El Teatro Libre de Bogotá: entre el arte y la deuda
La escena era memorable: Danielle Bessudo, esposa del presidente de Aviatur, Jean Claude Bessudo, susurraba "Yo no sé si te quiero o te odio" mientras observaba a su marido en el escenario del Teatro Libre de Bogotá. Era el 16 de mayo de 2011, y Bessudo protagonizaba a Monsieur Jourdain en El burgués gentilhombre de Molière, vestido con medias pantalón rosadas y una capa verde botella con tonos dorados.
Un recuerdo que contrasta con la realidad actual
A la derecha de la narradora estaba sentado el entonces presidente Juan Manuel Santos, riendo con las ocurrencias de Bessudo, un antiguo miembro del grupo de teatro del Liceo Francés y compañero de Ricardo Camacho, fundador y director del Teatro Libre. Aquella producción, impulsada para rescatar al teatro de una difícil situación económica, contó con el apoyo del Ministerio de Cultura, generó prensa gratuita en medios nacionales y permitió a Bessudo divertirse como nunca.
Sin embargo, Ricardo Camacho, director cascarrabias y estricto que solo trabajaba con actores profesionales, nunca perdonó del todo aquella decisión. Hoy, a sus 78 años, enfrenta una nueva crisis que amenaza la supervivencia de la institución.
La deuda que asfixia al teatro clásico
El Teatro Libre, especializado en montar obras de Shakespeare, Chejov y Dostoyevski, debe al distrito de Bogotá cerca de 800 millones de pesos por conceptos de:
- Impuestos prediales
- Intereses acumulados
- Sanciones administrativas
Según Fabián Velandia, director ejecutivo del Teatro Libre, se ha propuesto a la Alcaldía un plan de pago que incluye:
- Cancelar el capital adeudado (aproximadamente 187 millones de pesos) en efectivo
- Abonar los intereses y sanciones (menos de 600 millones) mediante espectáculos en colegios distritales
- Permitir el uso de las salas del teatro por parte de entidades públicas de la ciudad
Un llamado al alcalde y a la ciudad
Ayudar al Teatro Libre a solucionar esta deuda es el mínimo que puede hacer el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, en favor del teatro clásico colombiano. Además, representa el homenaje que Ricardo Camacho merece por dedicar su vida a que Colombia disponga del mejor teatro clásico.
La situación del Teatro Libre refleja un problema más amplio: no hay derecho a que cobren impuestos excesivos a quienes apenas sobreviven haciendo teatro, arte, música, literatura y periodismo independiente. Estas disciplinas, esenciales para la cultura nacional, enfrentan barreras financieras que ponen en riesgo su continuidad.
El destino del Teatro Libre no solo afecta a sus directores y actores, sino a toda una tradición cultural bogotana que ha formado parte del paisaje artístico de la ciudad durante décadas. Su posible cierre sería una pérdida irreparable para las artes escénicas en Colombia.
