Fiesta de Lectura Compartida en el Parque San Pío: leer al aire libre como acto subversivo
Leer al aire libre: una apuesta por lo público en Bucaramanga

En una época donde todo compite por nuestra atención —pantallas, notificaciones, urgencias—, abrir un libro al aire libre no es solo un acto íntimo: es también una forma de habitar distinto lo público. El pasado sábado 2 de mayo, el Parque San Pío fue escenario de esa apuesta. La Fiesta de Lectura Compartida, organizada por Ulibro, la Feria del Libro de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, propuso algo sencillo y profundamente necesario: reunir a personas de distintas edades para leer, conversar y compartir historias en medio de la ciudad.

Resignificar el espacio público

No se trató únicamente de promover la lectura. El gesto fue más ambicioso: resignificar el espacio público. Un parque que usualmente transitamos con prisa se convirtió, por unas horas, en un lugar de permanencia. Allí, el tiempo dejó de ser productivo para volverse contemplativo. Y eso, hoy, no es algo menor. Bajo el lema de Ulibro 2025, #HabitamosLoSalvaje, la experiencia invitó a reconectar con una dimensión que hemos ido perdiendo: la capacidad de estar presentes.

Una experiencia sensorial y viva

Leer en el parque no es lo mismo que leer en cualquier otro lugar. Hay una conversación silenciosa con el entorno: el sonido de los pájaros, el verde de los árboles, las voces lejanas, la luz que cambia. La lectura se vuelve entonces más que un ejercicio intelectual; se transforma en una experiencia sensorial y viva. También hay en este tipo de iniciativas un reconocimiento valioso de nuestra identidad. Honrar la lectura, en este contexto, es también honrar la posibilidad de encontrarnos desde las historias, sin sesgos ni prejuicios, es hacer una pausa para descubrir miradas distintas en donde todos podemos encontrar un espacio para construir. No desde la solemnidad, sino desde el encuentro cotidiano, accesible y abierto.

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Encuentros intergeneracionales sin algoritmos

Pero quizás lo más potente de la jornada fue lo que ocurrió entre las personas. Niños, jóvenes, adultos y mayores compartiendo el mismo espacio sin la mediación de algoritmos ni intereses individuales. En tiempos donde predomina la fragmentación, propiciar encuentros intergeneracionales en torno a los libros es, en sí mismo, un acto de construcción de confianza. Porque leer juntos, aunque cada uno tenga a mano su propio libro, genera una forma distinta de comunidad. Una más pausada, más respetuosa, menos ruidosa. Una que no exige coincidencias, pero sí presencia.

Volver al parque con un libro

Volver al parque con un libro no debería ser una excepción ni un evento aislado. Debería ser una práctica posible, cotidiana, casi natural. Tal vez ahí haya una clave para repensar la ciudad que habitamos: no solo como un lugar de tránsito, sino como un espacio para encontrarnos de otras maneras. ¡Bienvenidas otras Fiestas de Lectura compartida!

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