Natsuki Ikezawa: El novelista japonés que se inspiró en García Márquez para crear su obra maestra
Natsuki Ikezawa: El japonés que se inspiró en García Márquez

El encuentro con un maestro de la literatura japonesa

En el corazón de Tokio, el 11 de marzo de 2026, justo después del minuto de silencio que conmemora a las víctimas del terremoto y tsunami de 2011, nos encontramos con Natsuki Ikezawa, uno de los escritores más importantes del Japón contemporáneo. El autor, con aspecto de explorador nórdico con su abrigo beige y barba entrecana, accedió a compartir su trayectoria literaria marcada por una profunda influencia latinoamericana.

Una carrera literaria excepcional

Natsuki Ikezawa, nacido en julio de 1945 en Obihiro, Hokkaido, ha publicado más de 40 libros, ensayos y recopilaciones literarias que le han valido los premios más prestigiosos de la literatura japonesa. Entre ellos destaca el Premio Akutagawa, máximo galardón de la ficción japonesa, que recibió en 1988 por su novela "Still Life" ("Naturaleza muerta").

El escritor, que ha vivido largas temporadas en Grecia y Francia, y ha residido en diversas regiones de Japón desde Hokkaido hasta Okinawa, actualmente trabaja en Nagano. Su literatura está marcada por una visión animista del mundo, particularmente evidente en su tratamiento de las víctimas del terremoto de 2011, tema recurrente en sus obras.

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El descubrimiento que cambió su escritura

"Fui el primer japonés en leer 'Cien años de soledad'", afirma Ikezawa con una sonrisa mientras toma su café solo. Explica que consiguió una de las primeras traducciones al inglés que llegaron a Japón en la década de 1970, y que la obra lo sedujo por ser "completamente distinta a cualquier novela que había leído hasta entonces".

La fascinación inicial como lector pronto se transformó en curiosidad técnica como escritor. "Enseguida quise entender su mecanismo interno", confiesa. Para navegar por la compleja trama de García Márquez, desglosó la historia de Macondo en 80 entradas cronológicas e inventarió sus 13 personajes principales.

Esta guía resultó tan eficaz que la editorial Shinchosha la publicó por separado y la obsequió como material complementario. Según cifras del editor, en 2024 se tuvieron que imprimir 380.000 copias de la edición de bolsillo que incluía este análisis.

El nacimiento de Matías Guili

La deconstrucción de "Cien años de soledad" le reveló a Ikezawa que lo sobrenatural podía narrarse con el mismo tono que lo cotidiano. "En aquella época la literatura japonesa empezaba a hacerse 'universal'. Leías libros extranjeros y construías desde ahí tu propia escritura", explica sobre su apropiación de recursos narrativos del "boom" latinoamericano.

Retomó entonces un proyecto que tenía pendiente: ambientar una novela en las islas de Micronesia que estuvieron bajo control japonés en la primera mitad del siglo XX. Inventó una república insular de 60.000 habitantes en medio del Pacífico llamada Navidad, donde tres de las islas se llaman Melchor, Gaspar y Baltasar.

Asignó la presidencia a un descendiente de japoneses llamado Matías Guili, inspirado en los dictadores latinoamericanos del siglo pasado. "Miraba de reojo 'El otoño del patriarca', pues quería escribir mi propia novela presidencial", añade.

Un dictador diferente

El Matías Guili de Ikezawa es un tirano pacífico que duerme solo dos horas diarias, no sueña nunca y esconde en un papel escrito su rutina diaria para ocultar su amnesia. Su poder político comienza a deteriorarse cuando un autobús lleno de veteranos japoneses desaparece misteriosamente, desencadenando una conspiración mágica y política que no puede controlar.

"Comparado con (el patriarca de) García Márquez, le falta oscuridad, le falta maldad", reconoce el autor, atribuyendo esta diferencia a la ausencia en la cosmovisión japonesa de opuestos irreconciliables. "En el catolicismo hay una luminosidad deslumbrante y una oscuridad absoluta que producen un contraste extremo. Es algo que mi imaginación no ha logrado construir bien", confiesa.

La novela "El incidente de Navidad: la caída de Matías Guili" (traducida al inglés por Alfred Birnbaum, el mismo traductor que introdujo a Haruki Murakami al mundo anglófono) obtuvo en 1993 el premio Tanizaki, otro de los grandes reconocimientos literarios nipones.

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El reconocimiento de la crítica

Para Fumiaki Noya, uno de los grandes especialistas japoneses en García Márquez, esta obra representaba "la primera vez que la literatura latinoamericana abría un territorio, el de los relatos, que no solía ser cultivado en la literatura japonesa moderna".

"Sin García Márquez, Ikezawa no se hubiera interesado en la literatura latinoamericana y sin 'Cien años de soledad' no existiría Matías Guili", afirmó Noya en un coloquio con el autor publicado en 1993 en la revista literaria "Shincho".

Reflexiones sobre Japón y la literatura

Al recordar la fecha de nuestra entrevista, coincidente con el aniversario del terremoto de 2011, Ikezawa cuenta que recorrió las zonas afectadas y presenció escenas muy duras. "Caminando solo entre los escombros me pregunté ¿Quiénes somos los japoneses? Y concluí que la mejor forma de conocernos es leyendo nuestra literatura", reflexiona.

El autor expresa preocupación por la homogeneidad étnica de su país "que suele fomentar el nacionalismo en tiempos de guerra", pero celebra que "en la cultura es al revés: entre más tipos de personas distintas hay, más se estimulan mutuamente, más ideas inusuales brotan".

Elogia el verbo fundamental de la cosmogonía japonesa "naru" (convertirse, volverse, suceder), que refleja una visión del universo que funciona de forma espontánea, en contraste con la visión cristiana de un Dios diseñador. Para terminar, evita los mensajes grandilocuentes y simplemente aconseja a las siguientes generaciones no dejar de leer libros, preferiblemente en papel.