La Resurrección de Cristo: Un Llamado a la Defensa de la Vida en Colombia
El anuncio gozoso de la resurrección del Cristo ha impulsado históricamente la fuerza y la entereza de las primeras comunidades cristianas, motivándolas a reunirse, orar juntos, celebrar la fracción del pan y compartir con los más necesitados, como se relata en los Hechos de los Apóstoles (2,42-47). Este ideal comunitario sigue desafiando profundamente la vida de quienes seguimos a Jesucristo en un país marcado por contrastes extremos y por la negación sistemática de la vida.
La Vida Amenazada en un País de Contrastes
Entre nosotros, la vida se encuentra constantemente amenazada. Esta amenaza afecta a nuestros hermanos de los barrios periféricos de las grandes y pequeñas ciudades, a campesinos, indígenas, comunidades afrodescendientes del continente y las islas, así como a los habitantes de los centros urbanos. Desde el corazón mismo de esta tragedia humana, sigue resonando con fuerza el triunfo de la vida sobre toda forma de muerte. Y eso, en esencia, es lo que significa la resurrección.
Los cristianos no vivimos en estos días del simple recuerdo de un muerto ilustre del pasado, aunque Jesús de Nazareth fuera un actor social y religioso transformador. Por el contrario, sostenemos nuestra confianza y esperanza en alguien que vive: ¡Jesucristo! Aquel que fue asesinado por los poderes del mal, encarnados en sistemas económicos, políticos y religiosos dominantes que actuaron en connubio, sigue animando hoy a sus seguidores a mantener una defensa tenaz de la vida en todas sus manifestaciones.
Una Defensa Incondicional de la Vida y el Planeta
Esta defensa incluye la vida del planeta y la vida de todos los actores del escenario humano: los seres humanos. La fidelidad a la vida y la lucha contra todas las formas de muerte fueron proféticamente denunciadas por el papa Francisco con gran claridad en su exhortación Evangelii Gaudium. Esa misma fidelidad es la que mantiene el papa León ante la destrucción masiva que representan las guerras actuales.
La santa iglesia ha llegado a una conciencia innegociable: la guerra no es la solución a las complejidades de las situaciones humanas y, por lo tanto, no es posible justificarlas desde una fe en el Dios de la vida. Acudir a Dios para justificar las guerras es un acto perverso. Qué grandeza muestra la libertad del papa León en medio de un conflicto sostenido por su propio país; esa es la sublime libertad de los hijos e hijas de Dios ante cualquier fuerza contraria a la justicia, la solidaridad, la misericordia y la bondad que generan la paz auténtica.
Resurrección como Búsqueda del Triunfo Vital
La resurrección se manifiesta así como la búsqueda constante del triunfo de la vida, la organización en defensa de la vida y la denuncia profética de todas las instancias de muerte y justificación de la violencia que pueden generarse en un país cargado de desigualdades acumuladas. Desde la grandeza gélida de los páramos andinos hasta las ardientes islas de la Costa Caribe, debe resonar una vez más el canto alborozado: ¡La vida volvió a vivir!, ¡Jesucristo ha resucitado!
Que esta verdad se encarne en ti y en mí mediante nuestra apuesta incondicional por la vida amenazada. Esta es la esperanza en la resurrección de la vida en paz, que debe realizarse primero en la familia y extenderse luego a todo lugar, iluminando cada rincón de nuestra nación con el mensaje transformador de la resurrección.



