A los 30 años, Juan Carlos Onetti publicó su primera obra maestra: El Pozo
Onetti publicó su primera obra maestra a los 30 años

El inicio de una carrera literaria excepcional

A los treinta años recién cumplidos, el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti publicó su primera obra maestra: El Pozo, en el año 1939. Según relatan diversas fuentes biográficas, esos primeros treinta años estuvieron marcados por una intensa vida personal que incluyó amaneceres en establecimientos nocturnos de variada categoría, extensas jornadas en salas de redacción, lecturas sofisticadas en inglés y francés, matrimonios precipitados y separaciones aún más abruptas. Entre estos eventos, se desarrolló un extenso historial de relaciones amorosas y numerosas mudanzas entre Montevideo y Buenos Aires.

Las claves literarias de 'El Pozo'

Esta novela corta contiene desde su publicación todas las claves fundamentales del gran universo literario que Onetti desarrollaría posteriormente. Eladio Linacero, el narrador protagonista, se ha propuesto escribir sus memorias personales, justificando esta decisión con la frase: "Porque un hombre debe escribir la historia de su vida al llegar a los cuarenta años, sobre todo si le sucedieron cosas interesantes. Lo leí no sé dónde".

A pesar de mostrar cierto desdén hacia la perfección del arte narrativo convencional, Linacero se esfuerza notablemente por mantener un rigor estilístico en su escritura, como demuestra cuando afirma: "Otra advertencia: no sé si cabaña y choza son sinónimos; no tengo diccionario y mucho menos a quién preguntar. Como quiero evitar un estilo pobre, voy a emplear las dos palabras, alternándolas".

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La exploración de la culpa en la narrativa onettiana

Atormentado y propenso a la fantasía, Linacero convoca sistemáticamente a los fantasmas de su pasado, entre los cuales destaca especialmente el recuerdo de una muchacha a la que intentó violar. Naturalmente, este ejercicio de memorialista sin pudores se transforma abruptamente en un campo de expiación personal, aunque la culpa parece continuar atormentándolo persistentemente hasta el final de su existencia literaria.

Numerosos personajes creados posteriormente por Onetti enfrentarán destinos similares marcados por la culpa. En La cara de la desgracia (1960), una nouvelle de corte policial clásico cuyo antecedente directo o "borrador" sería el cuento "La larga historia" publicado aproximadamente quince años antes, la culpa constituye igualmente el eje difuso pero central de la trama argumental.

En ambas narraciones aparecen los mismos personajes principales y toda la acción gira en torno al asesinato de una joven en la playa de un balneario. Formalmente, solo existe una diferencia significativa: en la nouvelle el narrador utiliza la primera persona, mientras que en el cuento previo se emplea un narrador omnisciente.

Obras fundamentales en la producción de Onetti

A esta secuencia temática pertenece también Los adioses (1954), una novela corta ambientada en un lugar específico de la cordillera mendocina donde funciona un sanatorio para pacientes tuberculosos. Este libro era el favorito personal del propio Onetti, y muchos críticos consideran que representa su mejor obra literaria, incluso por encima de la reconocida obra maestra titulada La vida breve.

El narrador de esta historia es un antiguo paciente del sanatorio que posee un agudo sentido de la observación. En la actualidad, se ha convertido en almacenero y pasa sus días completos detrás del mostrador comercial. Así, a partir de un conjunto acumulado de observaciones detalladas, más algunas "licencias" interpretativas, se encarga de reconstruir meticulosamente la vida de un exbasquetbolista que acaba de llegar recientemente al establecimiento sanitario.

Posiblemente el suicidio final del exbasquetbolista se produjo debido a un caso involuntario de incesto, pero el lector atento podrá extraer sus propias conclusiones alternativas, ya que todas las "pistas" narrativas se presentan de manera deliberadamente fragmentaria y velada.

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Las influencias y preocupaciones literarias de Onetti

Lector infatigable de novelas policiacas -preferiblemente en la cama y en compañía de una mujer y/o de un whisky acompañado de un cigarrillo- y admirador precoz de la obra de William Faulkner, Onetti mantuvo una única preocupación fundamental como escritor profesional: permitir que la textura específica de su prosa literaria sostuviera consistentemente las tensiones inherentes a la trama de sus obras.