El misterioso viaje de un libro: cómo un regalo en Cuba terminó reencontrando a su dueña original
El viaje de un libro: de Cuba a Colombia y de vuelta a su dueña

El encuentro que inició una amistad literaria

Era octubre de 2002 cuando Ester me presentó a Carlos Ojeda. "Estoy segura de que se van a caer bien", me dijo con esa seguridad que solo tienen los amigos de toda la vida. Y así fue. Al bajar por el pasillo y entrar a su casa -siempre con la puerta abierta- lo vi: un hombre grueso, grandote, bigotón, cuya presencia inmediatamente me hizo sentir que allí comenzaba una amistad verdadera.

Conversaciones que transformaban el rostro

Comenzamos a conversar y a reírnos casi de inmediato. Carlos se reía con toda la cara, transformando completamente su rostro. Aquella melancolía que a veces parecía habitarlo desaparecía cuando la risa lo envolvía. Nos reíamos de todo, pero especialmente de nosotros mismos, en esa complicidad instantánea que solo surge entre almas afines.

La biblioteca que reflejaba un espíritu

Ese primer día, Carlos notó que miraba de soslayo los libros de su biblioteca. Humilde, sencilla, modesta -como él mismo era-, porque las bibliotecas siempre reflejan el espíritu de sus dueños. "Chico... coge los que tú quieras... mira bien", me dijo con generosidad. Yo protesté educadamente: "Que no, que cómo se te ocurre, si no era pa eso que estaba mirando". Pero él insistió: "Que sí, Alvarito, no importa. Yo ya me los leí".

Algo en su mirada me hizo entender que lo ofendería si no aceptaba. Así que cogí dos o tres libros, entre ellos "Fiebre de caballos" de Leonardo Padura. Nos reímos y seguimos conversando los tres, comenzando así las muchas tardes que vendrían después.

El regalo que guardaba un destino

En una de esas tardes, Carlos me extendió un libro especial: "Divertimentos" de Eliseo Diego, en la edición de colección Cocuyo. Estaba dedicado a Daína Chaviano con estas palabras: "Para Daína, un homenaje a los mundos que nos ha descubierto -¡sin duda porque tiene esos ojos tan grandes! Su amigo, Eliseo Diego, La Habana, 26 de junio de 1979".

Ante mi asombro, Carlos añadió: "Lo guardé para ti". El libro habitó mi biblioteca durante muchos años, hasta que en la Feria del Libro de Bogotá de 2022 comprendí que debía cumplir con su destino original: Daína Chaviano estaba invitada al evento.

El complejo camino de regreso

Este camino a veces puede ser complejo, pero siempre los amigos están ahí para enderezarlo. Yo no podría estar presente personalmente, así que Carlos Robledo, conocido como el más feroz cazador de autógrafos que existe en Colombia, se encargó de entregárselo en mi nombre.

En la primera página escribí: "Hace muchos años Carlos Ojeda (un amigo colombiano que vivió y murió cuarenta años en Cuba) me regaló este libro dedicado a ti. Hoy te lo devuelvo como recuerdo de un tiempo ya lejano que hoy nos acerca".

La llamada emocionada desde La Habana

Daína Chaviano me llamó a La Habana y hablamos los dos, conmovidos por el momento. "No puedo creerlo... Ese libro yo lo dejé en Cuba cuando me fui. Mi papá regaló mis libros. Yo lo daba por perdido... Y ahora regresa... No tengo palabras", dijo con voz emocionada.

Las preguntas que quedan flotando

¿Qué figuras tuvieron que armarse para que Carlos Ojeda encontrara ese libro quién sabe cuándo, me lo entregara para que, pasado el tiempo, pudiera devolvérselo a su dueña original? ¿Qué memorias carga ahora ese volumen? ¿Qué divertimentos guarda entre sus páginas?

Como bien pregunta el texto: "¿Acaso siguen paralelas las vidas de ellas? ¿O se habrá roto para siempre este múltiple paralelismo obsesionante?"

Esta historia nos recuerda que los libros tienen vidas propias, destinos que trascienden a sus dueños temporales, y que a veces el universo conspira para que las cosas encuentren su camino de regreso, cerrando círculos que parecían rotos para siempre.