Vladdo reflexiona sobre 40 años de carrera: 7 lecciones clave del periodismo y la vida
Vladdo: 40 años y 7 lecciones profesionales y personales

Cuatro décadas de travesía periodística: las enseñanzas de un ícono de la caricatura colombiana

La mañana del 14 de marzo de 1986 marcó un punto de inflexión en la vida profesional de un joven de 22 años. Con una ansiedad difícil de contener, esperaba la llegada del periódico La República, donde se publicaría su primera caricatura política a nivel nacional. Ese momento, cuando el papel rozó el suelo al deslizarse por debajo de la puerta, dio inicio a una travesía que hoy cumple cuatro décadas.

Las siete lecciones que definieron una carrera

Al repasar estos cuarenta años de trayectoria, el reconocido caricaturista Vladdo identifica siete enseñanzas fundamentales que han moldeado su camino profesional y personal:

  1. Tomar la iniciativa: "Aun sin un plan concreto y con mi sueño de ser caricaturista perdido en una nebulosa, me eché al agua", recuerda. Dominar el miedo y los complejos fue esencial para presentarse en La República, impulsado por una fuerza interior que lo llevó a actuar a pesar de la incertidumbre.
  2. El NO siempre está garantizado: "Asumir de antemano el peor escenario posible ayuda a manejar la frustración y hace que todo lo demás sea ganancia", explica. Esta perspectiva funciona como un blindaje para la autoestima ante posibles rechazos y evita caer en la desesperación durante negociaciones profesionales.
  3. Trabajar duro: "El talento sin disciplina es estéril", afirma, citando a Picasso: "la inspiración existe, pero es mejor que cuando llegue te encuentre trabajando". Al inicio de su carrera comprendió que mantenerse en el medio requería una rutina espartana, sacrificando vida social y relaciones personales para "quemar pestañas y gastar codo", como decía el maestro Héctor Osuna.
  4. La curiosidad como expresión de vitalidad: "Cuando un profesional –del periodismo o de cualquier campo– pierde la capacidad de asombro o cree sabérselas todas, cae en la mediocridad", advierte. Para evitar el estancamiento, es fundamental salir regularmente de la zona de confort, probar nuevos procesos y herramientas, y estar dispuesto a empezar de cero cuando sea necesario.
  5. Antes que nada, somos personas: "Los elogios son como los perfumes: hay que olerlos pero no tragárselos", cita un sabio adagio. Los títulos, logros y honores pierden su valor si se usan para humillar o presumir; su único propósito real debe ser hacernos mejores individuos.
  6. Tomar con cautela insultos y halagos: Ambos deben ponerse en su justa dimensión, con beneficio de inventario. "No hay que sacrificar la autenticidad ni la coherencia para complacer a nadie; ni siquiera al jefe", sostiene. Escuchar a los demás es importante, pero nunca a costa de traicionar los principios fundamentales.
  7. Creer en uno mismo: "El verdadero empoderamiento viene de adentro, no de la validación externa", afirma. Esta confianza interna fue lo que lo impulsó al inicio de su carrera, pero también implica reconocer las propias limitaciones: "saber para qué no se sirve es indispensable a la hora de identificar las verdaderas fortalezas".

Un testimonio de perseverancia y aprendizaje continuo

Estas cuatro décadas han representado, más que una simple carrera profesional, una larga lección de perseverancia y aprendizajes acumulados. "A veces, lo mejor termina siendo enemigo de lo bueno", reflexiona Vladdo sobre la importancia de avanzar incluso sin un plan perfectamente definido.

El caricaturista destaca que mantener la capacidad de asombro es crucial para cualquier profesional. La mediocridad acecha cuando se pierde esa curiosidad inicial o cuando se cree tener todas las respuestas. Por ello, recomienda estar siempre alerta, experimentar con nuevas metodologías y mantener la humildad para reiniciar procesos cuando la situación lo requiera.

"La autoestima debe ser proporcional a la idoneidad", concluye. "Creerse capaz es vital, pero sentirse infalible es un error". Esta perspectiva equilibrada ha sido fundamental en su trayectoria, permitiéndole navegar las complejidades del periodismo y la caricatura política durante cuatro décadas fructíferas.

Al final, este testimonio representa el viaje de un sueño que comenzó a materializarse aquella mañana de marzo de 1986, cuando un periódico entró por debajo de la puerta y cambió para siempre el rumbo de un joven aspirante a caricaturista.