Ibagué rinde homenaje a Garzón y Collazos en cementerio durante Festival Nacional de Música
Homenaje a Garzón y Collazos en cementerio de Ibagué

Un homenaje único en el corazón del Tolima

En el marco de la cuadragésima versión del Festival Nacional de Música Colombiana en Ibagué, se desarrolló una experiencia musical sin precedentes que ha marcado profundamente a los participantes. Federico Arellano, abogado y vocalista principal de La Gran Rondalla Colombiana, comparte su vivencia durante este emotivo tributo realizado en un escenario tan inusual como significativo: el cementerio San Bonifacio de la capital tolimense.

Un escenario entre memorias

La invitación llegó con una particularidad que despertó inmediata curiosidad: el concierto se realizaría en el camposanto ibaguereño, específicamente frente a la tumba que alberga los restos del legendario dueto Darío Garzón y Eduardo Collazos. "Al recibir el llamado del maestro Jorge Zapata para cantar a 40 grados centígrados, a pleno rayo del sol del mediodía en el cementerio, luciendo smoking, mi sorpresa no fue menor", confiesa Arellano, quien sin embargo aceptó el desafío con entusiasmo.

La producción del evento demostró una meticulosa planificación. Transformar un espacio tradicionalmente lúgubre en un escenario musical requirió de una ambientación cuidadosa que respetara la solemnidad del lugar mientras creaba las condiciones para una celebración artística. El resultado fue una atmósfera cargada de significado, donde cada elemento contribuía al tributo a estos íconos de la música colombiana.

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Autoridades y emotividad colectiva

El evento congregó a figuras de diversos ámbitos. Estuvieron presentes la gobernadora del departamento, la alcaldesa de Ibagué, y personalidades como el doctor Alfonso Gómez Méndez, presidente honorario de la fundación organizadora, y el doctor Juan Lozano, quien demostró un conocimiento profundo del repertorio musical. La presencia más conmovedora fue sin duda la de los hijos y herederos del legado de Garzón y Collazos, con quienes los artistas compartieron escenario interpretando piezas emblemáticas como la danza Negrita y el pasillo Hurí.

El momento generó una oleada de emociones genuinas entre el público. "No se hicieron esperar las lágrimas y las manifestaciones de emoción por parte de esos pijaos que dejaban ver cómo les brotaba del corazón el amor por su tierra", describe Arellano. La conexión entre artistas, autoridades y espectadores creó una experiencia comunitaria única, donde la música funcionó como puente entre generaciones y como homenaje viviente a quienes forjaron el patrimonio musical tolimense.

Un llamado a la preservación de la memoria

La experiencia inspiró a Arellano a proponer que otros festivales musicales del país adopten iniciativas similares de reconocimiento a sus fundadores y gestores culturales. "No pretendo proponer una mímesis de esto, pero sí generar una conciencia sobre nuestro patrimonio y nuestros creadores", explica el artista, quien sugiere específicamente homenajes al gran Benigno Núñez en Ginebra o al maestro Gerardo Arellano Becerra en Buga.

La propuesta busca institucionalizar este tipo de reconocimientos a nivel nacional, involucrando autoridades locales y empresa privada en Aguadas, Santander, El Espinal, Antioquia y otras regiones con tradición musical. "Cualquier esfuerzo que se haga en reconocimiento a ellos va a ser minúsculo frente a la grandeza de lo que hicieron", argumenta Arellano, destacando cómo estos pioneros permitieron llevar las banderas culturales colombianas a través de la geografía nacional e internacional.

El arraigo fundamental

Detrás de esta iniciativa visionaria está Doris Morera de Castro, directora del festival ibaguereño que ya se consolida como uno de los más emblemáticos del país. Su trabajo, junto con un equipo competente, ha mantenido viva la memoria de Garzón y Collazos a través de este arraigo fundamental que caracteriza al evento. El festival de Ibagué se erige así como ejemplo de cómo preservar las raíces sin perder la evolución artística, combinando el respeto por la tradición con propuestas contemporáneas.

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Arellano concluye con una invitación sincera a todas las entidades territoriales, organizaciones y fundaciones que desarrollan encuentros musicales nacionales: "Es una invitación que les hago desde el corazón, habiendo vivido una experiencia maravillosa de sentimientos puros de la gente que creció y vivió con esos bambucos, pasillos, torbellinos y guabinas". La propuesta busca asegurar que las futuras generaciones conozcan y valoren a quienes sentaron las bases del rico panorama folclórico colombiano actual.