Madame Papita celebra una década de historias gastronómicas y cadena de favores
Madame Papita: 10 años de historias gastronómicas

Hace diez años nació Madame Papita. Aunque muchos podrían pensar que después de una década escribiendo sobre gastronomía, restaurantes y cultura, una se acostumbra a publicar sin miedo, la verdad es diferente. Todavía recuerdo el dolor de estómago que sentía cuando empecé, solo de pensar que mi tesis de grado de la universidad cobraba vida. No era nerviosismo por escribir bonito ni miedo a la crítica fácil: era el peso de la responsabilidad de no equivocarme, pues detrás de cada historia había personas jugándose la vida entera por un sueño.

Desde el principio entendí que hablar de gastronomía no era únicamente hablar de comida. Nunca lo fue. Era hablar de productores levantándose antes del amanecer para sembrar, de cocineros apostándolo todo en una cocina, de artistas creando experiencias, de meseros sosteniendo hogares, de emprendedores endeudándose para abrir una pequeña puerta con la esperanza de que alguien entrara. Cada plato siempre fue mucho más que un plato: era una cadena productiva completa buscando resistir y crecer, en un país que muchas veces parece empeñado en ponerle obstáculos a quienes quieren construir.

Por eso Madame Papita nunca quiso ser una crítica de mantel blanco ni un espacio para señalar desde la comodidad. Busco ser una ventana, un puente, una manera de darle cabida a quienes hacen posible que este sector siga vivo. En el camino entendí algo todavía más poderoso: que realmente todo funciona como una cadena de favores. Alguien cree en un productor y le compra su cosecha. Un cocinero apuesta por ingredientes locales. Un comensal decide apoyar un pequeño restaurante en vez de una cadena gigantesca. Un lector comparte una historia. Otro se anima a emprender. Y así, ladrillo por ladrillo, vamos construyendo una sociedad un poco más equitativa, donde todos tengamos algo que aportar y donde el éxito deje de ser individual para convertirse en colectivo.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

Durante estos diez años he conocido historias que me cambiaron la manera de entender el país. He visto negocios levantarse después de quebrar, cocineros convertir garajes en proyectos admirables, campesinos defender su tierra contra todo pronóstico y jóvenes demostrar que sí se puede crear desde la honestidad del trabajo bien hecho. También he aprendido que la gastronomía no salva el mundo sola, pero sí tiene la capacidad de sentar personas distintas en una misma mesa y recordarles que todavía somos comunidad.

Claro, no todo ha sido fácil. Han existido críticas, desacuerdos y momentos personales profundamente duros. Pero incluso ahí apareció algo inesperado: una red de afecto construida alrededor de Madame Papita. Amigos que nacieron de una entrevista, lectores que terminaron convirtiéndose en compañeros de camino, emprendedores que hoy siento parte de mi propia historia. Eso, quizás, ha sido el regalo más grande de todos.

Diez años después, solo puedo decir gracias. Gracias a cada lector que dedicó unos minutos a leer una columna. Gracias a quienes estuvieron de acuerdo y también a quienes criticaron, porque obligaron a crecer. Gracias a los cocineros, productores, artesanos, artistas, empresarios y soñadores que confiaron en este espacio para contar sus historias. Gracias a quienes siguen apostándole a Colombia desde la tierra, desde la cocina, desde el oficio silencioso y desde el trabajo diario.

Aquí seguimos. Más convencidos que nunca de que apoyar al pequeño productor importa; de que creer en los emprendedores transforma comunidades; de que consumir local no es una moda, sino una decisión política, económica y humana. Y, en especial, de que todavía vale la pena construir puentes en medio de un país que tantas veces intenta dividirnos.

Madame Papita cumple diez años, pero en realidad esta celebración no es mía. Es de todos los que han hecho parte de esta enorme cadena de favores que hoy nos mantiene unidos a lo verdaderamente importante: la tierra, las manos que la trabajan, los emprendedores que resisten y todas las personas que todavía se atreven a apostar por este país.

No puedo cerrar este espacio sin reconocer a las personas que más me han apoyado en la transición que viví hace tres años: Juan David y Ana por siempre leer con ojo crítico la columna, y a 7 estómagos por ser siempre mi compañera de mesa.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar

Último hervor

Este espacio, o paréntesis como prefiero llamarlo, siempre ha sido un llamado a la cordura, a entender que no podemos tragar entero; que somos responsables no solo de nuestros votos sino de nuestro control social. Estamos en la recta final de las elecciones presidenciales más complejas de nuestra historia. Hoy, de regalo para este sector, sería importante que votemos a conciencia, reconociendo verdades en medio de tantas mentiras, historias a medias y volquetadas de porquería en redes. No estamos para repetir historias nefastas que parece que estamos olvidando.