Un reencuentro periodístico con el arte que marcó un inicio
Hace exactamente dos años, tuve el privilegio de presenciar y escribir sobre la primera presentación teatral de un grupo de estudiantes de quinto semestre de artes escénicas. En aquel momento, yo también comenzaba mi camino como periodista, joven y tímido, aprendiendo el oficio mientras ellos buscaban aprobar una asignatura universitaria. La obra 'Shakespeare en Confesión' representaba entonces un proyecto académico, pero intuí que había algo genuino y valioso en aquel esfuerzo colectivo que merecía ser documentado.
La transformación artística tras veinticuatro meses de dedicación
Al enterarme que ese mismo elenco se preparaba para su función de grado, decidí asistir nuevamente para testimoniar la culminación de lo que sin saber había visto nacer. La evolución resultó asombrosa: los 18 actores y actrices habían crecido artísticamente de manera notable. Sus gestos, voces y movimientos corporales, que ya mostraban talento en su debut, se habían transformado en interpretaciones más intensas, fluidas y profundamente reales.
Los personajes shakespearianos cobraron vida con una convicción renovada: la confusión existencial del Bardo, el amor trágico de Romeo y Julieta, la demencia conmovedora de Ofelia y la sed de venganza de Lady Macbeth demostraron cómo estos jóvenes artistas habían logrado fusionarse completamente con sus roles durante su proceso formativo.
Una puesta en escena que conectó emocionalmente con el público
La producción técnica también experimentó una notable mejoría. Las luces, el vestuario y la escenografía evolucionaron hasta crear una atmósfera teatral profesional que, en momentos, hacía pensar en una obra completamente distinta a la original. Sin embargo, la esencia fundamental se mantuvo intacta: el simbolismo detrás de cada personaje, sus acciones, diálogos y conflictos internos no cambiaron, sino que se profundizaron hasta establecer una conexión poderosa con la audiencia.
No fue extraño escuchar exclamaciones de asombro, risas espontáneas e incluso sollozos contenidos durante la función. Padres emocionados al ver brillar a sus hijos, docentes orgullosos del trabajo realizado y espectadores que se identificaban con alguno de los personajes conformaban un público entregado a la experiencia teatral.
El emotivo final y el comienzo de una nueva etapa profesional
Cuando llegó el desenlace, un prolongado aplauso inundó la sala. Las luces se encendieron, flores volaron hacia el escenario y miradas de orgullo saturaron el espacio. La directora Karina Barrios Marsiglia, también docente de actuación, se unió al elenco para agradecer al público su acompañamiento durante todo el proceso. Con ojos vidriosos y sonrisas amplias, celebraron juntos el momento tan esperado de su graduación.
"Ha sido un trayecto largo y saber que ya no estarán lo hace más difícil", confesó la docente, "pero los procesos empiezan y terminan. Para ellos y para mí este acaba de terminar, pero ahora seremos colegas, así que estoy segura que nos encontraremos más adelante".
Los nombres de una nueva generación actoral
Adriana Galvis, Marcos Quiroz, Elizabeth Lobo, Rodolfo Meza, Julio de la Cruz, Michelle Puerto, Yorgeilis Cano, Ricardo Guzmán, Jhon Orozco, Carlos Gari, Felipe Morales, Andrea Durán, Laura Correa, Yareth Calle, Nathaly Olguín, Luisa Tena, Hilue Zúñiga y Sara Díaz conforman la lista de nuevos graduados que recibirán su diploma como maestros en artes escénicas. Más allá del título académico, representan los nombres de una prometedora generación de actores para Cartagena, Colombia y potencialmente para el escenario internacional.
Su pasión y entrega al teatro no son casuales: representan el estilo de vida que conscientemente eligieron, aquel que el mismo Shakespeare confesó cuando un final se convierte en primer acto permanente. El telón universitario puede haber bajado sobre sus palabras estudiantiles, pero nunca apagará su teatro, que apenas comienza a escribirse en los escenarios profesionales donde seguramente brillarán.
