajando codo a codo con su abuela.
Enseñar cerámica: una labor de paciencia y disfrute
Para Nieto, enseñar cerámica a principiantes es una experiencia gratificante. "Creo que todo el mundo tiene la capacidad de aprender algo nuevo, de cambiar su rutina y de desconectarse un poco", dice. Su método comienza con enseñar el amasado de la arcilla, explicando cómo evitar burbujas que podrían hacer explotar la pieza en el horno. Luego, guía a los alumnos según sus intereses, fomentando que disfruten el material y se relajen.
La cerámica como terapia y conexión emocional
Muchos relacionan la cerámica con la terapia, y Nieto está de acuerdo. "La arcilla no perdona. Si aparece una grieta cuando la pieza ya está seca, puedes intentar remendarla cuantas veces quieras, pero volverá a salir después de la quema", señala. Esto enseña a soltar y a no apegarse demasiado a los objetos, reciclando la arcilla si es necesario. Su pieza favorita actualmente es un sánduche de jamón y queso que evoca su infancia y los platos que su abuela le preparaba, expuesto en la Galería Salón Comunal.
Trabajar sola: un espacio de introspección y desconexión
Para Nieto, trabajar sola en su taller es una conexión física y emocional profunda. "Se vuelve algo más introspectivo: me desconecto de lo que está pasando alrededor y me concentro en el material", describe. Este aislamiento le ayuda a organizar sus ideas y enfrentar retos creativos. Además, la cerámica la obliga a desconectarse del celular y las redes sociales, ya que sus manos llenas de arcilla hacen imposible distraerse, encontrando satisfacción en esta desconexión total.