La música mexicana no es un bloque estático; es un movimiento que se transforma a toda máquina junto con las tendencias de las redes sociales. Para entender la escena de hoy, hay que saber distinguir entre el corrido tradicional y el corrido tumbado. El primero es como una especie de guardián de las historias y el folclor, en el que el acordeón y la tuba narran las crónicas de los pueblos. Por su parte, el tumbado surgió como ese relevo rebelde que mezcló las guitarras con la estética y el ritmo del trap, el hip-hop e incluso la electrónica, enfocándose más en la vida urbana, la fiesta y el disfrute. Justo en medio de este torbellino, Óscar Ortiz decidió marcar su propia línea, alejándose de los ritmos más pesados para apostarle a una cumbia pop moderna que busca conectar desde el sentimiento, y así lo hizo ver en entrevista con Publimetro.
Un legado musical desde la cuna
Ortiz, nacido en Tijuana, no es un advenedizo en la industria; detrás de él viene una familia musical, empezando por su hermano Gerardo Ortiz, llamado el ‘Rey de los Corridos’, nominado al Grammy por su aporte a este género: “Vengo de familia que hace música, y desde pequeño he estado metido en los estudios”, afirmó el artista al diario gratuito más grande del mundo. Esa herencia le otorgó una perspectiva única, que lo llevó a respetar el pasado mientras moldea el futuro, incluso desde su paso por los corridos tumbados, en el que realizó canciones que hoy son himnos en los llamados ‘antros’ mexicanos, como ‘Alvrgazo’, ‘Wanda’ y ‘Gominola’, en las que el llamado ‘desmadre’ y el ‘party’ era la temática principal, y en las que colaboró con otros de sus jóvenes colegas como Kevin AMF, Álex Favela y Código FN.
El giro hacia la cumbia pop
Tras el ‘boom’ de los tumbados, en el que él tuvo gran aporte y labor, para que el género exportara referentes como Peso Pluma y Natanael Cano, Ortiz decidió darle un nuevo aire a sus letras y ritmos, ya con el aprendizaje que recogió y no solo desde lo musical, también desde lo digital, conectando con su audiencia mediante las redes sociales y recogiendo el llamado que le hacían, irse por un estilo que llegue más al corazón.
Para él, la esencia de la creación reside en la conexión con la audiencia. “Lo más bonito de hacer una canción es cuando la terminas y se la demuestras al público; porque uno tiene que basarse en lo que el público quiere”, explica. Es bajo esta premisa que nace su nueva etapa, una basada en la cumbia, pero no en la clásica, sino en una versión contemporánea que explora el amor, el desamor y la celebración.
‘Silencio Habla’: un respiro en la industria
El núcleo de esta evolución es su esperado álbum, ‘Silencio Habla’, una producción que se siente como un respiro en una industria saturada de agresividad. El foco central de esta entrega es la cumbia pop, un estilo que Ortiz describe como “más chill”, ideal para acompañar los viajes en carretera o momentos de introspección. Esta transición no es una negación de sus raíces o su aporte a los corridos tumbados, sino una expansión natural. Óscar reconoce que el corrido tumbado ha dejado una marca indeleble: “El género de los corridos tumbados nunca se va a ir; se quedará para siempre. Al final del día, es música y son historias narradas con melodía. Escuchar un relato de una leyenda con una melodía es algo bonito, sin importar lo que hizo esa leyenda”, afirmó.
Colaboraciones y producción
A pesar de la evolución rítmica, Ortiz no olvida sus cimientos técnicos. Ha trabajado estrechamente con Dani Félix, el productor que, según sus propias palabras, “realísticamente comenzó lo que vienen siendo los corridos tumbados” junto a los artistas más grandes de la época actual. Esta conexión le permitió entender que el género es una mezcla rica con el regional mexicano, pero que permite ramificaciones infinitas: desde corridos tristes hasta piezas cargadas de nostalgia. No obstante, Ortiz ha sentido el llamado de la cumbia moderna, un ritmo que le permite explorar una paleta de colores más suave y universal.
Esta propuesta de Ortiz busca llenar un vacío en el mercado, el de la música que relaja y conecta emocionalmente a través de la sencillez. Su nuevo sencillo ‘Escondidas’, en colaboración con Gabito Ballesteros, es el estandarte de este movimiento. “Es una cumbia más lenta, con una letra muy bonita”, señala el cantante. La historia de un amor prohibido se entrelaza con una producción que invita a “mover la cabeza” de forma pausada, alejada del frenesí de otros subgéneros regionales. Es, en esencia, música para disfrutar en el trayecto, sin pretensiones más allá de la belleza melódica y el mensaje.
Colaboraciones estelares y visión de liderazgo
En este proceso de creación, las colaboraciones han sido fundamentales para consolidar su sonido. El álbum incluye un ‘palo’ con Carin León, una pieza que tardó en materializarse debido a la apretada agenda del sonorense, pero que Ortiz califica como una joya por la que “valió totalmente la pena esperar”. A pesar de colaborar con los nombres más grandes del momento, Oscar mantiene una visión de liderazgo horizontal en el género. No cree en un solo “dueño de la bandera”; para él, el éxito es un esfuerzo compartido entre figuras como Peso Pluma, Junior H, Oscar Maydon y el propio Gabito.
Un legado de amor y mensajes positivos
El máximo aporte que Ortiz desea dejar a la música mexicana tras su paso por los corridos tumbados es, precisamente, la narrativa del amor íntimo y los mensajes positivos. “Esta es una etapa en la que quiero que resalten las historias de amor, esas que en ocasiones no se cuentan bien, esas en las que se debe plasmar hasta lo más íntimo”, confiesa con convicción. Siente que la música mexicana está en su punto más alto y que es el momento perfecto para experimentar sin barreras que detengan la creatividad.
‘Silencio Habla’ no es solo el título de un disco; es una declaración de madurez artística. Es el testimonio de un joven que, conociendo las reglas de la industria desde la cuna, decide romperlas para ser fiel a su sensibilidad. En un panorama donde todo cambia cada mes o semana, Ortiz apuesta por la permanencia de la buena melodía y el poder de una historia bien contada.



