La muerte de Totó la Momposina no solo enluta a la música colombiana, sino también a las regiones que encontraron en su obra una inspiración para defender sus raíces culturales. En Santander, artistas, gestores y academias recuerdan a la cantadora bolivarense como una figura que ayudó a fortalecer los procesos de formación artística y la valoración de las tradiciones afrocolombianas.
La artista, nacida como Sonia Bazanta Vides en Talaigua Nuevo, Bolívar, dedicó más de seis décadas a preservar y difundir ritmos como la cumbia, el bullerengue, la tambora y el mapalé, convirtiéndose en una de las voces más influyentes del folclor latinoamericano.
Legado de Totó La Momposina en Santander
Para Carolina Delgado Serrano, directora de Enkelé y Macondo UIS, la partida de Totó deja un vacío profundo, pero también una herencia cultural que seguirá presente en las nuevas generaciones. "La partida de la maestra Totó la Momposina deja un profundo vacío en el corazón cultural de Colombia, pero también un legado inmenso que seguirá vivo en cada tambor, en cada danza y en cada artista que entiende el arte como memoria y resistencia", expresó.
Aunque su historia estuvo ligada principalmente al Caribe colombiano, su influencia alcanzó distintos territorios del país, entre ellos Santander, donde su música impulsó procesos culturales y artísticos enfocados en las raíces tradicionales. "En Santander, su huella trascendió los escenarios. La maestra Sonia Bazanta Vides inspiró a generaciones de músicos, bailarines y gestores culturales a mirar con más orgullo las raíces afrocolombianas y a reconocer el valor de las tradiciones que cuentan la historia de nuestros pueblos", señaló Delgado Serrano.
La directora cultural destacó que la artista abrió espacios internacionales para las músicas tradicionales en momentos en que estos ritmos eran poco visibles fuera de sus territorios de origen. "Su voz y su fuerza artística ayudaron a abrir caminos para que las músicas ancestrales y de tradición oral fueran escuchadas, respetadas y celebradas".
De acuerdo con Delgado Serrano, el legado de Totó la Momposina en Santander permanece en los procesos artísticos, en las academias de danza, en los colectivos culturales y en cada niño o joven que descubre en el folclor una manera de sentirse orgulloso de sus raíces. "Nuestra querida Totó la Momposina fue una mujer referente para la cultura colombiana. Con su fuerza, autenticidad y amor profundo por las raíces afrocolombianas, abrió caminos internacionales que durante muchos años parecían imposibles", afirmó.
Gracias a su trabajo artístico, sonidos como la cumbia, el bullerengue, las chalupas y las tamboras lograron reconocimiento mundial y comenzaron a ser entendidos como expresiones culturales de gran valor histórico y social. "Hoy, el mundo escucha y reconoce ritmos como la cumbia, el bullerengue, las chalupas y las tamboras gracias a mujeres valientes como Totó la Momposina, que se atrevieron a llevar estas músicas ancestrales más allá de las fronteras y convertirlas en un lenguaje universal. Su voz abrió puertas para que Colombia entrara en el radar cultural internacional", agregó.
La influencia de Totó trascendió los escenarios y quedó sembrada en escuelas de danza, colectivos culturales y procesos comunitarios. En Santander, su legado continúa vivo en niños y jóvenes que encuentran en el folclor una manera de fortalecer su identidad cultural.
Trayectoria de Totó la Momposina
La trayectoria de Totó la Momposina marcó un antes y un después en la música tradicional colombiana. Su participación en 1982 durante la ceremonia del Premio Nobel de Literatura de Gabriel García Márquez en Estocolmo la convirtió en símbolo cultural del país ante el mundo. Con álbumes emblemáticos como La Candela Viva y canciones como El pescador, la cantadora logró transformar los ritmos del Caribe en una expresión universal de memoria, resistencia y pertenencia.
Más allá de su reconocimiento internacional, investigadores y músicos coinciden en que Totó redefinió el concepto del folclor colombiano. Su obra integró tradición, identidad y experimentación, permitiendo que las músicas ancestrales dialogaran con nuevas generaciones y escenarios globales. Tras su retiro de los escenarios en 2023, el eco de su voz permanece vivo en las plazas, festivales y escuelas de música del país. En Santander, artistas y gestores culturales aseguran que su legado seguirá resonando en cada tambor y en cada expresión artística que mantenga viva la memoria del Caribe colombiano.



