La Met Gala: un evento de élite donde el poder y el arte se unen
Cada primer lunes de mayo, las escaleras del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York se convierten en el epicentro del universo del entretenimiento. Sin embargo, asistir a la Met Gala no es solo cuestión de tener una cuenta bancaria abultada para pagar los 50.000 dólares que puede costar un cubierto; es, ante todo, una cuestión de gracia divina otorgada por Anna Wintour.
A lo largo de los años, la “papisa de la moda” ha demostrado que la lealtad al evento es sagrada. Aquellos que se han atrevido a morder la mano que los alimenta —criticando la logística, el ambiente o a la propia Wintour— han descubierto que el camino de regreso es casi imposible. Basándonos en las declaraciones de los propios artistas y en la confirmación de la editora, estos son los nombres que difícilmente volveremos a ver bajo los flashes de la Quinta Avenida.
El veto irreversible: Donald Trump
Es el único caso confirmado por la propia Wintour. En 2017, durante una entrevista en The Late Late Show with James Corden, se le preguntó a quién nunca volvería a invitar. Sin titubear, respondió: Donald Trump. Aunque el expresidente fue un asistente asiduo durante décadas, su transición a la política y la polarización que genera sellaron su destino fuera de la gala.
Críticas de honestidad brutal: Demi Lovato y Zayn Malik
La honestidad puede ser un arma de doble filo. Demi Lovato asistió en 2016 y su experiencia fue tan traumática que terminó en una reunión de Alcohólicos Anónimos esa misma noche. “Tuve una experiencia terrible. Una celebridad fue una completa ‘perra’ y el ambiente era de grupitos”, confesó a Billboard. Wintour no tomó bien sus palabras y Lovato estuvo ausente durante ocho años, logrando un “indulto” apenas en la edición de 2024.
Por su parte, Zayn Malik fue tajante tras su aparición en 2016 junto a Gigi Hadid. “Preferiría estar en casa haciendo algo productivo que vestirme con ropa cara para que me fotografíen. Ese show egocéntrico no es lo mío”, declaró a GQ. Desde entonces, su silla ha permanecido vacía.
Los “arrepentidos” y los castigados por el protocolo
Gwyneth Paltrow y Amy Schumer también formaron parte del grupo de críticos. Paltrow llegó a decir en 2013 que el evento era “espantoso y caluroso”, mientras que Schumer lo calificó como una “farsa” donde todos parecen “idiotas”. No obstante, tras años de “penitencia”, ambas han logrado regresar, demostrando que en el mundo de Vogue, el perdón existe si el estatus de la celebridad es lo suficientemente alto.
El caso de Tim Gunn, mentor de Project Runway, es distinto. Su veto no fue por criticar la gala, sino por contar una anécdota personal sobre Anna Wintour siendo cargada por guardaespaldas en un desfile. Ese “irrespeto” a la imagen de la editora lo borró del mapa de la moda de Condé Nast permanentemente.
Reglas de oro: No fumar, no selfies
Finalmente, el veto puede llegar por desobediencia. Tras la gala de 2017, donde celebridades como Bella Hadid y Dakota Johnson fueron captadas fumando en los baños del museo, la junta del Met endureció las reglas. Aunque no hay un veto oficial público para ellas, la advertencia fue clara: cualquier comportamiento que ponga en riesgo la colección de arte o viole las leyes de salud de Nueva York es motivo suficiente para no recibir la tarjeta dorada el año siguiente.
En la Met Gala, el silencio y la elegancia son la mejor invitación. Quien rompe el hechizo, se queda fuera del cuento.



