La verdadera historia de la Capilla de los Dolores en Bucaramanga
La capillita dedicada a los siete dolores de la Virgen María, ubicada en la esquina noroccidental de la plaza parroquial original de Bucaramanga, tiene un origen documentado que desmiente versiones populares. Contrario a lo que algunos creen, nunca fue la capilla doctrinera del pueblo de indios, la cual estuvo consagrada a la Virgen de Chiquinquirá. La verdadera historia comienza con un ilustrado párroco de la época colonial.
La iniciativa del párroco Juan Eloy Valenzuela Mantilla
El doctor Juan Eloy Valenzuela Mantilla, cura párroco desde 1786, adquirió el 12 de enero de 1789 dos solares en esa esquina de la plaza, pagando 45 pesos a la viuda María Téllez. En uno de estos terrenos edificó la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, mientras que en el otro construyó su residencia personal de una sola planta.
La arquitectura del conjunto era particular: la puerta de la sala daba directamente a la plaza, flanqueada por dos ventanas a cada lado. Hacia el norte, un portón permitía el acceso a un pasadizo colindante con la ronda de la capilla, facilitando el ingreso desde la casa del cura. Este mismo lugar sería testigo del trágico asesinato de Juan Eloy Valenzuela en 1834.
Fundación del patrimonio perpetuo
El 26 de junio de 1794, el padre Valenzuela estableció un patrimonio de legos y memoria perpetua de misas, asignándole un capital inicial de 500 pesos. Los réditos de esta inversión estaban destinados a beneficiar las almas de su padre y su tío, con una disposición específica: cuatro misas con sus responsos debían celebrarse "en el altar y capilla de los Dolores" que él había creado y fomentado en la parroquia de Bucaramanga.
En el documento fundacional, Valenzuela expresó claramente que esta fundación procedería "con honra y gloria de María Santísima", evidenciando su profunda devoción mariana.
Los antecedentes: la devoción del maestro Adriano González del Busto
Si bien el origen material de la capilla corresponde al padre Valenzuela, la devoción a los siete dolores de María tiene raíces más antiguas. El maestro Adriano González del Busto, antecesor de Valenzuela en el curato, falleció el 3 de marzo de 1785 dejando una considerable fortuna.
Sus herederos establecieron una capellanía de misas perpetuas dotada con 3.400 pesos, cuyos réditos se destinarían específicamente para pagar siete misas "en reverencia de los siete dolores de María Santísima". Esta devoción mariana pasó así del maestro González del Busto al padre Valenzuela, creando una continuidad espiritual entre ambos párrocos.
La historia de la Capilla de los Dolores nos recuerda la importancia de reconocer el legado de todos los rectores que han servido a la feligresía bumanguesa. Cada uno contribuyó, desde su tiempo y circunstancias, al desarrollo espiritual y arquitectónico de la ciudad, dejando un testimonio tangible de fe que perdura hasta nuestros días.



