La madre que rescató 'La conjura de los necios' tras el suicidio de su hijo John Kennedy Toole
Madre rescata novela de hijo tras su trágico suicidio en 1969

El abandono de la declamación y el trágico destino de un escritor

Serían las cinco de la tarde de un viernes cualquiera en 1968 cuando Thelma Ducoing Toole, en un acto de desesperación y frustración, botó al piso de su estudio en Nueva Orleáns cientos de legajos con poemas de grandes autores como Henry David Thoreau, Walt Whitman y William Shakespeare. Los pisoteó hasta romperlos, entre lágrimas y carcajadas, tomando la irreversible decisión de abandonar sus clases de declamación. Ya no estaba de moda declamar, sentenció años más tarde, refiriéndose a la pérdida de interés en rimas, retórica y sonetos. Sus únicos alumnos eran dos señores mayores sin recursos para pagarle.

El suicidio de John Kennedy Toole y el hallazgo del manuscrito

Diez años después, Thelma volvió a declamar, pero esta vez en honor a su hijo, John Kennedy Toole. El 26 de marzo de 1969, él se detuvo cerca de Biloxi, en la costa del golfo de México, conectó una manguera desde el asiento trasero de su automóvil al tubo de escape, encendió el motor y cerró las ventanas, extinguiendo su vida. Al final de su recital, Thelma leyó fragmentos de la novela que Kennedy había escrito durante su servicio militar en Puerto Rico a comienzos de los años 60, una obra que había sido rechazada repetidamente por editoriales.

La señora Ducoing Toole halló el manuscrito de "La conjura de los necios" entre los papeles amarillentos y arrugados de su hijo. Según W. Kenneth Holditch a finales de los 80, era "una novela tumultuosa y picaresca acerca de su Nueva Orleáns, una ciudad singular por su carácter multiforme, más mediterránea que americana". Thelma se propuso llevar el texto a donde fuera necesario para lograr su publicación, enfrentándose a excusas como "Gracias, ya le avisaremos" o "No tenemos espacio para una novela así".

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La lucha incansable y el éxito póstumo

En 1976, Thelma tocó a la puerta del escritor Walker Percy en la Universidad de Loyola, colocó el manuscrito frente a él y declaró, como si declamara, "Es una obra maestra". Aunque Percy lo dejó a un lado inicialmente, una vez que comenzó a leerlo, no pudo detenerse. En 1980, la editorial de la Universidad de Louisiana publicó la novela, seguida de otras ediciones, traducciones, premios y reseñas. Thelma viajó extensamente para hablar de la obra y de su hijo, declamando párrafos y tocando el piano en ocasiones, siempre repitiendo que si ella seguía en el mundo, era por su hijo.

Este relato, escrito por Fernando Araújo Vélez, quien aprendió a observar y comprender el significado de las letras para la sociedad a través de su experiencia en medios como "La Prensa", "El Tiempo", y "El Espectador", destaca la perseverancia de una madre que transformó la tragedia en un legado literario perdurable.

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