Colombia como candidato mundial: entre el sueño y la realidad futbolística
Colombia candidato mundial: sueño vs realidad futbolística

Colombia como candidato mundial: entre el sueño y la realidad futbolística

La reciente declaración de Ramón Jesurún, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, ha encendido el debate nacional al afirmar que "ya no es la época de ir a competir, es la época de ir a ganar", posicionando a la selección colombiana como candidata al título mundial en 2026. Esta afirmación, pronunciada durante la inauguración de un hotel para concentraciones en Barranquilla, ha generado una mezcla de esperanza y escepticismo en el ambiente futbolístico del país.

Infraestructura: una deuda histórica

Llama profundamente la atención que esta declaración ambiciosa se produzca precisamente en el contexto de la finalización de una sede básica de entrenamiento y hospedaje, un proyecto que estuvo pendiente durante años y que solo pudo concretarse gracias al apoyo financiero de Conmebol. Mientras potencias futbolísticas como Brasil, Uruguay y Argentina cuentan con infraestructuras desarrolladas desde hace décadas, Colombia apenas está dando sus primeros pasos en este aspecto fundamental.

Hasta noviembre del año pasado, la selección colombiana se desplazaba en autobús para sus entrenamientos, un detalle que contrasta dramáticamente con la imagen de potencia futbolística que ahora se pretende proyectar. Esta realidad nos aterriza frente a las verdaderas condiciones del fútbol nacional y plantea interrogantes sobre la coherencia entre las aspiraciones declaradas y los recursos disponibles.

Comparación con las potencias mundiales

Al analizar el panorama internacional, las diferencias se hacen aún más evidentes:

  • Las principales selecciones del ranking FIFA desarrollaron sus infraestructuras hace años
  • Cuentan con jugadores en los equipos más poderosos del mundo, mientras Colombia solo puede acreditar a Luis Díaz en el Bayern Múnich
  • Llegan a los Mundiales mayores después de celebrar títulos en categorías juveniles
  • Manejan la presión con solvencia y autoridad durante las clasificaciones

Estas realidades contrastan con situaciones como el bullying hacia Neiser Villarreal, goleador del último Mundial Sub-20, que reflejan una cultura futbolística que no siempre valora y desarrolla adecuadamente a sus talentos jóvenes.

Mentalidad y exigencia: el verdadero desafío

El llamado de Jesurún, quien se autocalificó como "loco soñador", tiene un punto válido: ya es suficiente con viajar a competencias internacionales con maletas llenas de ilusión para regresar con corazones rotos y decepciones acumuladas. Sin embargo, el verdadero desafío radica en transformar esa aspiración en resultados concretos.

Lo que no puede ocurrir es que ahora se gradúe a selecciones modestas como potencias o que se busquen excusas si la primera ronda del Mundial resulta más difícil de lo esperado. Tampoco es aceptable conformarse con igualar mínimamente la mejor presentación histórica (cuartos de final en 2014) o evadir la responsabilidad de exigir rendimientos superiores.

El camino hacia la grandeza

Si Colombia realmente aspira a convertirse en candidato serio al título mundial, el primer paso fundamental debe ser aprender a poner el pecho por igual ante las rosas y ante las balas. Esto implica dejar de victimizarse y de criminalizar a quienes señalan los defectos del sistema, transformando esas críticas en oportunidades de mejora.

Actualmente, Colombia no es candidato a campeón del mundo, pero esto no significa que no pueda llegar a serlo. La materia prima futbolística nunca ha faltado en el país. Lo que históricamente se ha extrañado ha sido temple, personalidad y valentía para capitalizar ese potencial y transformarlo en resultados consistentes a nivel internacional.

La final de Copa América alcanzada después de 23 años de espera hoy parece un recuerdo lejano, y esto refleja la necesidad de construir sobre bases más sólidas que los logros aislados. Se requiere una mentalidad ganadora que trascienda las declaraciones mediáticas y se concrete en planificación, desarrollo de talento, infraestructura adecuada y, sobre todo, en la capacidad de enfrentar la presión con la madurez de las verdaderas potencias futbolísticas.