Una santandereana que transformó retazos en corona mundial
Vicky Bautista, una mujer santandereana que convirtió la adversidad en impulso, hoy inspira a miles de colombianas con su extraordinaria historia de fe, talento y perseverancia. Desde el escenario en Paraguay, mientras el auditorio contenía la respiración, apretó la mano de la finalista y alzó su mirada al cielo, como ha hecho durante sus 18 años de carrera, mucho antes de que las pasarelas y los aplausos formaran parte de su vida.
El momento que cambió todo
Cuando escuchó su nombre anunciado como "la nueva lady reina mundial del turismo es 'lady' Colombia", por un instante, todo se detuvo. "Miré al cielo, la abracé a la primera finalista, levanté mi mano y le di la gloria y honra a Dios porque él me lo permitió", recuerda con emoción. Ese momento de consagración internacional comenzó cuando tenía menos de ocho años, recogiendo retazos de tela del piso del taller de su madre, María Estupiñán, y se consolidó al inicio de su vida adulta, cuando quedó embarazada de su hija Laura.
"El haber ganado ese título es decirle a las mujeres que los sueños no tienen fecha de vencimiento, ni caducidad, ni edad", expresa Vicky con convicción. "Hay oportunidades que nosotros buscamos, pero hay otras que nos encuentran por los procesos que silenciosamente vivimos en fe, constancia y perseverancia, y después se ven los frutos".
Raíces familiares y primeros pasos
En el inicio de su carrera también estuvo presente una mujer fundamental: su abuela Rosa María Vera, quien le enseñó a transformar la necesidad en oportunidad. Vicky Bautista, empresaria, diseñadora y orgullosa representante de Santander, ha llevado al departamento a lo más alto con su belleza, compromiso y carisma excepcionales.
"Desde que tengo uso de razón he estado entre telas, entre hilos", cuenta al rememorar su infancia. Nacida en una familia de estrato medio, creció rodeada de un entorno donde la creatividad era una forma de vida. Mientras jugaba a las muñecas con sus amigas, encontraba en lo cotidiano una excusa para crear.
"Era muy creativa haciéndoles ropa... les hacía edredón, almohada, les hacía la habitación en una caja", recuerda con nostalgia. También jugaba a los reinados, aunque imaginaba su lugar detrás de las pasarelas: "Jugábamos a reinados, pero nunca estaba sobre la pasarela, siempre era la que las ayudaba a vestir".
Herencia de resiliencia
Vicky proviene de una historia familiar marcada por el trabajo duro y la resiliencia. Su madre aprendió a coser desde los ocho años como mecanismo de supervivencia, mientras su abuela sostenía el hogar en condiciones difíciles. "Para cocinar estoy yo, usted aprenda a coser", recuerda que le decía su abuela a su mamá.
Con el tiempo, su madre se consolidó como diseñadora en Bucaramanga, trabajando con reconocidas fábricas del sector infantil. Vicky creció al tiempo que la carrera de su madre, acompañándola entre máquinas, moldes y retazos de tela que despertaron en ella una sensibilidad especial por el diseño. "Esto es algo que se me heredó desde el vientre", afirma con orgullo.
De los primeros ingresos a la maternidad temprana
A los ocho años, Vicky Bautista ya tenía una máquina semindustrial a su medida, que su mamá compró al notar su curiosidad y talento. "Empecé a ganarme 20 pesos por alforza que hacía en cada vestido", recuerda sobre su primer contacto con el valor del trabajo y la disciplina que exige el oficio.
Aunque su camino académico la llevó inicialmente hacia el diseño gráfico, la vida le tenía preparada otra ruta. En tercer semestre de universidad quedó embarazada de su hija, un momento que transformó completamente sus prioridades. "Si del cielo te llueven limones, aprendes a hacer limonada", dice con orgullo y serenidad.
Construyendo desde cero
Sin un capital sólido, pero con máquinas, telas, conocimiento y mucho talento, tomó la decisión de construir algo propio. "Tenía muy claro que no quería ser un taller de ensamble para alguien más, sino crear mi propia línea". "Laura, mi única hija, se volvió mi motivación más grande", afirma mientras recuerda aquellos días difíciles.
Mientras trabajaba como vendedora para sostenerse, en su mente ya se gestaba una idea más ambiciosa: abrirse camino en el mundo de los reinados. Pidió un préstamo de un millón de pesos y con eso creó su primera colección, en un verdadero acto de fe. "Sin conocer absolutamente a nadie... empecé a desplazarme con una carpeta tipo hoja de vida", recuerda.
El encuentro que cambió su destino
Poco después, protagonizó uno de los momentos más determinantes de su historia: siguió al alcalde de la época por la calle hasta lograr que la escuchara. "Le dije: quiero que usted vaya a mi casa y conozca lo que hago". Ese día, el alcalde cruzó la puerta de su hogar, vio sus diseños y decidió darle una oportunidad.
En 2008 nació oficialmente su marca, y con ella comenzó a construir una trayectoria que, paso a paso, empezó a hacerse visible en el departamento. Con el tiempo, su nombre comenzó a sonar en los escenarios del reinado departamental del turismo. "Ya estaba vistiendo cuatro municipios de Santander", cuenta con satisfacción.
Expansión y legado
Sin embargo, entendió que ese camino, aunque importante, era inestable. Por eso decidió ampliar su campo y comenzó a diseñar vestidos de novia. "Ya tengo parejas que este año están cumpliendo 18 años de casados", dice con una mezcla de orgullo y nostalgia.
Vicky ha encontrado en Santander una fuente inagotable de inspiración. Desde los imponentes frailejones del páramo de Santurbán hasta el calor costero de Barrancabermeja, cada rincón del departamento le ha enseñado algo nuevo. Y en cada etapa de su vida, la berraquera que heredó de su tierra la lleva a brillar con fuerza extraordinaria, demostrando que los sueños santandereanos pueden conquistar el mundo.



