La máscara de lucha libre como herramienta política en el arte santandereano
Máscara mexicana: de objeto a herramienta política en Santander

La máscara que trasciende el ring: un dispositivo político en el arte santandereano

La máscara de lucha libre mexicana que Milton Afanador Alvarado incorporó en su práctica artística representa mucho más que un simple objeto folclórico. Este elemento textil, aparentemente sencillo en su construcción, se ha convertido en un poderoso dispositivo que permite transformar el pudor personal en gesto político, otorgando una valentía prestada para habitar el espacio público con nuevas posibilidades expresivas.

El regreso con 'Primigenio' y la memoria performática

El artista santandereano reaparece en la escena cultural regional con su participación en 'Primigenio (2026)', la exposición inaugural de la agenda anual del Museo de Bellas Artes Casa de la Cultura Custodio García Rovira en Bucaramanga. La muestra, que permanecerá abierta al público desde el 6 hasta el 27 de febrero con entrada gratuita, reúne a 28 artistas y aproximadamente 40 obras bajo una curaduría dirigida por Juan Carlos Linares (Mausoleo) y B. Marcell Bohórquez.

Afanador presenta 'El Milton del Virreches – Autorretrato: el origen de mi performance', una fotografía de 34 x 25 centímetros que documenta acciones realizadas entre 2008 y 2010. Esta pieza, que anteriormente circuló en el 14º Salón Regional de Artistas Zona Oriente, trasciende la mera representación visual para convertirse en un ejercicio de memoria y desplazamiento identitario.

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De México a Santander: la transformación de un objeto

La historia de esta máscara comienza lejos de Bucaramanga. Durante una pasantía en México, Afanador no solo adquirió conocimientos técnicos, sino que aprendió a concebir el espacio público como escenario performático. Su proyecto inicial consistía en registrar la performatividad urbana, crear calendarios de bolsillo con estas imágenes y distribuirlos en el metro capitalino, mezclando así el arte con los flujos cotidianos de la ciudad.

Posteriormente, en Buenos Aires, la máscara mexicana dejó definitivamente su condición de objeto exótico para transformarse en una identidad portátil. Allí nació 'El Milton del Virreches', performance en la cual Afanador, portando la máscara, señalaba elementos 'parecidos entre sí' en plazas de mercado, fruterías y escenas urbanas, enfatizando una idea fundamental: nuestra semejanza esencial, a pesar de los entrenamientos sociales que nos impulsan a destacar diferencias.

Contexto cultural: México en la cotidianidad santandereana

La apropiación de elementos mexicanos por parte de Afanador no ocurre en un vacío cultural. México lleva décadas inserto en la vida cotidiana de Santander a través de múltiples manifestaciones:

  • Expresiones musicales: Durante la Feria Bonita 2012, se registró una serenata con 'tono muy mexicano' que reunió a 130 mariachis. En pandemia, el mariachi Diego Forero, 'El Potrillo', recordó haber realizado aproximadamente siete serenatas antes del confinamiento.
  • Influencia gastronómica: El chef mexicano Rodrigo Cortés Cano, radicado en Bucaramanga, ha explicado cómo la apertura a nuevos sabores, las redes sociales y los procesos migratorios han permitido adaptar platos mexicanos sin perder su esencia.
  • Prácticas simbólicas: El Día de Muertos ha encontrado espacio en la región, como demostraron en 2022 dos estudiantes mexicanas de intercambio que llevaron esta tradición a la UDES.

La máscara como metodología de supervivencia artística

La obra de Afanador, lejos de constituir un simple cosplay latinoamericano, representa un método de supervivencia creativa. Formado en Artes Plásticas en la Universidad Industrial de Santander y especializado en Buenos Aires, el artista ha desarrollado una trayectoria de más de dos décadas que lo sitúa entre quienes mantuvieron viva la escena artística regional durante períodos particularmente desafiantes.

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Investigaciones antropológicas como las de Heather Levi, quien estudió la lucha libre mexicana durante más de un año, confirman la dimensión performática y simbólica que Afanador intuyó desde la práctica. Levi plantea la lucha libre como un sistema cultural donde circulan política, espectáculo e identidad, siendo la máscara un elemento fundamental en la economía del secreto y la construcción del personaje.

Por su parte, el investigador fotográfico Héctor Orozco Velázquez analiza cómo la irrupción de las máscaras en el ring activa un imaginario seductor donde los luchadores representan fuerzas, animales o personajes, y el combate se organiza moralmente entre rudos y técnicos, modificando las respuestas emocionales del público.

Paradoja reveladora: la máscara que permite aparecer

La paradoja central en el trabajo de Afanador reside en que su máscara no cumple una función ocultadora, sino habilitadora. No se trata de desaparecer detrás del objeto, sino de aparecer con mayor fuerza y claridad. En un contexto contemporáneo marcado por migraciones, identidades en tránsito y nuevas generaciones que cuestionan constantemente cómo habitar el cuerpo cuando el mundo exige máscaras, la obra de Afanador adquiere renovada vigencia.

Lo que entre 2008 y 2010 pudo interpretarse como exploración formal o impulso creativo, hoy se lee como un testimonio precursor de debates actuales sobre performatividad, resistencia cultural y políticas del cuerpo. La máscara mexicana, transformada en herramienta santandereana, continúa interrogando las formas en que construimos y negociamos nuestras identidades en espacios públicos cada vez más complejos.