La batalla por el español en el periodismo: entre anglicismos y credibilidad
El español en el periodismo: entre anglicismos y credibilidad

La evolución del lenguaje en el periodismo deportivo

Convencer a los periodistas de que el fútbol no perdería su esencia al reemplazar términos como corner, penalty y offside por tiro de esquina, pena máxima y fuera de lugar requirió un esfuerzo considerable. Esta campaña, liderada por puristas del idioma que defienden el español como patrimonio cultural, se resolvió en gran medida de manera pacífica. Hoy, expresiones como penalti, chut y chutar han sido aceptadas en el uso cotidiano, demostrando que, como señaló Borges, una lengua que no cambia está condenada a desaparecer.

Los desafíos actuales en la escritura periodística

Sin embargo, otras batallas lingüísticas no han tenido el mismo éxito. La demanda por una escritura correcta en los medios informativos enfrenta numerosos obstáculos, incluso con el auge de la inteligencia artificial generativa. Los errores persisten:

  • Redundancias innecesarias en las publicaciones
  • Omisión o uso incorrecto de tildes
  • Empleo de palabras con significados equivocados
  • Innovaciones lingüísticas no aceptadas oficialmente
  • Supresión de preposiciones esenciales
  • Uso indebido de comas, especialmente con la conjunción y

Los medios de comunicación, quieran o no, cumplen una función educativa implícita que trasciende la mera información. En la era de la saturación informativa, defender el español con vehemencia se ha convertido en una empresa compleja, especialmente ante las tendencias de comunicación global.

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La credibilidad como activo fundamental

Existe un argumento crucial que afecta directamente los intereses de los medios: diversos estudios, como el realizado por Alyssa Appelman y Mike Schmierbach en Journalism & Mass Communication Quarterly, han demostrado que los errores gramaticales debilitan la confianza de los lectores. Los experimentos revelaron que las historias con fallas lingüísticas son percibidas como de menor calidad, donde la forma afecta negativamente el juicio sobre el fondo.

La presión por la publicación inmediata, las múltiples funciones de los comunicadores y la reducción progresiva de filtros editoriales—ahora delegados en muchos casos a la inteligencia artificial, cuyo entrenamiento no siempre prioriza el español—son factores atenuantes. No obstante, no se puede bajar la guardia, pues los medios cargan con una responsabilidad significativa y arriesgan perder su bien más preciado: la credibilidad profesional.

Como señala Judith Araújo de Paniza, profesora asociada de la Escuela de Transformación Digital de la Universidad Tecnológica de Bolívar, mantener los estándares lingüísticos es esencial para preservar la integridad del periodismo en la era digital, donde cada error puede erosionar la confianza pública acumulada durante décadas.

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