Silvestre Dangond cerró 'El último baile' en Bogotá con lluvia y euforia
Silvestre Dangond cerró 'El último baile' en Bogotá con lluvia

El Campín volvió a vestirse de rojo silvestrista este viernes 15 de mayo. Pero esta vez no era cualquier concierto. Era el cierre de ‘El último baile’ en Colombia, antes de continuar a la gira internacional. El último concierto de la gira en el país fue bautizado ‘El baile de todos’ por el urumitero. La despedida definitiva de un álbum que volvió a convertir la dupla de Silvestre Dangond y Juancho De La Espriella en una de las uniones más queridas del vallenato moderno. Y Bogotá respondió como si supiera que estaba asistiendo a una noche irrepetible.

Una noche de emociones y sorpresas

A las nueve de la noche en punto se apagaron las luces y empezó a sonar ‘La gringa’. Bastaron los primeros versos para que el estadio estallara. Más de 40 mil personas saltaron, gritaron y cantaron como si quisieran guardar cada acorde en la memoria. Silvestre apareció sonriente, desafiante, vestido del rojo silvestrista, recorriendo el escenario de lado a lado, mientras Juancho volvía a sacar de su acordeón ese sonido dosmilero y parrandero que marcó a toda una generación.

“¡No hay como el público cachaco!”, gritó varias veces el urumitero durante la noche. Y cada vez que lo hacía, El Campín respondía como si fuese el Parque de la Leyenda Vallenata. El concierto terminó convirtiéndose en una declaración de amor mutua entre Bogotá y Silvestre.

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Invitados especiales que marcaron la noche

Desde el inicio el cantante pidió disfrutar más y grabar menos. Pero era imposible no sacar el celular cuando comenzaron a desfilar los invitados sorpresa que transformaron el concierto en un viaje por distintas generaciones y géneros musicales.

El primero en aparecer fue Feid. Y entonces ocurrió algo curioso: el rojo silvestrista se volvió verde reguetonero. El Campín pasó del vallenato al perreo en cuestión de segundos cuando ambos interpretaron ‘Luna’. Miles de luces verdes iluminaron el estadio mientras Ferxxo y Silvestre se abrazaban y brincaban sobre la tarima como dos amigos celebrando una fiesta privada frente a toda Bogotá.

Minutos después apareció Morat. Los bogotanos recibieron a la banda de la casa con una ovación que estremeció el estadio. Junto a Silvestre interpretaron ‘Lo poco que yo quiero’, la nueva canción que grabaron juntos. El vallenato y el pop bogotano se mezclaron entonces en un Campín que parecía cantar al unísono cada palabra, mientras Silvestre pedía que la cantaran pero en versión vallenato.

Luego llegó Manuel Turizo. El monteriano apareció entre humo y luces blancas para cantar ‘El pacto’. Y otra vez el estadio cambió de ritmo. Silvestre, que durante más de tres horas no dejó caer la energía ni un instante, iba llevando el concierto por distintos estados emocionales: la parranda, la nostalgia, la fiesta, el homenaje.

Lluvia, nostalgia y homenajes

Porque también hubo espacio para las lágrimas. La lluvia apareció justo cuando empezaron a sonar las canciones de Omar Geles. Como si Bogotá hubiera decidido acompañar con agua el recuerdo del compositor vallenato que marcó buena parte de la historia musical de Dangond. Mientras caía el llanto del cielo sobre El Campín, Silvestre interpretó varios de los clásicos escritos por Geles y miró varias veces al cielo. Y por momentos el concierto dejó de parecer un espectáculo multitudinario para convertirse en una parranda íntima, melancólica, casi espiritual.

La emoción volvió a sentirse con fuerza cuando interpretó ‘La indiferencia’. Al terminar la canción, Silvestre se tomó unos segundos para agradecer públicamente a Lucho Alonso, el único cirujano con melodía y compositor de varias de las canciones que han marcado la historia del cantante.

El urumitero se mostró particularmente cercano durante toda la presentación. Aplaudió varias veces a “los cachacos”, agradeció el cariño que Bogotá le ha dado durante su carrera y recordó cómo la ciudad terminó convirtiéndose en uno de los lugares más importantes para su historia artística.

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El cierre con El Cholo Valderrama

Y cuando parecía que la noche no podía ofrecer más sorpresas, llegó el último invitado. Las luces bajaron. El escenario quedó casi a oscuras. Entonces apareció el maestro: El Cholo Valderrama. La ovación fue inmediata. Junto a Silvestre interpretó ‘Mi hermano y yo’, el clásico inmortal de Los Zuleta. El Campín entero cantó la canción como si fuera un himno nacional vallenato. Después, el llanero tomó el escenario para interpretar en solitario ‘Mi caballo y yo’, en un momento profundamente colombiano, donde el vallenato y la música recia se abrazaron frente a miles de personas.

Ya para entonces habían pasado más de tres horas desde que empezó el concierto. Pero nadie quería irse. Silvestre seguía corriendo de un lado a otro. Juancho seguía exprimiendo su acordeón. El público seguía cantando como si el reloj no existiera. Y quizás esa fue la verdadera esencia de ‘El baile de todos’: no una despedida triste, sino una celebración gigantesca de una unión musical que terminó marcando la historia reciente del vallenato.

Bogotá, bajo la lluvia, terminó siendo el escenario perfecto para ese cierre. Porque mientras el cielo se despejaba sobre El Campín y el público seguía coreando cada canción, quedó claro que Silvestre Dangond no solo vino a cantarles a los cachacos. Vino a agradecerles.