Fallece Antonio Samudio, artista colombiano del erotismo y la figura femenina a los 91 años
Muere Antonio Samudio, artista del erotismo y la figura femenina

Adiós a Antonio Samudio: el artista que celebró el erotismo y la feminidad con humor y color

El mundo del arte colombiano está de luto tras el fallecimiento de Antonio Samudio, el reconocido artista bogotano que dedicó su vida a explorar la figura femenina a través de pinturas y grabados llenos de erotismo, humor y vitalidad. Samudio murió el domingo en su natal Bogotá a la edad de 91 años, dejando un legado artístico que marcó profundamente el arte contemporáneo del país.

Un corredor de delicias y una obra llena de vida

En el segundo piso de su casa, Samudio había creado lo que él mismo denominaba 'El callejón de las delicias', un largo corredor decorado con una veintena de pinturas eróticas que resumían perfectamente su propuesta artística. Allí, entre colores vibrantes y escenas juguetonas, desfilaban mujeres con formas redondas y apetitosas, senos generosos y pubis desinhibidos, siempre con ese toque de ironía que caracterizó su trabajo.

"La mujer es un ser exquisitamente lleno de formas en su vestuario y en su color", explicaba Samudio en una entrevista con EL TIEMPO en 2023, revelando que sus personajes femeninos surgían de la admiración por lo que consideraba "el ser más importante del mundo". Para el artista, el atuendo femenino ofrecía una plasticidad única, una riqueza visual que exploró durante décadas.

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Una trayectoria consolidada en colecciones prestigiosas

Formado en pintura en Buenos Aires y graduado de Bellas Artes en la Universidad Nacional, Samudio participó en múltiples ediciones del Salón Nacional de Artistas desde finales de los años 50. Su obra trascendió fronteras, exhibiéndose en exposiciones colectivas e individuales en España, México, Chile y Argentina.

Hoy, sus creaciones forman parte de importantes colecciones como la del Museo Contemporáneo de Bogotá, la Colección Coltejer en Medellín, la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, la Biblioteca Luis Ángel Arango, el Museo de Bellas Artes de Caracas y la Colección Spencer de la Biblioteca Pública de Nueva York. El artista confesaba que una de las colecciones que más orgullo le generaba era la del Museo Rayo.

El estilo único: entre los moáis y la cotidianidad

Samudio atribuía su estilo distintivo a la influencia de las estatuas monumentales, particularmente los moáis de la isla de Pascua. Trabajador incansable, mantenía dos talleres separados: uno dedicado a la pintura y otro al grabado. Su producción se caracterizó por los formatos pequeños y los detalles minuciosos, una preferencia que, según bromeaba, surgió "después de los guayabos terribles" con su gran amigo Leonel Góngora.

Admirador confeso de maestros colombianos como Fernando Botero, Alejandro Obregón y Carlos Rojas, Samudio se destacaba por su sencillez y disciplina. Incluso en su avanzada edad, mantenía rutinas estrictas: "En la mañana pinto, y en la tarde grabo", contaba con esa mezcla de seriedad y humor que lo caracterizaba.

El humor como herramienta para sobrellevar la existencia

Para Samudio, el arte era "el enfrentamiento a la vida", una forma de asumir la realidad gracias a la imaginación y al humor necesario para sobrellevar la existencia. En sus propias palabras, era "una necedad del espíritu plástico que llevamos los pintores".

La LGM Galería, que representó su trabajo, definió su aporte como "una invitación constante a mirar con atención y curiosidad el mundo que nos rodea". Mientras que en un mensaje publicado en sus redes sociales se le despedía con estas palabras: "Despedimos a Antonio Samudio con tristeza, pero también con una profunda gratitud por todo lo que nos dejó. Su arte, su sensibilidad y su manera de mirar el mundo marcaron a quienes tuvimos la fortuna de conocer su obra y su espíritu creativo".

Antonio Samudio deja un vacío en el arte colombiano, pero su legado perdura en cada una de esas mujeres juguetonas que poblaron sus lienzos, en cada grabado minucioso, en cada pincelada cargada de color y, sobre todo, en esa mirada llena de humor con la que invitaba a contemplar la vida y la feminidad desde una perspectiva fresca, irreverente y profundamente humana.

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