Elena Poniatowska desnuda sus hábitos de lectura en conversación íntima
Detrás de cada gran escritor existe, inevitablemente, un lector voraz. A lo largo de más de cinco milenios de historia literaria, no hemos descubierto método más eficaz para dominar el oficio que aprender de quienes lo han hecho antes, y eso solo se logra mediante la lectura constante y profunda. Por ello, conocer los hábitos lectores de quienes han creado obras monumentales representa una ventana privilegiada a su proceso creativo. Hoy, Elena Poniatowska abre generosamente esa ventana.
Raíces multiculturales que alimentan su escritura
La autora de obras fundamentales como La noche de Tlatelolco, Nada, nadie: las voces del temblor y El amante polaco reflexiona sobre su formación multicultural. "Es un enriquecimiento enorme", confiesa sobre sus orígenes parisinos, mexicanos y polacos. "Cambié de patria, leo en francés, conozco la cultura francesa, las calles de París, pero mi esencia es totalmente mexicana y me dedico al español".
Los primeros recuerdos literarios que marcaron su infancia
Poniatowska recuerda con nitidez sus inicios como lectora. "Aprendí a leer en francés. Una tía me suscribió a una revista para niñas llamada La Semaine de Suzette", rememora. También devoró todos los libros de la biblioteca rosa de La condesa de Ségur, especialmente Las desgracias de Sofía, cuyas travesuras infantiles permanecieron grabadas en su memoria.
Rituales y manías de una lectora compulsiva
La escritora revela sus hábitos más íntimos: "Yo los subrayo mucho", admite sobre sus libros. "Años atrás, dos hermanos italianos filólogos me regañaron por no usar ni siquiera lápiz. Pero no lo puedo impedir, subrayo los libros, es mi forma de apropiarme de ellos". Esta práctica le permite además especular sobre lectores anteriores cuando encuentra libros ya subrayados.
La relación especial con librerías y recomendaciones
"A mi lado tengo la suerte enorme de la librería Gandhi", comparte sobre su librería predilecta en Ciudad de México. La visita una o dos veces al mes, subiendo al segundo piso donde explora novedades y busca libros recomendados. Recientemente adquirió allí un libro "espléndido" de Juan Villoro sobre la vida de su padre, el filósofo Luis Villoro, que la tiene "muy conmovida".
La biblioteca personal: caos organizado con significado
Sobre su extensa biblioteca personal, confiesa: "Todos están aquí en mi casa. Los tuve por orden alfabético, lo cual no significa nada. Debería tenerlos por tema, pero no". Sus volúmenes giran principalmente en torno a literatura e historia, aunque reconoce la dificultad de organizar textos de física y química.
Autores que admira y colaboraciones memorables
Cuando se le pregunta con qué escritor le gustaría colaborar, Poniatowska recuerda sus múltiples trabajos conjuntos: "Escribí libros con grabadores, dibujantes y también con otros escritores". Menciona especialmente su colaboración con Alberto Beltrán retratando la Ciudad de México y los paseos domingueros, y otro libro con Álvaro Mutis, quien le escribía desde la cárcel.
El vínculo emocional con sus lectores
"Me conmueven los jóvenes que se me acercan y me abrazan", revela sobre sus encuentros con lectores. "Yo soy chaparrita y es muy fácil acercarse a mí. No hay nada intimidante de mi persona, además pienso que el hecho de ser abuelita también acerca a las personas".
La evolución de su conciencia lectora
La autora reconoce que su concepción del lector ideal ha evolucionado: "Antes de que mi mamá muriera, pensaba en no escandalizarla o no poner demasiadas groserías. Era la única en la que de verás pensaba". Tras La noche de Tlatelolco, comenzó a pensar especialmente en los jóvenes, aunque reconoce que "los jóvenes de 1968, muchos de ellos están muertos y ya no son los mismos".
Esta conversación forma parte de una iniciativa de Tinta club del libro, que propone experiencias de lectura mensuales con libros seleccionados por curadores invitados, creando un dispositivo de mediación entre autores, obras y lectores.



