Durante seis décadas, Totó La Momposina llevó su música a escenarios nacionales e internacionales, hasta retirarse definitivamente en 2022. Su legado cultural es invaluable y su amistad con Gabriel García Márquez marcó un hito en la historia de Colombia.
El encuentro con García Márquez
Cuando Gabriel García Márquez recibió la noticia de que había ganado el Premio Nobel de Literatura en 1982, expresó su deseo de recibirlo entre cumbias y vallenatos. Lejos de los fríos protocolos de la academia sueca, quiso llevar una comitiva que representara el territorio que inspiró su arte. Ahí, inevitablemente, tenía que estar Totó La Momposina.
La historia de estos dos grandes de la cultura colombiana comenzó años antes, en Barranquilla, gracias al periodista Carlos Emilio Manjarrez, amigo en común. Durante un evento de apertura de las oficinas de El Espectador en esa ciudad, Manjarrez los presentó. En palabras de la maestra, en una entrevista para la Fundación Gabo, allí vino la confraternidad.
Una amistad forjada en París
Totó La Momposina recordó a García Márquez como un hombre jocoso, bailador y con gran gusto por las músicas del Caribe colombiano. Su amistad se fortaleció especialmente durante el tiempo que ambos estuvieron en París, donde la maestra estudiaba historia de la danza, coreografía, ritmo y organización de espectáculos en la Universidad de La Sorbonne.
La comitiva para el Nobel
Cuando Colcultura, la entidad del Ministerio de Cultura de entonces, organizó el grupo de músicos que acompañaría al escritor a Estocolmo, Totó La Momposina fue una de las primeras en la lista. Junto a ella estuvieron otros grandes exponentes de la cultura colombiana: Luis Quinitiva y su conjunto llanero; Carlos Franco, con las danzas del Atlántico; Julián Bueno, con las Danzas del Igrumá; y Leonor González Mina, La Negra Grande de Colombia.
Lograron transformar una ceremonia sobria y solemne en una parranda que García Márquez recordó hasta el fin de sus días. Según narró Totó, allí sonaron cumbias, bailes cantados y la Danza del Congo. Al son de un millo, el recién galardonado escritor salió a bailar con la maestra. Fue una demostración de Macondo, de lo que era Colombia, no solo desde las letras, sino desde la música y el baile.
Un legado imborrable
El fallecimiento de la cantante deja, como ocurrió con García Márquez y otras grandes figuras de la cultura colombiana, un vacío en el país. Pero también brinda una nueva oportunidad para recordar la huella que dejó y lo que su arte significó para quienes tuvieron el privilegio de escucharla. La cumbia colombiana, como patrimonio vivo, sigue cuidando su legado.



