De la carpa del circo a la pantalla digital: la transformación de Mayiyi
Mayiyi: del circo a la comedia digital

Del circo a la comedia digital: la evolución de Mayiyi

Rogelio Peral, reconocido hoy en día bajo el seudónimo artístico de Mayiyi, nació dentro de una tradición circense familiar donde su abuelo destacó como uno de los payasos más emblemáticos de Cuba. Esta herencia no fue simplemente un antecedente anecdótico, sino una escuela fundamental que moldeó su percepción del espectáculo y la conexión con el público.

La formación en el mundo del circo

En el ambiente circense, antes de que inicie la función musical y los artistas aparezcan en escena, existe un momento particular de silencio breve. En ese instante se ajustan detalles mínimos y se observa al público como quien toma una medida precisa. Quien crece en ese entorno aprende rápidamente que la risa no se improvisa completamente, sino que se trabaja con dedicación y técnica.

Para Mayiyi, el circo no representa una postal nostálgica sino una escuela práctica intensiva: maquillaje, rutinas establecidas, ensayos constantes y la capacidad de corregir errores en el instante mismo. Lo más valioso fue aprender a leer la reacción del público sin filtros ni intermediarios, una habilidad que después trasladaría al mundo digital.

Puntos de quiebre y transformación

A los 12 años, la vida de Rogelio Peral cambió radicalmente debido a un accidente grave que le desprendió la primera y segunda vértebra del cráneo. El diagnóstico médico fue devastador: la posibilidad de sobrevivir resultaba incierta y, en caso de lograrlo, las secuelas parecían inevitables. Con el tiempo, este episodio dejó de contarse como un golpe dramático para convertirse en un punto de conciencia profunda.

No lo convierte en trofeo narrativo. Lo resume de manera seca y directa: "Si sobrevivía, me dijeron que apenas podría mover la boca". Esta frase, aparentemente simple, ordena el resto de su historia personal y profesional.

La adolescencia trajo otro quiebre significativo. A los 17 años llegó a Estados Unidos, experiencia que no relata como un salto glamuroso sino como una etapa de fricción constante. Vivió noches en la calle mientras su madre estaba hospitalizada, enfrentando un tipo de silencio que no tenía que ver con la soledad física sino con la ausencia de respuestas claras ante la adversidad.

La acumulación de oficios

En ese período, el trabajo fue cambiando de forma pero no de dirección esencial. Regresó al mundo circense, formó un grupo musical, aprendió ingeniería de sonido y abrió su propio estudio de grabación. La música le afinó el oído técnico y artístico, mientras que el sonido le enseñó paciencia meticulosa. El circo mantuvo viva una intuición que después sería clave en su carrera: el ritmo constituye una forma de inteligencia escénica.

Posteriormente estudió cinematografía y fue reconocido como director profesional. Este logro, que en una biografía convencional se destacaría como punto culminante, en su trayectoria funciona como engranaje esencial: el cine le proporcionó estructura narrativa, técnicas de storytelling y una manera de observar lo cotidiano con intención de escena.

El nacimiento de Mayiyi

Paradójicamente, Mayiyi nació el día en que algo salió mal en un proyecto cinematográfico. Había escrito y dirigido un cortometraje, pero el actor principal no apareció el día del rodaje. Con el equipo técnico listo y sin tiempo para rearmar toda la producción, decidió asumir el papel protagónico él mismo.

No fue una decisión heroica sino una salida de emergencia práctica. Sin embargo, ese paso improvisado reveló un registro interpretativo que hasta entonces no estaba en primer plano. "Tenía miedo, pero sentí que estaba exactamente donde debía estar", recuerda sobre aquel momento decisivo.

La consolidación en redes sociales

En plataformas digitales, al inicio experimentó como lo hacen muchos creadores: sketches variados, chistes de diferentes estilos, formatos diversos. No todo conectaba con la misma intensidad. El punto de quiebre llegó con una parodia sobre la cuarentena y el toque de queda durante la pandemia. La reacción del público fue inmediata y masiva.

Las personas se reconocieron en lo que estaban viendo y lo compartieron ampliamente, como suele ocurrir con los contenidos que parecen hablar directamente de las experiencias colectivas sin pedir permiso. Ahí surgió una idea que sostiene buena parte de su trabajo actual: la comedia funciona mejor cuando toca algo real y reciente, cuando no se siente artificialmente fabricada.

En su caso particular, esta comprensión no lo llevó a repetir una fórmula exitosa, sino a afinar constantemente su enfoque creativo. Situaciones cotidianas, referencias culturales cercanas, un tono que no necesita sobrexplicarse: estos elementos se convirtieron en señas distintivas de su estilo.

El trabajo detrás de las cámaras

En un ecosistema digital donde muchos creadores delegan procesos como grabación, mezcla o edición, Mayiyi suele involucrarse en casi todas las etapas de producción. Graba voces, ajusta tonos, filma escenas, edita material. Repite tomas, cambia líneas de diálogo y regresa constantemente a corregir detalles.

La rutina puede volverse insistente, y él no lo disimula: "Yo corto, vuelvo a ver, me río solo y digo 'esto está durísimo'... y a los cinco minutos lo cambio otra vez". Esta dedicación artesanal refleja la formación multidisciplinaria que recibió a lo largo de su vida.

Una trayectoria de acumulación creativa

Su historia, vista en conjunto, no se entiende como una línea perfecta ascendente sino como una acumulación progresiva de oficios y experiencias. El circo le proporcionó escenario y presencia escénica. La música le otorgó sensibilidad auditiva y comprensión rítmica. El cine le aportó estructura narrativa y visión directoral. La experiencia migratoria le dio una perspectiva particular para observar la realidad sin suavizar demasiado sus aristas.

Aunque hoy el público lo encuentre principalmente en una pantalla digital, hay algo que sigue funcionando con lógica antigua: la comedia, al final, se sostiene por una pregunta simple pero fundamental. ¿Esto hace sentir algo genuino o no? En el circo tradicional la respuesta llega en el acto mismo, de manera inmediata. En redes sociales y plataformas digitales, la retroalimentación tarda un poco más en manifestarse. Pero el criterio esencial, para Mayiyi, parece mantenerse idéntico: la conexión auténtica con quien observa.