Studio Ghibli es probablemente el estudio de animación japonés más reconocido a nivel mundial, y su figura más emblemática es Hayao Miyazaki, director de obras como Mi vecino Totoro, El viaje de Chihiro y El niño y la garza. Sin embargo, menos conocido pero con una carrera igualmente ilustre fue Isao Takahata (1935-2018), quien dirigió numerosas series, películas y documentales. Los colombianos tienen cierta familiaridad con él, ya que estuvo a cargo de Heidi (1974), una producción que reunió a muchos de los talentos que luego fundarían Ghibli en 1985. La atmósfera pastoril de ese clásico contrasta fuertemente con la película que nos ocupa: Pom Poko, que aborda las consecuencias de la expansión urbana en Japón entre los años 60 y 90. Pom Poko es también probablemente la producción “más japonesa” del catálogo del estudio, por lo que requiere algo de contexto antes de entrar en detalle.
Los tanuki: entre la realidad y el folclor
Los protagonistas son una comunidad de animales llamados tanuki, una especie endémica de Japón, similar al mapache pero más emparentada con los perros. Al igual que el mapache, es un animal omnívoro que ha logrado adaptarse hasta cierto punto a la pérdida de su hábitat, desplazándose entre la ciudad y el bosque para conseguir alimento. El sintoísmo, una de las religiones dominantes del país junto al budismo, considera a los tanuki como yokai (“espectros, apariciones”) y les otorga poderes sobrenaturales. Sus características más destacadas son su carácter travieso, su capacidad para asumir distintas formas (a veces con ayuda de una hoja, razón por la cual Mario se transforma en tanuki usando una) y sus enormes testículos, que también pueden transformarse. El sintoísmo es una religión animista que atribuye voluntad y valor espiritual a la naturaleza e incluso a objetos inanimados; por ello, a los yokai se les teme y a algunos se les guarda respeto, llegando a dedicarles santuarios. Una consecuencia de esto es que las áreas donde se cree que habitan se convierten en reservas naturales en la práctica: para evitar problemas con ellos, no se les molesta.
La devastadora historia detrás de Pom Poko
Los tanuki de Pom Poko son tal cual: disfrutan gastar bromas y divertirse, pueden ensanchar sus testículos hasta alcanzar un tamaño monstruoso y se transforman en lo que deseen, incluso en humanos, lo que les facilita conseguir comida extra en la ciudad, aunque no todos han desarrollado ese talento. Su “realidad” es dual: son animales a la vez que yokai, por lo que en la película poseen dos formas predominantes: la de una especie biológica de apariencia fotorrealista y la de seres fantásticos antropomorfizados que caminan en dos patas, hablan y usan ropa. El nombre de la cinta es el sonido que, se cree, hacen sus barrigas cuando las golpean como tambores.
Pom Poko es la crónica, con narrador incluido, de la guerra por la supervivencia de los tanuki de los bosques de las colinas de Tama, al suroeste de Tokio. En 1965, comenzó la construcción de Tama New Town, el suburbio más grande del país. A medida que los humanos expanden su territorio, los tanuki pierden sus hogares y fuentes de alimento, por lo que se reúnen para planificar y probar varios métodos para detener el proyecto urbano. Ponerse de acuerdo no es fácil, y ninguno de ellos odia por completo a los humanos, pues disfrutan de cosas como la comida rápida y la televisión.
Estrategias de resistencia: violencia y transformación
Algunos tanuki prefieren resistir con violencia, destruyendo equipos y matando obreros. Otros buscan métodos menos letales y se dedican a perfeccionar sus habilidades de transformación para convertirse en yokai terroríficos y hacer creer a los humanos que las colinas están embrujadas. Incluso consiguen la ayuda de tres sabios de las islas vecinas, quienes apelan al temor y al asombro que los yokai inspiran, al punto de que se les respeta como dioses en sus localidades. A la larga, ambas estrategias fallan: la construcción continúa, nuevos trabajadores reemplazan a los caídos y los citadinos no pasan de opinar que las apariciones son curiosidades.
La derrota divide aún más a los tanuki y radicaliza sus posturas. Los más jóvenes fundan un culto suicida, los más agresivos conforman una guerrilla que es masacrada por la policía, otros revelan sus poderes ante un equipo de reporteros para generar conciencia y transforman temporalmente el complejo urbanístico en lo que solía ser: un gran bosque con algunos asentamientos rurales. El impacto es visible pero mínimo: la gente deja comida a los tanuki en lugar de trampas y Tama New Town agrega algunas zonas verdes, pero la construcción sigue expandiéndose.
El destino de los zorros y la decisión final
Una de las preguntas que los tanuki se hacían a lo largo de la película era qué había ocurrido con los zorros (kitsune) de la zona, que también son yokai y poseen las mismas habilidades. Estos revelan que tomaron la decisión de vivir como humanos gracias a la metamorfosis; los que no sabían transformarse, quedaron a su suerte y murieron. Los tanuki eligen actuar del mismo modo, con gran pesar, aun cuando sus compañeros tengan más probabilidades de sobrevivir que los zorros.
Una mirada crítica y humorística al progreso
En una entrevista de 2002, Takahata explicaba que su estética buscaba crear una distancia entre el espectador y la cinta, suscitando preguntas sobre el proceder de los personajes antes que generar una reacción emocional específica. Pom Poko logra esto evitando dicotomías fáciles. Los tanuki detestan lo que los humanos han hecho, pero disfrutan algunas de sus creaciones y reconocen que sus habilidades los superan, generando incluso admiración. Varios humanos son simples trabajadores que intentan sobrevivir, otros tratan de comprender a los tanuki, y otros actúan con malicia para enriquecerse. Observaciones similares pueden hacerse sobre los pros y contras de los planes de los tanuki, y qué habrían podido lograr si hubieran actuado de otra manera.
Igualmente, habría sido fácil hacer una película trágica y deprimente, pero Pom Poko está llena de humor e ironía, con personajes que eligen aferrarse a la esperanza y seguir resistiendo juntos.
El simbolismo de los tanuki
La elección de los tanuki como protagonistas no es gratuita. Como afirma Melek Ortabasi, las historias de seres metamórficos del folclor japonés cumplían la función de relativizar y delimitar los límites entre humanos y animales. El tanuki real vive entre la ciudad y el campo; el tanuki del sintoísmo adapta distintas formas a voluntad. Al igual que ellos, el tanuki de Pom Poko es una criatura marcada por el cambio y la transición. Su lucha representa la del campesino que debe ir a la ciudad porque su vida se vuelve insostenible, la de los pueblos que han resistido los embates de la colonización, la de los paisajes que dejan de ser lugares valiosos o sagrados para convertirse en meras fuentes de recursos, y la de todo lo afectado por el avance del “progreso”. Su lucha no es solo la de las especies no humanas por existir, sino la de lo que se ha perdido ecosistémica, espiritual, antropológica y culturalmente a medida que todas las formas de vida quedan subsumidas bajo el dominio de las urbes.
*Una nota adicional sobre el nombre de la película: fue doblada en España como La guerra de los mapaches y así se encuentra en Netflix. Su nombre original es más irónico: “La guerra tanuki pom poko de la era Heisei”, siendo “Heisei” el nombre de la época del emperador Akihito (1989-2019).
Obras consultadas
- Crawford, Johnny. (2025). “The Activist Canon: Pom Poko and resisting hopelessness”. Johnny’s Substack [Blog]. Recuperado el 29 de abril de 2026.
- “Entretiens avec Isao Takahata”. (2019). Buta Connection [Blog]. Recuperado el 29 de abril de 2026.
- Melek Ortabasi. (2013) “(Re)animating Folklore: Raccoon Dogs, Foxes, and Other Supernatural Japanese Citizens in Takahata Isao’s Heisei tanuki gassen pompoko”. Marvels & Tales, 27 (2). pp. 254-275.
- Takahata, Isao (director). (1994). Pom Poko [Película]. Studio Ghibli.



