El deporte en los planes de gobierno de los candidatos presidenciales
¿Qué tanto importa el deporte en los planes de gobierno de los candidatos presidenciales más opcionados en Colombia? Esa es la pregunta que ronda en el ambiente mientras el país se acerca a una nueva elección. Y no es menor: el deporte colombiano —desde los semilleros barriales hasta los atletas de alto rendimiento— ha sufrido caídas presupuestales sostenidas en los últimos años, recortes que han golpeado federaciones, programas comunitarios y la infraestructura que sostiene el talento nacional.
En medio de ese panorama, vale la pena mirar con lupa qué lugar ocupa el deporte en los programas de quienes aspiran a gobernar el país. La respuesta, como suele pasar en política, es desigual.
Iván Cepeda: deporte como derecho y como paz territorial
Cepeda ha insistido en que el deporte debe ser parte de la política de paz, juventud y cultura. Su enfoque es estructural: escuelas deportivas populares, infraestructura barrial y deporte como derecho, no como accesorio. Es una visión más cercana a la del deporte como herramienta de transformación social, especialmente en territorios afectados por la violencia.
“No se trata solo de construir escenarios deportivos, sino de entender el deporte como una política pública transversal, articulada con la educación, la salud y la economía. La propuesta reconoce que el deporte puede cerrar brechas de desigualdad, reconstruir el tejido social y ofrecer un camino digno para millones de jóvenes que hoy ven en el deporte su única posibilidad de salir adelante”, señala el comunicado oficial del Pacto Histórico al respecto.
Abelardo de la Espriella: el deporte como símbolo, no como política
En El Milagro de la Patria, programa de gobierno del autodenominado ‘Tigre’, el deporte prácticamente no aparece. El documento se concentra en seguridad, economía, justicia, mujeres, campo y cultura. El deporte queda diluido, casi como un eco dentro del discurso de identidad nacional. No hay metas, no hay programas, no hay estructura. En un país donde el deporte ha sido herramienta de movilidad social, prevención de violencias y orgullo colectivo, la ausencia es evidente.
Sin embargo, en diferentes declaraciones recientes, De La Espriella ha propuesto un “Pacto Nacional por el Deporte 2026–2030” y la captación de fondos internacionales para rescatar el presupuesto del Ministerio del Deporte. Sus iniciativas priorizan el deporte como herramienta de transformación social y prevención del consumo de drogas en los jóvenes.
Paloma Valencia: “Deporte para la gente”
En el plan Colombia Más Grande, el deporte sí aparece con nombre propio. El documento afirma que: “La participación de todos los colombianos en el deporte, la recreación y la actividad física ayuda a crear las condiciones para el ejercicio efectivo de los derechos de la gente”. La fórmula es: más programas, más eventos, más participación comunitaria y mejores resultados deportivos. No es una revolución del sector, pero sí un compromiso explícito con mantener y ampliar la oferta deportiva. En un país donde los recortes han sido la norma, que un programa lo mencione de manera directa ya es un gesto político.
En declaraciones recientes, Paloma dejó claro que su apuesta está en los semilleros en las regiones: “lo que está claro son las canteras: uno no va a tener superdeportistas si esos deportistas no arrancan desde chiquitos”.
Claudia López: deporte como convivencia y salud
En Una Nueva Historia, el programa de la exalcaldesa, el deporte se integra a un enfoque más amplio: seguridad, salud mental y cuidado. El programa lo menciona como parte de la infraestructura social que ayuda a prevenir violencias y mejorar la calidad de vida. No es un capítulo independiente, pero sí aparece como pieza funcional dentro de un sistema de bienestar. En un país donde el deporte comunitario ha sido clave para sacar jóvenes de las economías ilegales, esta mirada tiene sentido.
En un evento reciente en el sur de Bogotá, Claudia dijo: “La bicicleta es símbolo de nuestro país. El ciclismo es como la vida, hay que pedalear para llegar a la meta. La Ley del Deporte es una deuda histórica que tenemos con nuestros atletas. Debemos garantizar su presupuesto para que tengan infraestructura y apoyo de calidad”, aseguró.
Sergio Fajardo: educación + deporte
Fajardo ha sido consistente durante años: el deporte es parte de la educación integral. Su propuesta histórica incluye: Escuelas de deporte y cultura, Infraestructura de proximidad en barrios y municipios, Deporte escolar y universitario como eje de prevención. Es un enfoque pedagógico, casi nórdico: el deporte como parte del ecosistema educativo, no como un sector aislado.
“El deporte es la educación desde la escuela. Esa es la clave para todo esto. Tener las personas licenciadas en Educación Física que sean las que hacen la enseñanza del deporte, de la educación física. No el profe de matemáticas dándole baloncesto”, dijo el candidato en una entrevista reciente.
Entonces… ¿qué tanto importa el deporte?
El deporte sigue sin ocupar el lugar que merece en la mayoría de los programas, pese a su impacto probado en convivencia, salud, educación, identidad y movilidad social. Por supuesto, cuando se les pregunta responden y hablan de infraestructura y de presupuesto, de proyecto de nación y educación, pero su presencia en los programas de gobierno consultados es corto y en varios casos irrelevante:
- Paloma Valencia lo incluye de manera explícita y programática.
- Fajardo lo integra a su visión educativa.
- Cepeda lo asocia a derechos y paz territorial.
- Claudia López lo usa como herramienta de convivencia y salud mental.
- De la Espriella prácticamente lo omite.
En un país donde el presupuesto deportivo ha caído, donde los atletas denuncian falta de apoyo y donde los barrios reclaman canchas, instructores y programas para evitar que los jóvenes se unan a grupos al margen de la ley o terminen en otros “malos pasos”, el deporte debería ser un tema central. No solo por medallas: por país.
La pregunta, entonces, no es solo qué tanto importa el deporte en los planes de gobierno. La pregunta es qué tanto debería importar. Y ahí, quizá, la respuesta es más clara que nunca.



