Ketty Tinoco: De modista de barrio a diseñadora de élite en Cartagena
Ketty Tinoco: de modista a diseñadora de élite en Cartagena

De la máquina de coser al corazón del Centro Histórico: el ascenso de Ketty Tinoco

La trayectoria de la reconocida diseñadora cartagenera Ketty Tinoco, conocida como 'la dama del lino', es un testimonio de vocación y perseverancia. Lo que comenzó como un taller de modistería en su casa, atendiendo a amigas y clientas de toda Cartagena y municipios aledaños, se transformó en una boutique de prestigio en el Centro Histórico, donde ahora recibe a primeras damas, personalidades del espectáculo y, por supuesto, a aquellas amigas de siempre que la acompañaron desde el inicio.

Una vocación tejida desde la infancia

Ketty Tinoco ejerció como modista durante dos décadas, siendo esa figura querida y particular del Caribe que, entre cuentos interminables, acogía a sus clientas para definir diseños, telas y plazos de entrega. "Desde el vestido del bautizo, el de la primera comunión, el de 15 años y hasta el de matrimonio confeccionaba para mis clientas. He estado en todas las etapas de sus vidas", comenta con emoción.

Aunque estudió delineante de arquitectura, su inclinación por el diseño de modas surgió desde niña, cuando a los cuatro años tomó un mantel de lino del baúl de su tía para crear su primer vestido de muñeca. En su adolescencia, ya diseñaba prendas para sus amigas, pero al no existir la carrera de diseño de modas en Cartagena y carecer de recursos para estudiar en otra ciudad, optó por la arquitectura. "Mi esposo José Vergara es ingeniero y sus amigos también eran ingenieros o arquitectos, así que pensé que podría trabajar en ese campo", explica.

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El giro hacia el éxito empresarial

Tras intentarlo sin obtener la retribución económica esperada, Ketty regresó a su máquina de coser. Su arte se convirtió en un negocio tan rentable que su esposo decidió renunciar a su carrera para apoyarla, construyendo juntos una empresa familiar a la que luego se sumaron sus hijos José Raúl y Juan David. Con más de 40 años de trayectoria, Ketty recuerda: "Un día le dije a mi esposo que definitivamente quería una tienda en el Centro Histórico, que aún no tenía la popularidad de ahora, era bastante solitario pero siempre he sido muy romántica y me gustaba".

Su estilo se caracteriza por el romanticismo, con detalles como bordados, flores hechas a mano, calados y alforzas que elevan las prendas en lino, haciéndolas únicas, elegantes y atemporales. "Mi sello es el romanticismo. Comencé a usar técnicas y detalles que muchos consideraban anticuados, pero les di un toque distinto: les puse mi magia y, por supuesto, el toque especial de las cosas bien hechas", señala.

Un legado que trasciende generaciones

Ketty comenzó con diseños exclusivos para mujeres, pero a petición de su clientela, creó una línea de guayaberas para hombres y ahora también diseña para niños. Reflexiona sobre su evolución: "Pasé de ser una modista de barrio a tener mi boutique de forma orgánica, honestamente fue un cambio que no sentí y comencé a crecer sin esperarlo, solo concentrándome en hacer un buen trabajo".

Para Ketty, la clave del éxito reside en la vocación y la pasión. "Todo empieza por la vocación, cuando hay pasión por algo, los caminos se van abriendo, pero es importante perseverar para alcanzar logros en eso que te apasiona. Es muy satisfactorio cuando me dicen 'qué bello lo que haces' o 'tengo una prenda tuya desde hace 25 años'. Eso me hace feliz", concluye la diseñadora, cuyo legado continúa inspirando en Cartagena y más allá.

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