Cuando la ciudad está a punto de apagarse y miles regresan a casa, los martes en la noche, en el barrio Policarpa Salavarrieta, localidad Antonio Nariño, se encienden las luces de la Arena, en la Casa Cultural Luis Morales, para darles paso a las máscaras, el performance y el ímpetu de tres mujeres que vieron en la lucha libre una forma de canalizar sus realidades. Allí el escenario es un ring de 5x5, el cual, aunque parece modesto, se siente sagrado.
Un espacio de transformación
Estas mujeres, provenientes de distintos contextos, encontraron en la lucha libre no solo un deporte, sino un medio para expresar sus emociones y enfrentar sus desafíos cotidianos. La Casa Cultural Luis Morales se ha convertido en un refugio donde el ring es un altar de resistencia y empoderamiento.
El ritual de los martes
Cada martes, la rutina se repite: el bullicio de la ciudad se desvanece y da paso a la concentración y la energía de las luchadoras. El ring de 5x5, aunque modesto en apariencia, es testigo de historias de superación y fuerza. Las máscaras, más que un accesorio, son un símbolo de identidad y libertad.
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Por María Angélica García Puerto. Cubre temas de seguridad, primera infancia, educación, movilidad, derechos humanos y género. @_amariag
Por Mauricio Alvarado Lozada. malvarado@elespectador.com



