Vanessa de la Torre presenta 'El olor del fin del mundo': novela escrita en pandemia y divorcio
Vanessa de la Torre presenta novela escrita en pandemia y divorcio

Vanessa de la Torre presenta su primera novela: una historia escrita en medio de la pandemia y su divorcio

En 'El olor del fin del mundo' la reconocida periodista colombiana Vanessa de la Torre presenta una conmovedora historia de pasión que entrelaza deseo e incertidumbre, revelando a través de su personaje principal un fragmento íntimo de su propia vida: "Yo soy tan vulnerable como Carmen".

La parosmia como punto de partida literario

Durante la pandemia, Vanessa de la Torre experimentó literalmente el olor del fin del mundo. No se trató de una metáfora literaria, sino de la parosmia, esa distorsión del olfato que le dejó el covid-19 y que la acompañó durante todo el proceso de escritura de su primera novela. Mientras afuera se contaban muertos, en el interior de su hogar se gestaba una historia de amor atravesada por el miedo, la incertidumbre y la conciencia brutal de que todo podía acabarse repentinamente: la vida, los cuerpos, el amor mismo.

Este proceso creativo dio origen a El olor del fin del mundo, una novela donde convirtió la experiencia del encierro pandémico en la historia de Carmen y Antonio, dos amantes que se conocen en un supermercado y son marcados por una pasión desbordada, secreta y potencialmente destructiva, que avanza al mismo ritmo que un mundo enfermo y frágil.

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Escribir como catarsis personal

La historia ocupó la mente de Vanessa durante uno de los momentos más difíciles de su vida. Mientras atravesaba un divorcio, la escritura se convirtió en una forma de concentración, escape y catarsis. Allí volcó tristezas, dolores y angustias que no provenían exclusivamente de la pandemia, sino también de un amor roto, similar al que experimenta su personaje Carmen. "Carmen siempre tuvo el corazón roto, como lo tuvo Vanessa", confiesa la autora.

A mitad de la escritura, el personaje de Carmen se convirtió en un problema literario y personal. Era como un espejo demasiado fiel. "Se parecía mucho a mí y le cogí mucha pereza al libro", reconoce la periodista. Ambas comparten numerosas características: el gusto por Chavela Vargas, el vino, Fito Páez, el jazz, sembrar plantas y tomates, pintarse los labios de rojo intenso.

La transformación de personaje a literatura

Vanessa no quería ser Carmen: una mujer a la que "la cogió un amante y la destrozó". El personaje se le salió de las manos literarias y la obligó a detenerse, reconstruirlo y, sobre todo, aceptar que Carmen ya no era solo un reflejo íntimo sino un personaje literario autónomo. "Carmen es mucho yo, mucho Vanessa, pero también es muchas mujeres", explica la autora sobre este proceso de distanciamiento creativo.

La novela no fue escrita en orden cronológico. Comenzó por la segunda parte, la más cercana y urgente: la pandemia. La escribió en 2020, mientras la cubría como periodista y mientras su propio cuerpo registraba el miedo colectivo. Todo lo que sucede allí es real: los reportajes, el encierro, la pérdida del olfato, la incertidumbre existencial. Posteriormente llegó la primera parte, cuando Carmen y Antonio se conocen y el mundo todavía parece intacto. Este movimiento narrativo hacia atrás representa también una búsqueda del origen del desastre emocional: el momento exacto en que una mujer se enamora sin reservas y un hombre fascinante decide no arriesgarlo todo.

Los personajes: Carmen y Antonio

Carmen es aventurera, viajera y profundamente enamorada. Es artista, le encanta bailar salsa, leer vorazmente y cree en la intensidad como forma de estar en el mundo. Antonio, en contraste, es mayor, brillante, encantador y un conversador seductor. Un reconocido coleccionista de arte contemporáneo. Es atractivo en todos los sentidos, pero también un hombre que antepone la comodidad de su vida estable a la posibilidad de una pasión desbordada. "Terminó siendo muy cobarde", analiza Vanessa sobre su personaje masculino.

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Las 158 páginas de la novela se leen como una inmersión breve pero intensa. La portada funciona como una carta de presentación de ese amor oculto. Vanessa quería un cuadro, un artista, una imagen que hablara sin explicar demasiado. Eligió El beso, un lienzo del noruego Edvard Munch: dos cuerpos abrazados sin rostro definido, fundidos en una pasión que no necesita nombres. Como la de Carmen y Antonio.

El amor como fuerza narrativa

En este libro, el amor aparece como una fuerza que desarma emocionalmente. También queda claro que el amor a medias, el amor a cuentagotas, el amor temporal, duele más profundamente: es una versión que mantiene a alguien suspendido entre el deseo y la espera perpetua. "El amor nunca termina bien, porque no se hizo para que terminara", escribe Vanessa en una de las frases que abre esta historia.

La periodista no abandona su oficio en su incursión novelística. El periodismo aparece incluso cuando habla del amor. En medio de la narración, se detiene a explicar lo que la ciencia sí ha logrado entender: que enamorarse es también una reacción química. Cita estudios del profesor Richard Schwartz, de la Universidad de Harvard, para describir cómo la dopamina, la oxitocina y otros neurotransmisores se disparan en el cuerpo y generan atracción, dependencia y una motivación casi irracional por el otro.

Diálogo con referentes literarios

También habla del amor desde la literatura: desde Manuel Vilas, Patricia Benito, Rosa Montero, Sándor Márai. Y recurre a Frida Kahlo para recordar que hay cosas —como el amor— que requieren responsabilidad, cuidado y delicadeza extrema: "Yo le duro lo que usted me cuide / Yo le hablo como usted me trate / Yo le creo lo que usted me demuestre".

En uno de los pasajes más íntimos y conmovedores, Vanessa recurre a una imagen sencilla pero demoledora: "Si uno fuera consciente de que está viviendo el tiempo más feliz de su existencia, lo exprimiría como a una naranja, se tomaría hasta el último sorbo y se comería los rezagos. Amaría más. Besaría más". Pero esa conciencia casi siempre llega tarde, cuando el tiempo ya pasó irreversiblemente.

Continuidad temática con su obra anterior

La novela dialoga directamente con "Amor en campos de guerra", el primer libro de Vanessa de la Torre, donde contó la guerra colombiana a través de las historias de siete mujeres profundamente enamoradas. En esta nueva obra, vuelve a utilizar el amor como vehículo narrativo para explicar otro tipo de horror contemporáneo: la pandemia. La guerra y el covid-19, aunque fenómenos distintos, comparten la lógica de la devastación colectiva. En ambos escenarios, la autora encontró que el amor persiste incluso en las circunstancias más extremas y que una mujer enamorada es capaz de construir, resistir, pero también de destruirse a sí misma emocionalmente.

El olor del fin del mundo es, en definitiva, la historia de Carmen y Antonio, pero también el rastro de un amor que llega como un huracán emocional y lo arrasa todo a su paso. Un amor que se escribe para sobrevivir a él, no para volver a vivirlo.