Therianismo: ¿Síntoma de decadencia social o búsqueda de identidad en la era moderna?
Therianismo: ¿Decadencia social o búsqueda de identidad moderna?

El despertar therian: Cuando la identidad humana se diluye

En una mañana cualquiera, tras sueños apacibles libres de responsabilidades cotidianas, numerosos individuos alrededor del globo despertaron convencidos de ser therians. Algunos se autopercibieron como osos panda, aunque la ilusión fue efímera al recordar su condición de especie en peligro. Otros optaron por identificarse con cerdos, pero el temor a convertirse en plato navideño los hizo reconsiderar. Hubo quienes, lejos de verlo como pesadilla, celebraron esta transformación identitaria, adoptando roles de perros falderos o gatos amistosos con roedores. Un caso particular fue el del lector de Moby Dick que aspiró a ser ballena vengativa, intento que resultó tan descomunal como fallido.

Un fenómeno con raíces ancestrales

Recientemente, aunque el tema tiene décadas de antigüedad, las redes sociales han sido escenario de intensos debates sobre los therians. Algunos comentaristas sugieren que esta tendencia podría remontarse al antiguo Egipto, mientras otros más audaces la vinculan con las pinturas rupestres de Altamira. Expertos señalan que desde las sociedades más primitivas existe una noción de continuidad entre animales y humanos, una línea tan delgada que puede engrosarse hasta imaginar cordones umbilicales conectados con cocodrilos o babosas.

Hasta ahora, nadie ha reportado casos de personas que se autoperciban como zancudos -"contra quien el gringo nada pudo", según la célebre frase de Vargas Vila- ni como serpientes del paraíso. Sin embargo, sí existen quienes anhelan transformarse en Pegaso. En medio de esta confusión con tribus urbanas, alguien recordó con humor la leyenda del centauro costeño, esa fusión entre hombre y burro que según tradiciones de tierra caliente puede rastrearse en poblaciones como Mompox. No faltaron quienes advirtieron que este "agite therian" podría ser una distracción para ignorar amenazas geopolíticas inminentes.

Interpretaciones múltiples de un fenómeno complejo

El therianismo ha revolucionado los círculos académicos y sociales. Se han ensayado enfoques antropológicos, biopolíticos, históricos, psicoanalíticos y todo un revoltijo interpretativo que incluye análisis sociológicos e incluso religiosos. Algunos lo consideran síntoma de la decadencia civilizatoria, mientras otros lo ven como consecuencia directa del capitalismo. Este sistema económico, que desde hace tiempo exhibe características salvajes, genera individuos que ya no se reconocen como humanos en sociedades deshumanizadas, donde tragedias como el genocidio en Gaza parecen importar cada vez menos.

Se presenta como derivación del malestar cultural, un llamado a no reprimir deseos y sublimar impulsos. El descontento producido por la explotación laboral, la comercialización extrema y la proliferación de "no-lugares" se traslada desde la "lucha de clases" hacia territorios de lo "identitario-existencial". En estos marcos teóricos se encuadra la tendencia therian actualmente en boga. Quizás sea un método extraño, cuando no poco ortodoxo, para saldar culpas colectivas y enmendar despropósitos humanos acumulados.

Capitalismo, control corporal y búsqueda identitaria

El sistema capitalista ejerce control sobre el cuerpo, particularmente el del trabajador, imponiéndole límites, constriñéndolo en espacios productivos específicos. Lo encarcela simbólicamente en talleres, fábricas, almacenes y bancos. El therianismo podría interpretarse como una forma de llamar la atención sobre las crisis identitarias contemporáneas, tal vez poco efectiva contra la "explotación del hombre por el hombre", pero significativa como expresión del descontento. Como sugiere la letra de un pasillo colombiano, podría ser muestra de esos "corazones sin rumbo" que caracterizan nuestra época.

Este estallido social representa una oportunidad para releer Las metamorfosis de Ovidio, retornar a las fábulas subversivas de Esopo, o prestar atención a los cerdos de Orwell en Rebelión en la granja, con su conclusión lapidaria sobre cómo "unos son más iguales que otros". El therianismo podría funcionar como crítica a sociedades en decadencia, alertando sobre "una humanidad que ya no se reconoce en sus propias organizaciones sociales".

Entre el escepticismo popular y la reflexión literaria

Después de tantas explicaciones científicas y geopolíticas, como me comentó una vecina del barrio en estos días de agitación electoral y demagogia desbordada: "Toda esa vaina de creerse animales no es más que una güevonada de tipos y tipas sin oficio. Que los pongan a trapear la avenida Oriental y verá que se les quita". Mientras tanto, corresponde revisar obras como el Bestiario de Julio Cortázar o releer el Manual de zoología fantástica de Borges y Margarita Guerrero, para comprender mejor este fenómeno therian.

Algunos argumentarán que debe permitirse su libre desarrollo, que estas personas encuentren plenitud en su nueva dimensión zoológica y demuestren que "los animales son mejores que el hombre". No sobra recordar que en La metamorfosis de Kafka, relato extraordinario sobre la alienación laboral, Gregorio Samsa no se cree insecto: despierta siéndolo. Un cuerpo que encarna, dolorosamente, verdades sociales incómodas.